En uno de sus videos más recientes en TikTok, el congresista Segundo Montalvo (Perú Libre) aparece vestido con ropa deportiva ajustada mientras ejecuta una rutina de ejercicios. La publicación, según explica él mismo, busca ofrecer “tips para mantenerse ‘cholazo’”. Sin embargo, el resultado puede provocar una reacción distinta a la que pretende: más que transmitir cercanía o confianza, genera lo que los jóvenes de la generación Z suelen llamar ‘cringe’.
Ese anglicismo —extendido en el lenguaje digital— se emplea para describir incomodidad, vergüenza ajena o lo ridículo que puede parecer una situación. El caso del legislador ilustra los riesgos de lanzarse a la arena digital sin brújula.
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Una revisión a las cuentas en redes sociales de los principales precandidatos presidenciales evidencia la magnitud del desafío. A seis meses para las elecciones, los precandidatos con mayor presencia digital son Keiko Fujimori (Fuerza Popular) y Rafael López Aliaga (Renovación Popular).
En TikTok, la plataforma más influyente entre la generación Z, Fujimori lidera con 1.1 millón de seguidores.
La fundadora de Fuerza Popular ha intensificado sus transmisiones en vivo en esa red, en la que evita hablar de política. En lugar de ello, responde preguntas ligeras y conversa sobre temas cotidianos.
Fujimori no busca convencer a los jóvenes con un discurso programático, sino proyectar cercanía y autenticidad.
Su video más popular, con más de 8 millones de reproducciones, la muestra participando en un juego junto a su hija mayor en una dinámica titulada “¿Quién conoce más a la otra?”. Otro clip, que supera los 4.5 millones de vistas, la registra caminando como parte de lo que define como su “cábala de cumpleaños”.
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En opinión del especialista en comunicación política Rober Villalva, se evidencia una clara estrategia de comunicación: dejar de lado lo convencional y racional para apelar a lo emocional.
“Es muy posible que su objetivo sea incrementar sus niveles de simpatía y cercanía. Por eso evita hablar de política y apuesta por comunicar sus emociones. Puede contar su vida, cantar, reír o llorar, pero si su nivel de credibilidad es bajísimo y si su partido impulsa una ley que afecta el bolsillo de los jóvenes, no le van a creer. Y eso es lo que está pasando”, asegura.
En tanto, el alcalde de Lima y precandidato presidencial López Aliaga apuesta por las colaboraciones estratégicas. En enero pasado aprovechó la visita a Lima del youtuber estadounidense Darren Jason Watkins, conocido como Speed.
La visita de Speed a la capital generó aglomeraciones, transmisiones virales y una ola de interacciones en redes sociales. López Aliaga lo paseó por el palacio municipal y lo nombró “embajador de Lima”.
El líder de Renovación Popular también concedió una entrevista al youtuber peruano ‘Zein’ en febrero pasado, transmitida en vivo en la plataforma Kick. A diferencia de un periodista, Zein no lo confrontó con preguntas incómodas; la conversación pareció diseñada para que se acercara a un público joven sin los filtros de la prensa.
López Aliaga no es el único que ha optado por abrirle las puertas a los ‘streamers’. El líder de Alianza para el Progreso (APP), César Acuña, también experimentó con este formato. Invitó a su residencia al ‘streamer’ peruano “Cristorata”, un creador de contenido popular en Kick.
El especialista en comunicación estratégica Adolfo Cruz advierte que la apuesta por los influenciadores puede ser un arma de doble filo. “Acuña recibió a ‘Cristorata’ porque es uno de los influenciadores más populares, pero lo que se viralizó de la transmisión fue una pregunta de matemática, muy simple, que lo dejó bastante mal”, recuerda.
Para Cruz, aunque los equipos de marketing político de los candidatos necesitan un plan con influenciadores, “deben ser muy cuidadosos respecto a lo que construirán con ellos”.
En la lista de precandidatos presidenciales con mayor presencia en plataformas digitales también se encuentra José Luna Gálvez (Podemos Perú), con 202 mil seguidores en TikTok.
El fundador de Podemos utiliza esa red para difundir propuestas de tinte económico y previsional, centradas en la liberación de fondos de las AFP y la entrega de bonos para los aportantes de la ONP.
Le siguen Guillermo Bermejo (Voces del Pueblo) y Fiorella Molinelli (Fuerza Moderna). No obstante, ‘likes’ y seguidores no se traducen necesariamente en votos. La clave no está en la cantidad, sino en la capacidad de generar confianza, diálogo y sentido de comunidad, apunta Cruz.
“Aunque la eficacia de los contenidos en el ecosistema digital se miden por vistas, ‘likes’ y compartidos, para un candidato se podrían medir con la colocación de temas en la agenda política, la capacidad de respuesta y la generación de una comunidad que lo respalde”, señala.
Alrededor de 2.5 millones de jóvenes votarán por primera vez en las elecciones generales de 2026. Esa es la proyección del quinto simulacro del padrón electoral elaborado por el Reniec, que calcula cuántos peruanos alcanzaron o alcanzarán la mayoría de edad desde los comicios de 2021 hasta la próxima cita electoral.
Esos votantes pertenecen a la llamada generación Z. Todos ellos son nativos digitales.
El analista político Enzo Elguera destaca que los 2.5 millones de jóvenes que alcanzarían la edad para votar representan alrededor del 10% del electorado. Añade que si consideramos a toda la generación de personas entre los 18 y 29 años, las estimaciones llegan a cerca de 6.7 millones de votantes; es decir, aproximadamente una cuarta parte del padrón electoral.
“Dado que la valla para acceder al Congreso es del 5% y que en años anteriores los candidatos que alcanzan la segunda vuelta promedian alrededor de 11%, el electorado joven constituye un bloque decisivo. Puede inclinar tranquilamente la balanza y los resultados”, asegura.
Elguera añade que el voto juvenil es un objeto atractivo y necesario para los candidatos. No obstante, precisa que no es homogéneo, como tampoco lo son otros grupos etareos.
“No podemos hablar de un voto homogéneo que favorezca a un candidato. Lo que sí tienen en común es el predominio al descontento de la política actual. Muchos jóvenes crecieron con noticias día a día sobre los escándalos de corrupción y cuentan con un mayor acceso a la información. […] Este descontento los lleva a espacios alternos a la política, redes sociales y grupos de discusión virtual donde se enfrentan a perspectivas heterogéneas”, explica.
Según un estudio de Datum Internacional para El Comercio, el 64% de los jóvenes de entre 18 y 24 años acudirá a las redes sociales como su principal fuente de información durante la campaña presidencial.
Otro estudio, a cargo del Centro de Investigación en Opinión Pública de la Universidad de Piura, revela que el 58% de los jóvenes estudiantes universitarios a nivel nacional no se identifica con ninguna tendencia política-ideológica. Incluso, un 40% no considera relevante la procedencia ideológica del próximo presidente del Perú.
Con ese escenario, está por verse qué candidatos logran convertir la fugacidad de un ‘like’ en el compromiso real de un voto.




