En otras circunstancias no hubiese llamado la atención que Mano Meneses dejara de lado a Renato Tapia. Como técnico recién estrenado, resulta comprensible su necesidad de mirar nuevos jugadores, probar alternativas y armar un equipo a la medida de lo que quiere.
En otras circunstancias no hubiese llamado la atención que Mano Meneses dejara de lado a Renato Tapia. Como técnico recién estrenado, resulta comprensible su necesidad de mirar nuevos jugadores, probar alternativas y armar un equipo a la medida de lo que quiere.
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Pero en las actuales, es un signo de debilidad.
Cuando fue anunciada su contratación, en este rinconcito elogiamos su carácter. Haberse enfrentado a Marcelo, cuando dirigía a Fluminense, no es poca cosa, más aún en estos tiempos en que los divismos desmesurados gobiernan los vestuarios.
Pero una cosa es pararle los machos al segundo mejor lateral izquierdo de la historia del Madrid (el primero es Roberto Carlos) y otra, como parece haber ocurrido, enfrentarse a Agustín Lozano.
Tapia es el gran ausente del primer llamado de Mano Menezes. (Photo by SEBASTIAN CASTANEDA / various sources / AFP)
/ SEBASTIAN CASTANEDA
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La respuesta de Menezes para neutralizar las críticas ante esta ausencia ha sido que no hablará de los jugadores que no forman parte de su convocatoria. Es decir, de su boca no sabremos si Paolo Guerrero tendrá espacio para despedirse como merece o si le hará un lugar a futbolistas descaminados como Carlos Zambrano o Miguel Trauco. Bien por el asesor de comunicaciones que le recomendó esta salida; qué pena por la gente que no podrá saber qué tan firme será con la indisciplina o si, cuando lo acogote la escasez -la que conocerá más pronto que tarde-, le dará espacio a alguna oveja descarriada.
Cada quien es libre de encarrilar su destino y Menezes ha empezado dando un paso en falso. Tapia está lejos de ostentar el título de míster carisma. Su frontalidad para expresar sus posturas ha reducido considerablemente su club de fans y la polarización ideológica que recorre las redes sociales suele cebarse con sus declaraciones. Pero es evidente que, si bien no juega en el primer mundo futbolístico, su importancia no se ha reducido. Pese al crecimiento de Noriega, no existe un jugador con su ubicación dentro del campo, su timing para ir al cruce, ni con su capacidad para ralentizar o apurar el juego. Su experiencia y polifuncionalidad lo convierte en indispensable en esta blanquirroja donde -¿acaso alguien lo duda? – no sobra nada.
Menezes no solo ha decidido callar. También ha bajado la cabeza. Al menos, eso parece. Quizá sea solo una estrategia para no remover las aguas en tiempos todavía calmos y recién cuando conozca los verdaderos dientes del león que tiene enfrente, saque la garra y muestre su verdadero pensamiento. Esperemos que sea así. Sería trágico que las rencillas entre Tapia, Ferrari y Lozano no le permitan hacer su trabajo.




