El conflicto militar en Irán también está teniendo repercusiones en el ciberespacio, con un aumento de la actividad de hacktivistas y amenazas a infraestructuras digitales que podrían afectar a organizaciones en distintas partes del mundo, según advierten especialistas en ciberseguridad.
El conflicto militar en Irán también está teniendo repercusiones en el ciberespacio, con un aumento de la actividad de hacktivistas y amenazas a infraestructuras digitales que podrían afectar a organizaciones en distintas partes del mundo, según advierten especialistas en ciberseguridad.
De acuerdo con un análisis de la empresa de seguridad informática ESET, aunque la guerra se desarrolla en Medio Oriente, sus efectos pueden extenderse globalmente debido a la interconexión de los sistemas digitales y de servicios en la nube que utilizan empresas y gobiernos.
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Un ejemplo ocurrió menos de 24 horas después del inicio del conflicto, cuando drones iraníes atacaron instalaciones de infraestructura cloud en Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, lo que afectó servicios críticos y aplicaciones empresariales en distintas regiones.
Los especialistas advierten que este tipo de episodios demuestra que la distancia geográfica respecto de una zona de guerra no garantiza estar aislado de sus consecuencias, especialmente en entornos digitales altamente interconectados.
Además de los ataques directos contra infraestructura tecnológica, la principal amenaza para muchas organizaciones podría manifestarse en el ciberespacio. Tras las primeras operaciones militares, actores vinculados a Irán incrementaron su actividad, con decenas de grupos hacktivistas que apoyan sus intereses.
Este contexto genera un escenario en el que múltiples actores de amenazas —desde grupos organizados hasta hacktivistas— pueden llevar adelante ataques con distintos objetivos, ampliando la superficie de riesgo para empresas y organismos en todo el mundo.
“Este tipo de conflictos pone en evidencia que el ciberespacio es un frente activo más, donde los ataques pueden escalar rápidamente y tener impacto global. Las organizaciones deben estar preparadas para enfrentar un aumento en la actividad maliciosa, incluso si se encuentran lejos del epicentro del conflicto”, comenta Martina Lopez, especialista en Seguridad Informática de ESET Latinoamérica.




