Como ella, unas 450 mil personas han abandonado la capital de la franja de Gaza por el inicio de la ofensiva terrestre anunciada por el Gobierno de Israel, tras las advertencias del ejército que abandonen la ciudad ante la inminencia de su destrucción.
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El portavoz del ejército israelí, Effie Defrin, señaló que tomar el control de la ciudad “llevará varios meses, y varios meses más hasta que quede completamente destruida”.

Solo en Ciudad de Gaza vivían más de un millón de personas, de las más de 2 millones de toda la franja, que ahora están hacinadas en apenas 18 kilómetros cuadrados pues el resto ya está bajo control militar israelí. Si antes de la guerra, la franja -que se extiende en un área de 365 kilómetros cuadrados- era considerado el lugar más densamente poblado del planeta, ahora la situación es más que catastrófica.
Según los panfletos que lanza el ejército donde se ordena la evacuación inmediata, el destino de los gazatíes de la capital debe ser Al Mawasi, ubicada a 29 kilómetros al sur, considerada “zona humanitaria” por Israel, pero donde casi no hay espacio y hay una escasez alarmante de servicios básicos, como agua y comida. Se calcula que entre 800.000 y un millón de personas estarían ya viviendo en Al Mawasi en pésimas condiciones de higiene y seguridad.
Pero salir de Ciudad de Gaza no es tan fácil y el transporte en un camión mediano puede costar hasta 2 mil dólares, un dinero que la mayoría no tiene. Por eso, muchos han emprendido el éxodo a pie o montados en burros, cargando con las pocas pertenencias que les quedan. El resto ha preferido quedarse pues en anteriores ocasiones, los lugares considerados seguros también han sido bombardeados.
Objetivos difusos
Para el gobierno de Benjamin Netanyahu, el objetivo de esta ofensiva es el control total de la franja de Gaza y la destrucción de Hamas, algo que no ha conseguido en dos años de guerra. La recuperación de la veintena de rehenes que sigue en poder de la organización terrorista ya casi ni se menciona, lo que sigue generando frustración en los familiares que no cesan de manifestarse en Tel Aviv.
Y las declaraciones de los sectores más extremistas del gobierno de Netanyahu dejan claro que el destino de los secuestrados dejó de ser prioritario. “Hemos invertido mucho dinero en esta guerra. Tenemos que ver cómo nos repartimos [con Estados Unidos] la tierra en porcentajes. La demolición es el primer paso de la renovación de la ciudad, algo que ya hemos hecho. Ahora solo necesitamos construir”, dijo esta semana el ministro israelí de Finanzas, Bezalel Smotrich, apenas días después que una comisión de la ONU declarara el genocidio en la franja.
Sin embargo, las cosas no están muy claras dentro de la misma cúpula militar israelí. Según trascendió en la prensa del país, el jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, no ha recibido suficiente información sobre las pretensiones del gobierno de Netanyahu y su gabinete. “El primer ministro no nos ha dicho cuál es la siguiente etapa. No sabemos para qué prepararnos. Si quieren un gobierno militar, que lo digan”, se habría quejado Zamir durante un encuentro con los ministros en la víspera del inicio de la ofensiva terrestre en Ciudad de Gaza.
“Tendremos que ser Atenas y una ‘Super Esparta’, y adaptarnos a una economía autárquica. Tendremos que defendernos y saber cómo atacar a nuestros enemigos. Tendremos que valernos por nosotros mismos»
“Hay dos lógicas detrás de esta ofensiva. Una de carácter militar y otra política”, señala a El Comercio Román Ortiz, analista del Centro de Seguridad Internacional de la Universidad Francisco de Vitoria. “La estrategia militar está siendo cuestionada dentro de las propias fuerzas armadas israelíes, pues con una invasión militar convencional va a ser muy difícil y poco probable desmantelar a Hamas que, si bien aún cuenta con elementos organizados, su fuerza es infinitamente inferior a lo que inicialmente tenía. Evidentemente la van a desgastar, pero sus integrantes se van a confundir aún más con la población civil”, agrega.
La mayoría de los militantes que quedan de Hamas estaría concentrada en Ciudad de Gaza, y se esconderían en la extensa red de túneles que aún no han sido destruidos por el ejército israelí.
“Una ofensiva a gran escala sobre la Ciudad de Gaza podría permitir a Israel apoderarse de territorio e infligir graves daños a Hamas, pero es poco probable que ponga fin a la ofensiva en el sentido decisivo que prometen los líderes israelíes”, afirmó al portal turco TRT Andreas Krieg, profesor asociado en el King’s College de Londres y director de MENA Analytica.
¿Quién se hace cargo?
Para Ortiz, el segundo objetivo del Gobierno de Israel es político. “La segunda lógica es política y solo la defiende Netanyahu y sus aliados más ultranacionalistas, y esta implica reocupar Gaza, colocarla bajo control israelí y progresivamente irla absorbiendo. Sin embargo, esto choca con una oposición muy grande dentro de la sociedad israelí, por los costos humanos y económicos que tendría”, explica.
Y es que hasta el momento, el Gobierno no ha planteado cuál será la solución política después de la supuesta ocupación total de Gaza. “Netanyahu se ha negado a dar una opción o establecer cuál será el estatus político de la franja luego del desmantelamiento de Hamas. Lo que está moviendo a su gobierno es obtener el control militar absoluto y crear una situación irreversible, pues va a ser muy difícil volver a una forma de autogobierno palestino después de este grado de destrucción y desplazamiento de la población civil”, añade Ortiz.
Aunque el ministro Smotrich ya está pensando en cómo repartir las ganancias con el territorio, o más seguro es que los recursos para lo que vendrá después saldrán de los bolsillos de los contribuyentes israelíes. Y no es un dato menor que la economía israelí se haya contraído en el último trimestre de abril-junio con una caída del PBI en 3,5%, mientras los gastos en defensa siguen siendo prioritarios en el presupuesto.
Con la etiqueta de genocidio bajo sus hombros, una comunidad internacional cada vez más arisca y la justicia de su país pisándole los talones, Netanyahu y su círculo más ultranacionalista siguen con su estrategia de ir hacia adelante. La destrucción de Ciudad de Gaza es un peldaño más.




