jueves, marzo 5

¿Por qué las modelos caminaron así en el último desfile de Gucci? Esa fue la pregunta que inundó TikTok, X e Instagram apenas la casa italiana presentó su colección Otoño/Invierno 2026/2027 en Milan Fashion Week bajo la nueva dirección creativa de Demna. Más allá de los looks, lo que verdaderamente detonó la conversación fue la caminata.

¿Por qué las modelos caminaron así en el último desfile de Gucci? Esa fue la pregunta que inundó TikTok, X e Instagram apenas la casa italiana presentó su colección Otoño/Invierno 2026/2027 en Milan Fashion Week bajo la nueva dirección creativa de Demna. Más allá de los looks, lo que verdaderamente detonó la conversación fue la caminata.

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Sobre la pasarela aparecieron figuras que no necesitan presentación: Emily Ratajkowski, Kate Moss, Alex Consani, la hija de Elon Musk y otras personalidades que mezclan moda, cultura pop e internet. Pero el foco no estuvo en quiénes eran, sino en cómo se movían.

La caminata fue particular. Ligeramente desaliñada y sensual, como si las modelos estuvieran saliendo de una discoteca al amanecer, aún envueltas en la música y el exceso de la noche anterior.

En redes sociales, la reacción fue inmediata y polarizada. Para algunos, resultó incómoda, forzada, incluso caricaturesca. Para otros, fue una declaración performática brillante: una extensión del concepto de la colección, una actitud antes que un simple desplazamiento sobre la pasarela. La respuesta, sin embargo, parece evidente: Gucci buscaba conversación.

(Foto: Agencias)

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En la actualidad, los desfiles ya no son únicamente espacios de exhibición para compradores y prensa especializada; son eventos diseñados para circular digitalmente. Un gesto inesperado -como una caminata coreografiada al límite de lo incómodo- garantiza clips virales, análisis en tiempo real y, sobre todo, memorabilidad. Y en una industria saturada de imágenes, ser memorable es clave.

En términos de propuesta estética, la colección dejó claro que el sello de Demna es inconfundible. Su lenguaje visual, consolidado durante años en Balenciaga, reaparece aquí: siluetas contundentes, una mirada cruda sobre el vestir cotidiano y una fascinación por el uniforme urbano.

Pero también hubo guiños evidentes al Gucci de Tom Ford en los años noventa. Esa sensualidad afilada, el cuerpo como protagonista, las camisetas ultra ceñidas en clave “macho man”, los cinturones con logos expuestos, el brillo nocturno. Un imaginario que mezcla provocación y poder.

La icónica riñonera, símbolo absoluto del cruce entre lujo y streetwear, regresó como pieza central: el lujo ya no es excepción, es parte del uniforme cotidiano. Mi lectura es clara: Demna entendió con precisión quirúrgica a su consumidor.

No presentó una fantasía inalcanzable ni una teatralidad distante de la realidad. Lo que vimos en pasarela fue una traducción estilizada -pero reconocible- de cómo el mercado masivo que compra Gucci efectivamente va a usar Gucci.

Uno de los looks más comentados fue el del rapero Fakemink, ampliamente criticado por mostrar la ropa interior. Pero dentro del ecosistema del streetwear contemporáneo, ese tipo de styling resulta familiar. De hecho, es probable que ese mismo look o una versión muy cercana termine replicado en la calle.

El Gucci de Demna nos dejó una tríada clara: oficina noventera reinterpretada y looks de fiesta cargados de brillos y transparencias. Un homenaje a una estética desenfrenada, despreocupada y, paradójicamente, chic.

Y como si el guion necesitara un cierre simbólico, en primera fila coincidieron dos figuras que encarnan el pasado y el presente de la moda italiana: Alessandro Michele -director creativo histórico de Gucci- y Donatella Versace. Una imagen que resume el momento: transición, legado y reinvención.

La caminata podrá dividir opiniones, pero cumplió su objetivo. Nos hizo mirar. Nos hizo debatir. Y, sobre todo, nos hizo recordar el desfile. //

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