Las elecciones 2026 serán las más complejas y tendrán la votación más fragmentada de la historia reciente. A la fecha, 37 candidaturas presidenciales participarán en la contienda del 12 de abril; sin embargo, a menos de dos meses de los comicios, ninguna ha superado el 15% de intención de voto, mientras que los tres primeros lugares solo concentran el apoyo del 29% de los electores, según Datum Internacional.
Estas cifras acelerarían aún más la tendencia observada en el 2021, cuando el voto presidencial registrado por los organismos electorales fue el más fragmentado desde 1980. Durante los últimos comicios, ninguna de las candidaturas superó el 20% de los votos emitidos y la suma de las preferencias de los tres principales candidatos llegó al 35,8% del total, muy por debajo del 64,7% registrado en el 2011 o del 86% registrado en el 2001 [ver gráficos].
La excesiva fragmentación de los partidos, la reducción del apoyo que han recibido a través cada elección y los factores institucionales que han ocasionado la debilidad y la inestabilidad del sistema político son parte del diagnóstico del estudio titulado “Reforma de la regla de elección presidencial con el objetivo de reducir la fragmentación de la oferta de partidos políticos”, elaborado por el Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico (CIUP).
La investigación señala que la dispersión electoral no es coyuntural sino producto de una trayectoria histórica. En los últimos 45 años, el sistema electoral habría transitado por tres etapas: la de pocos partidos estables, desde los ochenta hasta 1992; la hegemonía de una sola figura personalista, durante el gobierno de Alberto Fujimori; y el retorno a un sistema de partidos poco institucionales desde la vuelta de la democracia en el 2000, cuya legitimidad se ha ido erosionando con el tiempo.
Además de la crisis de representatividad de las actuales agrupaciones y del hartazgo de los votantes ante la oferta electoral, el trabajo propone un factor adicional que ha llevado a esta situación: la regla de la elección que contempla obligatoriamente la existencia de una segunda vuelta que fue implementada desde 1979.
Esto, con el tiempo, redujo los incentivos para la formación de alianzas, así como la preferencia hacia las agrupaciones con mayor respaldo, lo que permitió una mayor oportunidad para la supervivencia de partidos más pequeños, o incluso nuevos.
El diagnóstico
¿Cómo ha impactado la existencia de una segunda vuelta el número de partidos que disputan la presidencia? En entrevista con ECData, Javier Albán, autor del estudio, explicó que la regla actual de segunda vuelta ha generado menos incentivos para alianzas programáticas, que se forman antes de la elección para armar un plan de gobierno conjunto, mientras que para los electores hubo menos incentivos para emitir un voto ‘estratégico’ en las primeras vueltas; es decir, que optaron por candidatos más pequeños o de menos consenso.
“En el 2001, el segundo puesto de la primera vuelta pasó al ballotage con 25%, pero en la siguiente elección fue con 22%. Entonces va bajando el porcentaje del techo de lo que se considera un candidato ‘viable’. Todas las encuestas que salen ahora sobre la elección presidencial no dicen mucho sobre quién va a ganar al final, sino que lo que sugieren es que la gente no está conectada con el proceso”, sostuvo.
Ficha técnica
Encuestadora: Datum Internacional. Número de registro: 0002-REE/JNE. Financiamiento: América Televisión. Ámbito: Nivel Nacional. Tamaño de la población: 23’620.791 electores residentes en el país (Fuente: Reniec a noviembre del 2025). Tamaño de la muestra: 1202 encuestas efectivas. Margen de error: -2.8%. Nivel de confianza: 95%. Representatividad: 100%. Técnica: encuestas presenciales en el hogar usando dispositivos móviles. Tipo de muestreo: El diseño muestral utilizado es de tipo probabilístico, polietápico, estratificado, proporcional al tamaño poblacional en cada estrato. Cada estrato está definido por la variable “región”. Dentro de cada región se dividió de manera proporcional a la población electoral de cada departamento. Asimismo, la muestra asignada en el interior de cada departamento es distribuida proporcionalmente a los dominios: zona. Puntos de muestreo: Nacional urbano y rural (Amazonas, Ancash, Apurímac, Arequipa, Ayacucho, Cajamarca, Callao, Cusco, Huancavelica, Huánuco, Ica, Junín, La Libertad, Lambayeque, Lima, Lima Provincias, Loreto, Madre de Dios, Moquegua, Pasco, Piura, Puno, San Martín, Tacna, Tumbes, Ucayali). Puntos de muestreo: Nacional urbano y rural (Amazonas, Ancash, Apurímac, Arequipa, Ayacucho, Cajamarca, Callao, Cusco, Huancavelica, Huánuco, Ica, Junín, La Libertad, Lambayeque, Lima, Lima Provincias, Loreto, Madre de Dios, Moquegua, Pasco, Piura, Puno, San Martín, Tacna,Tumbes, Ucayali). Fecha de campo: 16 al 20 de enero de 2026. Página web:www.datum.com.pe (urbana y rural), sexo, edad y nivel socioeconómico.
