NP, ahora con Venceremos, siguió corriendo e hizo su elección interna antes que todos, el pasado sábado 15. Se habían sumado a la alianza, además de UP, otros grupos sin inscripción ante el JNE: Patria Roja, Humanismo Andino y el Colectivo Dignidad. Aunque NP tiene más aparato e historia que VP, se allanó a repartir por igual la cuota de 70 delegados con VP: 28 para cada uno, lo que suma 56. Los 14 restantes se repartieron 4 para Patria, 4 para Unidad, 3 para Dignidad y 3 para Humanismo. El resultado de la votación fue 31 para el candidato de NP, Vicente Alanoca (los 28 votos de NP más los 3 de Humanismo) y 39 para Ronald Atencio de VP (los 28 votos de su partido más el resto de aliados). El abogado Atencio se había aupado a la plancha que iba a presidir Guillermo Bermejo antes de que fuera condenado en primera instancia por pertenencia a Sendero Luminoso. Como presidente de VP es su reemplazo natural.
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Alanoca no podía creer que los aliados prefirieran a Atencio, que recién se hacía cargo de su candidatura, antes que a él que se venía batiendo en entrevistas por todo el país. La dirigencia de NP también está desconcertada y molesta, pero -según mi fuente- no duda en seguir adelante con la alianza. Alanoca, en cambio, estaba tan seguro de que todo lo había hecho bien, que no pudo contener su furia. Escribió esto en su Facebook: “Se impuso la forma clásica, racista y odiosa de hacer política”. O sea, don Vicente estaba diciendo, sin pelos en la lengua, que lo discriminaron por ser un cholo aimara y prefirieron a un abogado blanquiñoso (nació en Huánuco, pero su formación académica y su carrera las ha hecho en Lima).
Vicente no puede acusar a su propio partido de racista pues este lo eligió, lo promovió y todos sus delegados votaron por él. Tampoco pude acusar a los delegados de VP, que tenían que votar por su candidato Atencio. Que insulte a los otros aliados, cuyo origen político y social es, digamos, ‘menos blanco’ que el de NP, sería insólito. Mi presunción es que la furia contenida en la acusación de racismo y clasismo está dirigida a un correligionario de NP en particular, Alberto Quintanilla, quien se presentó en la plancha de Atencio como segundo vicepresidente e hizo campaña contra él. Más adelante, les cuento la respuesta de Quintanilla en este sainete de lucha de clases y razas en la izquierda.

‘Vero’, mira lo que provocas
¿Cómo y por qué apareció Alanoca como protagonista? ¿Porqué perdió y se picó tan feo? Verónika Mendoza, líderesa fundadora de NP había dicho que no sería candidata. Las bases creían que se haría de rogar y al final aceptaría ‘el llamado del pueblo’. Pero los dejó plantados. Unos dicen que pesó mucho el que no quisiera repetir el plato por tercera vez como si fuera la Keiko de la izquierda, otros me aseguran que no quería soportar otra campaña que la apartarse de su familia, en especial de su hija. Agregaría que ella siempre prefirió ser más organizadora que lideresa, como ha dicho en varias entrevistas. ‘No quiero, no voy, vean ustedes a quién escogen’ fue su decisión final. En poco tiempo, la cúpula, dirigida por Enver León, se puso de acuerdo en un perfil para reemplazarla y en seguida buscaron a alguien que calzara en él. Descartaron a los tecnócratas limeños como Pedro Francke o José de Echave, y coincidieron en que había que buscar un compañero(a) de regiones, andino, que encarnara el Sur rojo y contestatario.
Sin dale muchas vueltas al casting, repararon en Alanoca, puneño aimara, comunero de Ancasaya en la provincia de El Collao, quien, a entender de la cúpula, era un activista estelar en su región. Además, como doctor en antropología y docente en la Universidad del Altiplano (UNAP), lo vieron como un necesario upgrade al fiasco que se llevaron con el inepto Pedro Castillo. ‘Mocha’ García Naranjo, vocera de NP, llegó a señalar en una entrevista la diferencia entre las credenciales académicas de Alanoca y las del ‘profesor de escuela’ Castillo. Lo pronunció con un dejo que sonó discriminador, seguido de un inmediato rubor. Pero no creo que a ese ‘credencialismo’ (primo del clasismo), se refiriera el Dr. Alanoca, pues fue a su favor.
Castillo estaba más que descartado para NP porque expectoró al partido de su gobierno y porque está aliado con Roberto Sánchez y su partido Juntos Por el Perú. Con más fe que cálculo, NP apostó por Alanoca y lo lanzó al ruedo sin suficiente media training. Mal jugado: el hombre trastabilló cada que le pidieron definiciones sobre Cuba o Venezuela, habló sin solvencia del tema obligado de la inseguridad y no escondió su admiración por el ‘modelo’ boliviano, que ya está oficialmente cancelado. No había leído, quizá, una columna de su correligionario Pedro Francke demoliendo al gobierno de Luis Arce. La cúpula de NP se resistía a ponderar las debilidades discursivas de su elegido. Y no repararon en que había un veterano militante, Alberto Quintanilla, también puneño y docente de la UNAP, tres veces congresista (en 1985-1990, 1990-1992 y 2016-2019), que cuestionaba duramente a su paisano. La antipatía era mutua.
