Ignacio Parada, empresario chileno y CEO de Bioelements, fue reconocido con el Premio LEC en la categoría Joven Empresario por una trayectoria marcada por la innovación, el propósito ambiental y la expansión regional. En esta entrevista, Parada repasa los aprendizajes que marcaron su camino emprendedor, el origen de la empresa chilena frente a una regulación ambiental concreta surgida en la Patagonia, el rol estratégico que asumió Perú como su primer mercado internacional y pilar de crecimiento, el impacto ambiental alcanzado y los próximos pasos de la compañía en desarrollo tecnológico y expansión internacional.
– Su historia empresarial empieza mucho antes de Bioelements, incluso antes de la universidad. ¿Qué aprendizajes de su infancia y de ese primer emprendimiento —Ey Fruits— marcaron la forma en que hoy toma decisiones como empresario?
Hay grandes lecciones que vienen desde muy temprano. La apertura y el ánimo de tomar riesgos son lo que realmente impulsan y permiten crear una visión. El valor de la constancia: el éxito no es el resultado de un solo día, sino de un trabajo sostenido en el tiempo. Es acción repetida; se construye todos los días. Aprendí también lo difícil que es construir algo versus lo fácil que es destruirlo, y por eso la importancia de cuidar cada decisión. En la toma de decisiones, incluso cuando tienes un equipo de profesionales de primera línea, hay algo que no se puede delegar ni perder: el olfato del negocio. Estar cerca del cliente es clave; el cliente, de alguna manera, te va diciendo constantemente qué es lo que necesita.
– Estudió Derecho en la Universidad Católica de Chile, pero su carrera terminó llevándolo al emprendimiento y luego a la biotecnología. ¿En qué momento confirmó que ese no sería su camino profesional y qué le dio el Derecho que hoy sigue usando como empresario?
Trabajar en un estudio de abogados fue una experiencia muy importante para mí, pero al mismo tiempo confirmé que no era un camino alineado con mi personalidad. Cuando prestas un servicio legal —que es tremendamente relevante— no estás construyendo tu propio negocio, sino trabajando el negocio de otra persona. El Derecho es clave. Hoy, si analizas los negocios más relevantes, entenderás que muchos de ellos —incluido nuestro crecimiento en Perú— están profundamente influenciados por factores regulatorios. Las normativas pueden impulsar ciertos mercados y, al mismo tiempo, hacer que otros se contraigan. Comprender eso es fundamental. Ser abogado me ha dado herramientas muy valiosas para emprender: entender las normativas, interpretar las leyes y, sobre todo, leer estratégicamente dónde un negocio puede crecer y dónde no. En el caso de Perú, el marco regulatorio ha sido parte central de nuestra estrategia. Supimos identificar una oportunidad al interpretar las necesidades del mercado e integrarlas desde el diseño del producto, asegurando el cumplimiento normativo. En ese proceso de construcción, Bioelements tiene un claro diferenciador.
– El origen de Bioelements no nace en un laboratorio, sino frente a un problema concreto: la prohibición de bolsas plásticas en Punta Arenas. ¿Qué vio ahí que otros no vieron y cómo fue el proceso de pasar de una idea a una formulación real sin formación científica previa?
El origen de Bioelements fue, ante todo, la necesidad de resolver un problema concreto que surgió a partir de una normativa específica en la Patagonia. Con el tiempo, esa regulación se fue expandiendo por todo América, y me llamó la atención no ver alternativas claras para enfrentar este movimiento normativo y social que prohibía el uso de plásticos convencionales. El ingreso al laboratorio ocurrió en el momento en que leí la normativa. En ese punto, el texto era complejo, casi ilegible: hablaba de múltiples regulaciones y procesos biológicos, pero al mismo tiempo dejaba entrever hacia dónde quería avanzar. Inmediatamente me contacté con la Universidad Católica para testear una formulación que cumpliera con la normativa de nuestro país. Ese era el objetivo inicial. Ese proceso nos llevó al diseño de las formulaciones que hoy componen nuestros productos y que dieron origen a Bioelements.
– Perú fue el primer mercado internacional de la empresa y terminó siendo también un punto de inflexión estratégico. ¿Qué aprendizajes dejó ese proceso y por qué la decisión de producir localmente cambió el rumbo de Bioelements?
