Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
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Esta semana se iniciaron las clases en los colegios particulares del país y el próximo 16 de marzo harán lo propio las instituciones públicas. El regreso a las aulas trae consigo útiles nuevos, horarios renovados y una imagen que atraviesa generaciones: el uniforme escolar gris. Presente sobre todo en los colegios nacionales, ese tono sobrio —popularmente llamado “gris rata”— se ha convertido en uno de los símbolos más reconocibles de la educación pública peruana.
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Años más tarde, durante la dictadura militar de Juan Velasco Alvarado, esa noción adquirió un carácter más político. En el marco de la reforma educativa impulsada por el régimen, el uniforme único se integró a un proyecto que aspiraba a “reducir las diferencias visibles entre estudiantes”, como consigna el Informe General de la Reforma de la Educación Peruana, publicado en noviembre de 1970.
Según diversas crónicas periodísticas, el diseño del uniforme gris fue encargado a la reconocida diseñadora peruana Mocha Graña, quien optó por una propuesta austera y funcional. El color gris tenía ventajas concretas: disimulaba el desgaste, facilitaba la reposición de prendas y resultaba más accesible para las familias.

La diseñadora peruana Mocha Graña, a quien se le atribuye el diseño del clásico uniforme escolar color “gris rata”, en una imagen de 1994.
/ EL COMERCIO
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Con camisa blanca, falda o pantalón gris y, en muchos casos, chompa del mismo tono, el conjunto se volvió fácilmente identificable en cualquier ciudad del país. La homogeneidad era tal que, durante años, la única forma de distinguir un colegio de otro era la insignia bordada en el pecho del uniforme. Ese pequeño escudo —con nombre, número o emblema institucional— otorgaba identidad propia dentro de una estética compartida.
Una investigación académica desarrollada por la PUCP analiza el uniforme como escolar como un “dispositivo de igualdad simbólica”: al homogeneizar la apariencia, el Estado buscaba reforzar la idea de ciudadanía común. La tesis también advierte una dimensión menos visible: aunque el uniforme pretendía borrar desigualdades, no siempre lograba eliminar las distancias sociales, que reaparecían en los materiales escolares, el calzado o los accesorios. Así, el gris funcionaba como una capa que cubría, pero no necesariamente resolvía, las brechas estructurales.
La medida se mantuvo en el sistema estatal durante las décadas del 80 y 90. Hoy, 55 años después de su implementación, el uniforme gris continúa vigente principalmente en los colegios nacionales. Puede variar el corte, la tela o el diseño del escudo, pero el color permanece.
Para medir su vigencia, fuimos al emporio comercial de Gamarra. En la galería Guizado, conocida por concentrar decenas de tiendas de uniformes, se exhiben camisas blancas, pantalones plomos y buzos escolares colgados en maniquíes. Hay para todos los gustos y bolsillos.

Lima, 1972. Escolares caminan por una avenida limeña en su primer día de clases. El clásico uniforme gris comenzaba a consolidarse.
/ EL COMERCIO
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En la tienda Maxbelito nos recibe una de sus vendedoras, rodeada de paquetes recién embalados. “El plomo escolar sale más para provincia”, explica. En Lima, dice, predominan los pedidos de uniformes azul marino de instituciones privadas, mientras que el modelo estatal es solicitado sobre todo por comerciantes que compran en cantidad para llevarlo a distintas regiones del país.
Los precios al por mayor arrancan alrededor de los 19 o 20 soles por prenda básica, y el uniforme completo para los más pequeños puede bordear los 50 soles, con descuentos mínimos que igual son celebrados por los padres. Las ventas más fuertes se concentran entre enero y abril, cuando la campaña escolar está en su punto más alto y la mercadería rota con rapidez.

En la galería Guizado de Gamarra, el uniforme gris aún sigue teniendo gran demanda, sobre todo para colegios de provincias.
/ JOEL ALONZO
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Este año, sin embargo, la temporada se siente más lenta. “Está bajo”, admite la vendedora. Muchos compradores solo completan tallas faltantes y no hacen grandes pedidos como en años anteriores. El calor influye (las horas de mayor movimiento son antes del mediodía) y también, según comenta, la flexibilización en el uso obligatorio del uniforme en algunos colegios.
En tiempos en que el calor ha alcanzado límites históricos en varias regiones del país, resulta pertinente cuestionar el uso rígido del uniforme escolar ante esta ola de altas temperaturas. Más allá de la tradición y la identidad que representa, lo más importante —coinciden especialistas— debe ser el bienestar físico y emocional del estudiante.
Para la profesora Carmen Rosa Coloma, docente de la Pontificia Universidad Católica del Perú, el sentido original del uniforme estuvo ligado a la igualdad. “La palabra uniforme trata de señalar que todos somos iguales. Lo que se buscaba era que no se vieran diferencias económicas entre los alumnos”, nos dice.










