El próximo gobierno recibirá un país creciendo alrededor de su nivel potencial, a una tasa del 3,0%. Es lo que da hoy nuestra economía. Atrás quedaron los años de tasas de crecimiento promedio anual superiores al 6,2%. La diferencia es sustancial y tiene implicancias para el bienestar social. Con un crecimiento sostenido de 6,2%, la capacidad adquisitiva de un peruano promedio se duplicaría en poco más de trece años. En cambio, con una tasa de solo 3% llegar al mismo resultado tomaría 35 años. En un país con tantas expectativas de mejora y brechas por cerrar, claramente acelerar el crecimiento debería ser una de las prioridades del próximo gobierno.
Para acelerar el crecimiento, la siguiente administración debe generar un entorno más predecible que aliente los emprendimientos y las decisiones de inversión. La idea es que la gente esté más enfocada en innovar, crear empresa, generar empleo, que en preocuparse por la inestabilidad política, social o económica. Todo esto va a requerir consensos y evitar posiciones extremistas que solo generarían más incertidumbre.
El próximo gobierno también va a heredar un país con sólidos fundamentos macroeconómicos. Por el lado monetario, el sol peruano sigue fuerte, la inflación es baja y las reservas internacionales alcanzan niveles que garantizan márgenes de maniobra para contener choques externos que, en la coyuntura actual, se han hecho más recurrentes. Las cuentas externas también lucen saludables, con términos de intercambio en máximos históricos, un amplio superávit comercial y una buena composición de los activos y pasivos externos (muy líquidos los primeros y de largo plazo los segundos).
Por el lado fiscal, a pesar de un deterioro reciente y de retos hacia adelante, las finanzas públicas siguen mostrando solidez, con déficits moderados y un bajo nivel de endeudamiento. Sin embargo, estas fortalezas por el lado macroeconómico, que tanto rédito nos han dado en los momentos más complicados (pandemia o el inicio del gobierno de Castillo), se han visto amenazadas por propuestas que salieron durante la campaña sobre usar las reservas internacionales para fines distintos a asegurar una adecuada provisión de liquidez internacional para el país y por las propuestas populistas aprobadas recientemente por el Congreso con impacto fiscal muy negativo.
Para preservar las fortalezas y estabilidad macro, el gobierno entrante tiene que mantener la autonomía absoluta del Banco Central (lo que incluye el manejo de las reservas) y buscar revertir las leyes que deterioran la sostenibilidad de las finanzas públicas mediante demandas por inconstitucionalidad.
Asimismo, el nuevo gobierno deberá enfrentar el avance de la criminalidad que hoy ya está inhibiendo los emprendimientos e inversiones, así como mejorar la institucionalidad. El país requiere seguridad y reglas claras para seguir avanzando. De otro modo, seguiremos con crecimientos mediocres que no resuelven los problemas estructurales que enfrentamos.
Así, el siguiente gobierno heredará una economía que aún muestra un desempeño relativamente aceptable. Pero esta situación podría cambiar rápidamente si la siguiente administración no enfrenta adecuadamente los retos planteados. No hay más tiempo que perder.