Que Perú haya sido nuestro primer mercado internacional fue una señal muy potente: confirmó que Bioelements podía operar y escalar fuera de Chile. Ese aprendizaje fue clave, porque hoy estamos presentes en nueve países, lo que demuestra que podemos pasar de uno a dos, de nueve a cincuenta mercados. Todo depende de dónde decidamos competir y cómo estructuremos esa expansión. Además, Perú se convirtió en un punto de inflexión estratégico. Desde una perspectiva comercial, hoy es incluso más relevante que Chile. La decisión de producir localmente nos permitió adaptarnos mejor al mercado, optimizar costos y responder con mayor agilidad a las necesidades regulatorias y comerciales. Ese cambio redefinió el rumbo de Bioelements y sentó las bases de nuestro crecimiento regional.
– Hoy Bioelements es una Empresa B, produce mayoritariamente en Perú y ha evitado que cerca de 30.000 toneladas de plástico lleguen al ambiente. ¿Qué significa para usted construir una empresa con impacto y no solo con crecimiento comercial?
En Bioelements entendemos y vivimos el principio de realidad: sabemos que cambiar hábitos de consumo y modelos industriales no ocurre de inmediato. Romper los patrones de la cadena de producción y del consumo masivo es complejo; por eso apostamos por la innovación desde el origen. Entendimos que era necesario desarrollar nuevos materiales. Hemos reemplazado plásticos convencionales por materiales biodegradables y compostables diseñados para responder a los desafíos reales de la industria. Esta decisión no es solo técnica; también responde a las exigencias actuales del mercado y del marco normativo. Apostamos por soluciones que combinan innovación, trazabilidad y eficiencia, facilitando la transición hacia modelos circulares sin perder funcionalidad ni diseño. Así es como hemos logrado integrar nuestros productos sin fricción en cadenas de suministro altamente exigentes. En ese contexto, la ciencia ha sido un medio para resolver esta problemática. Ese es, en esencia, nuestro propósito.
– Recibir el Premio LEC en la categoría Joven Empresario reconoce una trayectoria marcada por propósito, innovación y resiliencia. ¿Qué representa este reconocimiento en lo personal y qué mensaje cree que envía sobre el tipo de empresas que hoy necesita la región?
Para mí, este reconocimiento es profundamente significativo. Muchas veces se dice que uno no es profeta en su propia tierra, y recibir este premio en Perú —un país que me ha dado tanto y que nos ha abierto las puertas— tiene un valor especial. Que se reconozca a Bioelements como un referente en el mundo de la biotecnología, y particularmente en algo tan real como el uso del plástico en el día a día, es algo tremendamente relevante. Es un desafío que atraviesa todo el territorio peruano y a la región en su conjunto. Creo que Perú y Latinoamérica necesitan empresas basadas en ciencia y tecnología aplicadas a la realidad de nuestros países. Una realidad que es imperfecta, que tiene muchos desafíos, no solo materiales, sino también sociales. No podemos resolver los desafíos de Perú copiando un modelo de Suiza; necesitamos soluciones propias. Muchas veces, nuestros desafíos son más simples de lo que parecen. El problema que estamos solucionando es concreto: las personas desechan productos que terminan en la calle, en los parques o en las playas. Lo que hacemos en Bioelements es aplicar ciencia para ofrecer una solución a un problema cotidiano, con impacto directo en el entorno y en la calidad de vida.
– Mirando hacia adelante, ¿qué viene para Bioelements en términos de proyectos, expansión y desarrollo tecnológico, y qué desafíos considera clave para escalar soluciones sostenibles en Latinoamérica?
Hoy estamos muy potentes en el desarrollo de empaques, especialmente para productos de consumo masivo como papel higiénico, pañales y otros bienes de alta rotación. También estamos avanzando con fuerza en productos que están en contacto directo con alimentos. Nuestro objetivo, en el corto plazo, es que cuando una persona entre a un supermercado, una parte significativa de los productos empacados utilice materiales Bioelements. Para eso estamos trabajando. Este desafío exige un desarrollo tecnológico muy robusto. El material de empaque debe funcionar correctamente y cumplir su rol social: proteger el alimento, conservarlo en óptimas condiciones y permitir que llegue al consumidor final de manera segura. Bajo esa lógica, hemos desarrollado soluciones para el empaque de productos como pollo, aceites, shampoos y otros bienes de uso cotidiano. Paralelamente, estamos en una fase exploratoria en el desarrollo de productos médicos, lo que abre una nueva línea de innovación para la compañía. En términos de expansión, Perú sigue siendo un mercado estratégico con un enorme potencial de crecimiento. Al mismo tiempo, ya hemos cerrado contratos con nuestros primeros tres clientes en Estados Unidos, donde hemos identificado que la normativa peruana ha servido como referencia para estados como California y Washington en su adopción temprana de la regulación.














