La presidenta Dina Boluarte ya debe estar haciendo sus maletas para viajar este domingo a Nueva York para participar en el período 80 de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas. La mandataria se despide así de la ciudad que nunca duerme, y verá, otra vez a la distancia, la difícil y peligrosa coyuntura política del país, que pareciera que a veces pretende ignorar o mutar.
El último domingo escuchamos una conversación entre el entonces ministro del Interior Juan José Santiváñez y quien era ministro de Justicia Eduardo Arana. El primero le pedía al titular de Justicia que intercediera por el expolicía Miguel Marcelo Salirrosas, condenado a 27 años de prisión por ser parte de una organización criminal vinculada a Los Pulpos. El pedido apuntaba a que el responsable político del sistema penitenciario del Perú apoyara el cambio de pabellón del interno en el penal El Milagro de Trujillo.
La situación estaba clara: dos ministros en el 2024 hablando de un beneficio a un condenado. Ambos usando sus cargos para lograr un objetivo. Aunque ellos niegan que se haya concretado la solicitud, la situación en sí misma resulta –por decirlo de algún modo– escandalosa. Y por si fuera poco, Santiváñez no estaba solo en su oficina, sino que lo acompañaba la familia de Salirrosas.
Ayer, los ministros Santiváñez, ahora en Justicia, y Arana, en la Presidencia del Consejo de Ministros, acudieron al Parlamento y –como era de esperarse– dijeron “desconocer” el audio. La moción de censura para Santiváñez consiguió reunir las 33 firmas para presentarse.
Pero la presidenta sigue empacando. Debe estar convencida de que esto es solo una “campaña mediática” contra su engreído, que en el Congreso no tienen los votos para censurarlo y que podrá seguir viajando, incluso hasta días antes del 28 de julio.
La presidenta se siente muy segura. Cree que la calle se enfrió porque después de la marcha del sábado ella decidió dar luz verde al octavo retiro de fondos de las AFP. Debe pensar que es la más buena de las presidentas al permitir que los peruanos puedan gastar sus ahorros en lo que mejor les parezca. El problema del sistema privado de pensiones ya no es suyo (piensa). Que se encargue el próximo gobierno… Sigue empacando.
Y por si fuera poco, la situación en Machu Picchu no termina de solucionarse. Solo hay una tregua que acaba este fin de semana. Nuestra joya turística sufre por la ambición de las autoridades locales y la ausencia de una política clara en el Ejecutivo, que no ha podido corregir la decisión de Betssy Chávez como ministra de Cultura, quien autorizó la venta de 1.000 boletos diarios en el santuario. El resto es caos. Estamos con tarjeta amarilla como Maravilla del Mundo Moderno, pero el ministro de Cultura no se inmuta, tampoco el de Ambiente y menos el de Transportes.
Es indignante y vergonzoso ver a turistas extranjeros frustrados de no haber cumplido el sueño de ir a Machu Picchu y recomendando no visitar el Perú.
Pero Dina sigue empacando.




