Cuando la desgracia llega, nunca viene sola. Lo sabe bien la ciudad de Lima, Metrópoli que tuvo que enfrentar dos crisis energéticas de manera simultánea en marzo pasado: por un lado, la ausencia de gas, ocasionada por la rotura del gasoducto de TGP y, por otro lado, el alza en los precios de los combustibles debido al estallido de la guerra en Oriente Medio.
Se trató de una ´tormenta perfecta’ que ocasionó, con su efecto combinado, que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) se dispare 2,38% en marzo, el resultado mensual más elevado de los últimos 32 años, según el INEI.
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“Como consecuencia de esto, la inflación ya salió del rango meta de 1% a 3% anual”, refiere Cesar Fuentes, director de la maestría en gestión pública de Esan.
Y es que, como bien señala el economista, cualquier salto en los precios de los combustibles gatilla un efecto en cadena que no solo afecta a los sectores transporte y alimentos, sino a la cadena productiva en pleno, lo cual “determina que el choque sea grande”.
Afortunadamente, la reparación del ducto de Camisea ha diluido el componente negativo de la falta de gas, lo que nos deja librados, únicamente, al vaivén de los precios internacionales del petróleo, puntualiza Fuentes.
Esto no quiere decir, sin embargo, que las complicaciones relacionadas con la energía van a ceder.

La alta volatilidad de los precios del petróleo genera inflación en todo el mundo.
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Por el contrario, los especialistas en hidrocarburos consultados para este informe advierten que estaríamos ad-portas de encajar el impacto más profundo de la guerra en Medio Oriente si las negociaciones de paz fracasan y el conflicto se prolonga.
“Nuestra lectura es que la vulnerabilidad persiste”, anota Luciano Macías, gerente general de Terpel en Perú.
El mayorista de combustibles y lubricantes advierte que los mercados seguirán expuestos a nuevas presiones mientras continúe la incertidumbre sobre rutas estratégicas como el Estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del suministro global de petróleo y gas natural.
Y mientras se mantenga, asimismo, la reasignación de producción hacia el diésel, energético que “actúa como piso de precios para gran parte de la cadena, en detrimento de otros derivados del crudo”, indica Macías. ¿Qué riesgos depara esto para el Perú?
Impacto local
Lo que diferencia a la guerra en el Golfo Pérsico de otros conflictos recientes, como el de Ucrania, es lo difícil que resulta realizar pronósticos debido a que “ninguno de los tres gobiernos involucrados (USA, Israel e Irán) goza de credibilidad”, manifiesta Diego Díaz, socio de Macroconsult.
El hecho concreto, apunta Francisco Belaunde, vicepresidente de la Asociación Peruana de Asuntos Internacionales, es que “estamos lejos de las cotizaciones del petróleo que había antes del estallido de la guerra» (US$65-70/barril), un problema que no solo eleva los precios de los combustibles (US$95-100 hoy), sino que “también comienza a generar escasez”.
Así ocurre en países cercanos al conflicto, como Egipto, donde se ha instaurado un toque de queda para restaurantes y locales nocturnos “con el fin de ahorrar energía”, refiere el internacionalista.
Los precios de la urea y los combustibles de disparan.
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Pero el impacto de la guerra va mucho más lejos. Y es que su persistencia dificulta la fabricación de productos clave para la economía global, como los fertilizantes y los chips (semiconductores) utilizados en Inteligencia Artificial. Esto, debido a las restricciones en el suministro de gas natural y helio (subproducto del gas) procedentes del Golfo Pérsico.
El efecto, subraya Belaunde, es brutal y lo vamos a sufrir también en el Perú “si las cosas continúan como están”.
En esa línea, Díaz advierte que aún estamos por ver el impacto de la escasez de urea, una crisis “que todavía no se manifiesta en el país, pero que constituiría un efecto de ‘segunda vuelta’.
Lo que estamos observando, por lo pronto, son mayores precios de los combustibles, como el diésel y la gasolina regular, los cuales han subido 62% y 38%, respectivamente, desde el 27 de febrero (vísperas de la guerra), anota Macroconsult.
De hecho, la firma consultora ha identificado que el último embarque de diésel importado por el Perú llegó “con un precio 74% más alto en relación a febrero”.
Walter Espinoza, experto en energía, remarca que ya tenemos un problema con el diésel, como se echa de ver en las paralizaciones que vienen ocurriendo en varios puntos del país, como Puno y Pucallpa. Se trata, apunta, de una problemática que podría agravarse, dependiendo de las vicisitudes de la guerra en Oriente Medio.
Las instalaciones gasíferas de Qatar, mayor productor de gas natural del mundo, han sido seriamente dañadas e inutilizadas por lo que resta del año.
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Si el conflicto persiste, alerta Díaz, podríamos volver a repetir los eventos del 2022 (guerra en Ucrania) con bloqueos de carreteras y protestas de los transportistas, lo cual “puede ser un caldo de cultivo para un candidato presidencial de izquierda”. ¿Qué escenarios se visualizan para los precios de los combustibles?
Riesgo inflacionario
Los expertos consultados para este informe son unánimes en señalar que los precios del crudo y sus derivados no volverán a ser los mismos después de esta guerra.
Esto ocurre, explica Belaunde, porque hay mucha infraestructura que ha sido seriamente dañada en los países del Golfo Pérsico.Es el caso de las instalaciones gasíferas de Qatar, primer productor de gas natural del mundo.
En efecto, el gobierno catarí ha anunciado que tardará más de un año en volver a poner en operación sus instalaciones, semi destruidas por los ataques iraníes.
Todo esto hace prever, apunta Díaz, que seguiremos viendo precios del gas y el petróleo mayores a los que había antes del conflicto “no por días o meses sino, inclusive, durante más de un año”.
Es por esta razón que el Fondo Monetario Internacional (FMI) está comunicando a los bancos centrales que “se preparen para elevar sus tasas de interés con el fin de contrarrestar la inflación”, anota Belaunde.
El estallido de la guerra en Ucrania (2022) ocasionó una escalada en los precios de los combustibles y la inflación. Lo mismo podría ocurrir en 2026. (Fotos: Julio Reaño/@Photo.gec)
/ JULIO REAÑO
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Macroconsult considera que el Perú debería empezar a preocuparse seriamente si el conflicto se extiende hasta el mes de mayo, pues eso significaría que “tendremos un segundo trimestre muy afectado por el alza en los precios”.
Dado ese caso, Fuentes estima que el país experimentaría una inflación superior al 3% hasta julio o agosto, después de lo cual “esta empezaría a bajar”. El economista advierte, sin embargo, que una escalada en la guerra ocasionaría que la inflación sea mayor.
“El riesgo para el país es que este choque temporal se convierta en un choque casi permanente, pues en ese caso sí va a haber un traslado de los costos de transporte al consumidor de manera constante”, anota. ¿Qué herramientas tiene el Perú para contrarrestar esta amenaza?
La crisis que se avizora puede ser de tal magnitud, que deberíamos estar en condiciones de activar el Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC), refiere Espinoza.
De acuerdo a Fuentes, hay solo dos opciones a las que puede recurrir el Gobierno en circunstancias como esta (de choques fuertes en la oferta): un esquema de subsidios o la activación del FEPC, “el cual ha funcionado bastante bien en su momento”, detalla.
Ocurre, sin embargo, un grave problema con este mecanismo, y es que se halla virtualmente desactivado desde el año pasado debido al retiro voluntario (desafiliación) de sus miembros más representativos: Petro-Perú y Repsol.