Conversé con Quintanilla. Me contó que el 25 de octubre un miembro de la cúpula le dijo que Alanoca había puesto de condición para seguir de candidato que él no estuviera en los primeros puestos de la lista congresal. El partido había accedido al veto. Quintanilla aceptó la decisión, pero luego hizo una movida temeraria desafiando al partido: participó en una plancha bipartidaria con Atencio. Su presencia no jaló el voto de ningún delegado de NP, pero pudo influir en los aliados. La cúpula de NP está furiosa con él. Una fuente del partido me contó que no le perdonan que haya hecho activismo contra Alanoca y mostrado su preferencia por Bermejo desde antes de que fuera detenido.
De hecho, cuando Alanoca habló de racismo, se refería em primer lugar a él, blanco citadino de Puno, hombre solvente, dueño de la radio La Decana en Juliaca (donde Phillip Butters estaba siendo entrevistado cuando una turba fue a agredirlo). Le pedí a Alberto su reacción al post de Alanoca: “No ha habido racismo. Programáticamente damos la lucha contra el racismo. Él no ha estado en los agrandes acontecimiento de Puno, en la lucha para impedir el ingreso de SL, en las tomas de tierras, en el ‘Aimarazo’. Siento que la política peruana es racista en general, pero que no lo diga por lo que ha pasado. Le falta dialogar con Puno”.
Nuevo Perú no está contento con el resultado, pero lo acepta. No le queda otra pues quiere colocar a sus cuadros en las listas y bregar por saltar la valla. Han dejado a Alanoca procesando solo su amargura. El partido cerrará filas con Atencio, que ya salió a los medios a hablar como candidato en base a líneas temáticas acordadas con el jefe del programa de la alianza, Gustavo Guerra García, ex vice del MEF. Verónika, el lunes, posteó esto en FB: “Agradezco profundamente a Vicente Alanoca por haber tenido la valentía de asumir la precandidatura presidencial del Nuevo Perú (…) Cumplimos nuestra palabra y somos respetuosos de los acuerdos, así que nos toca apoyar con toda nuestra fuerza dicha candidatura [de Atencio]”. El jueves, la cuenta de FB de Guillermo Bermejo publicó una foto de Atencio con Verónika, él con el puño marxista leninista en alto, ella con la ‘v’ de la victoria progre. Ambos con el chaleco verdiblanco de la alianza.
Quise hablar con Ronald Atencio. Me pidió que le escriba. Le pregunté si, tras la detención de Bermejo, evaluaron no presentar plancha y dejar a Alanoca sin competencia. “Siempre se tuvo la intención de tener planchas mixtas, antes y después de la prisión de Guillermo”, me respondió, dando a entender que VP no dudó nunca en competir con Alanoca. ¿Por qué incluyeron a Quintanilla?: “El compañero Quintanilla es un militante con recorrido en la izquierda peruana, generando un aporte adicional”. Finalmente, le pedí su reacción a al post de la discordia: “En lo personal, no me merece ninguna reacción, siempre he manifestado que el compañero Alanoca tiene mi mano extendida”. Por supuesto, también pregunté a Vicente, a través de un intermediario, si quería agregar algo a su post del domingo pasado, pero no tuve respuesta.
Vladimir se divierte
En la otra izquierda, la más radical, la marxista leninista regional, la que cita a Fidel e insiste en estatizaciones y controles rígidos; allí Vladimir Cerrón puede hacer fiesta con este incidente. El post de Alanoca confirma lo que él piensa de la izquierda ‘caviar’. Quedó muy resentido con ella desde el 2019, cuando, en su segundo mandato como gobernador de Junín, convocó a un encuentro de unidad de todas las izquierdas en Huancayo. Fue Veronika Mendoza y él avaló la posibilidad y propuesta de que fuesen todos bajo su candidatura y el sello de Perú Libre (PL). Pero el grupo de Verónika (aún no se había fundado NP) puso una serie de objeciones a Cerrón, desde sus investigaciones penales hasta lo que consideraban un perfil machista y homofóbico. Cuando Vladimir fue detenido Verónika no se solidarizó con él. El resentimiento fue tal que en su libro autobiográfico “Del campo a la ciudad” (Juan Gutemberg Editores,2024), coincide con la derecha en la hipótesis de que los ‘caviares’ usan su influencia en el Ministerio Público y el Poder Judicial para procesar a sus enemigos.
Cerrón también acusa rasgos clasistas y racistas en lo que llama “la socialdemocracia caviar, aquella que decía tener la franquicia de la izquierda mundial en nuestro país, la izquierda pituca, la izquierda de la derecha, la izquierda liberal, la izquierda amarilla, la izquierda progresista” (pág. 312). Este grupo, según él, receló en PL, “el origen provinciano cobrizo de la militancia, la nueva generación política andina”, mientras ellos son “de origen capitalino, poseen dirigencia militante blanca, tienen estudios en el extranjero (…), no domicilian en las provincias ni en los conos limeños, sino en las residencias de lujo de la capital, son enemigos de la descentralización y muestran solapadas dosis de racismo y clasismo” (pág. 313).
La discriminación no es ajena a la política ni a cualquier otra actividad social en el Perú. El marco normativo para castigarla existe desde hace varios años y solo falta promoverlo con operativos y casos ejemplares. No es un arma política en todo el sentido de la palabra porque se ejercita de forma oculta y culposa, nunca abiertamente. Lo que sí es un arma política esgrimida con firma y voz alta, es la victimización por razones de raza y clase, con o sin fundamento, pretendiendo lanzar un dardo al corazón del presunto discriminador. De esa laya es el caso de Vicente Alanoca en el Nuevo Perú por el Buen Vivir y en la alianza Venceremos.




