Los problemas visuales en la infancia están pasando cada vez más desapercibidos. Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, los errores de refracción no corregidos, también conocidas como “ametropías”, son una de las principales causas de discapacidad visual en el mundo, y en Latinoamérica afectan a millones de niños. En países como Perú, donde los controles oftalmológicos infantiles aún no son sistemáticos, muchos niños llegan tarde al diagnóstico, cuando el aprendizaje y el desarrollo están comprometidos, así lo dio a conocer el doctor Jorge Fernández, médico oftalmólogo de Oftalmosalud.
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Remarcó que el aumento del tiempo frente a pantallas, la menor exposición a actividades al aire libre y la falta de controles preventivos han hecho que muchos niños crezcan con dificultades visuales no diagnosticadas.
Señaló que cuando un niño necesita lentes y no los usa a tiempo, el problema no es solo “ver borroso”. Durante la primera infancia, es decir, de 0 a 5 años, el cerebro está en pleno desarrollo visual y necesita imágenes claras para aprender a ver bien. Si esto no ocurre, pueden aparecer condiciones como la ambliopía u “ojo perezoso”, donde el ojo no desarrolla una visión normal, incluso usando lentes más adelante. En estos casos, el daño puede volverse parcial o totalmente irreversible si no se corrige a tiempo.
Fernández indicó que las consecuencias no se limitan solo a la visión, pues recordó que diversos estudios muestran que los niños con ametropías no corregidas pueden presentar bajo rendimiento escolar, dificultades en la lectura, menor comprensión de textos y problemas de atención. El esfuerzo constante por ver bien genera fatiga visual, dolores de cabeza e irritabilidad. Además, el niño puede evitar actividades académicas o deportivas, lo que impacta en su autoestima, su seguridad personal y su interacción social.
La detección temprana mediante evaluaciones oftalmológicas, incluso antes de que el niño aprenda a leer, permite identificar ametropías y corregirlas en el momento adecuado. El uso constante de lentes bien indicados no debilita los ojos; por el contrario, permite que el cerebro reciba imágenes claras y complete su desarrollo visual de forma saludable.
Por ello, enfatizó que corregir la visión a tiempo no solo mejora lo que el niño ve, sino también cómo aprende, piensa y se relaciona con el mundo.
Las principales sociedades científicas como la Sociedad Peruana de Oftalmología, la Asociación Americana de Oftalmología Pediátrica y Estrabismo y la Academia Americana de Oftalmología recomiendan evaluaciones visuales periódicas desde la primera infancia, no retrasar el uso de lentes cuando son indicados, fomentar su uso diario sin estigmas y limitar el tiempo frente a pantallas. También resaltan la importancia del juego al aire libre como un factor protector para el desarrollo visual.
Jorge Fernández manifestó que las ametropías no corregidas pueden tener efectos profundos y duraderos en la vida de un niño. “Un diagnóstico temprano y el uso adecuado de lentes permiten un desarrollo visual, cognitivo y emocional óptimo. El consejo final para los padres y cuidadores es: así como controlan el crecimiento y las vacunas, hagan del examen visual una parte esencial del cuidado infantil. Ver bien desde pequeños es la base para aprender y vivir mejor”, refirió.