¿Hasta cuándo continuaría esta situación? Albán advierte que la fragmentación política seguirá aumentando hasta la presencia de un ‘shock’ externo como, por ejemplo, la aparición de un agente concentrador, de un líder populista que logre canalizar la insatisfacción y las preferencias del votante. Sin embargo, dicha salida también podría acarrear riesgos.
“Si surge un líder autoritario, de todas maneras, podríamos ir poco a poco a un camino de captura del poder y eso evidentemente sería más destructivo incluso que la fragmentación actual, pero sería, en parte, una consecuencia de la situación actual”, opinó.
Soluciones y propuestas
¿Qué salidas podrían reducir el problema? El estudio apunta a una reforma de las actuales reglas electorales, pasando de la actual segunda vuelta a la elección presidencial en una sola ronda, pero orientada a promover opciones de mayor consenso.
Dentro de esta alternativa, además del sistema de mayoría simple, donde se elige a la agrupación con más votos obtenidos, el trabajo explora el sistema ‘aprobatorio’ en una única ronda. En esta modalidad, cada votante elige en una cédula todas las fórmulas presidenciales que considere aceptables, a manera de opción múltiple, de modo que resulte ganadora la candidatura que obtenga la mayor cantidad de votos aprobatorios del mayor número de sufragantes.
“La alternativa que elimina la segunda vuelta en principio sería volver al voto de mayoría simple que se ha utilizado mucho más tiempo en varios países. El voto aprobatorio no es un escenario perfecto, pero es un poco mejor de lo que tenemos hoy. Este sistema tiene ventajas respecto a la mayoría simple. Hay menos incentivos para la confrontación porque no te estás peleando por un único voto, si la gente puede ‘aprobar’ todas las opciones que quiera, hay un poco más posibilidad de que los candidatos tiendan hacia posturas de centro. Si ves que el sistema está sufriendo por la existencia de dos vueltas presidenciales, ¿por qué mantener las reglas que te llevan a más fragmentación?“, explicó Albán.
Sin embargo, el éxito de cualquier ajuste en las reglas de juego depende de su capacidad para mitigar el desencanto ciudadano que hoy domina el escenario político. Con reformas estructurales ya aprobadas —como el retorno a la bicameralidad y la reelección parlamentaria (ver tabla)—, el riesgo de un divorcio absoluto con el electorado es latente, especialmente si estos cambios no se traducen en una mejora real de la representación de cara al futuro.
Al respecto, Milagros Campos, Profesora de Derecho Constitucional en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), advierte que la atomización de las fuerzas políticas responde a una crisis de confianza que excede lo puramente normativo.
“La fragmentación ha sido un proceso continuo. Se trata de un fenómeno que no ocurre solo en el Perú, Sin embargo, en otros países es moderado. Parcialmente se explica por los cambios normativos pero hay otros factores que lo explican. Por ejemplo, diversos reportes sobre el estado de la democracia muestran descontento con el sistema, la percepción de que los gobiernos no solucionan los problemas que aquejan a la población. La fragmentación política se refleja también en la intención de voto. En el pasado era frecuente que a pocas semanas de la elección se distingan tres candidaturas punteras que sumaban más del 50% de votos” indicó Campos.
Finalmente, la especialista sostuvo que debe ser una prioridad de la clase política restablecer la confianza para con la ciudadanía. Para Campos, acciones que contribuirían a ello irían en la línea de la meritocracia, colocando a perfiles idóneos y trayectoria democrática en los cargos públicos, así como la transparencia en sus votaciones y conflictos de interés, especialmente cuando estas afectan el cuidado de algún bien público.




