miércoles, febrero 4

En una curiosa casualidad estadística, los partidos que lideran actualmente las encuestas presidenciales del próximo 12 de abril son aquellos en cuyos planes de gobierno la palabra ‘cultura’ resulta casi ausente. Tomemos, por ejemplo, en el documento del partido mejor ubicado en el reciente sondeo de Datum Internacional para El Comercio, Renovación Popular, con una intención de voto del 12% de los encuestados, la palabra ‘cultura’ aparece una sola vez. Y no ligada a temas dedicados a la gestión cultural, sino aislada en un contexto técnico, referido a una “cultura de compromiso del profesional público hacia los ciudadanos” (página 10).

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Lo mismo sucede con Fuerza Popular, en el segundo lugar con el 8%. En su plan de gobierno la palabra ‘cultura’ aparece también una sola vez para hablar de la implementación de “menús adaptados por edad, región y cultura alimentaria” para poblaciones en riesgo (página 105). Mientras que País para Todos, en el tercer lugar con un 6,2%, la utiliza tres veces, para referirse, de forma abstracta, a “nuestra cultura milenaria” (página 8), la “educación cívica e intercultural” en el plan de estudios escolar (página 19) y el compromiso de transformar “la cultura y el respeto” hacia el personal médico y administrativo” en una proyectada reforma de salud (página 50).

Si vemos el pelotón de partidos, ubicados entre el 6% y 3% de la encuesta, se advierte que la presencia de la palabra ‘cultura’ en sus programas va remontando ligeramente. Sucede en Perú Primero (7 veces) y Ahora Nación (13 veces), con términos derivados como ‘aculturación’ o ‘interculturalidad’. Por el contrario, en el plan de Cooperación Popular, en el sexto lugar de la encuesta, el término no aparece en un plan de gobierno centrado principalmente en ejes de infraestructura, gobernanza y medidas técnicas.

Debajo en la misma medición están Somos Perú, cuyo plan aborda la cultura cuatro veces, Alianza para el Progreso (10), Obras (2), Frente de la Esperanza (11) y Perú Libre con 34 menciones, abundando en combinaciones como “alienación cultural”, “revolución cultural” y “colonización cultural extranjera”. Por cierto, apelar o no al término ‘cultura’ no quiere decir que un plan sea mejor o peor. Como advierte la historiadora de la PUCP Diana Guerra Chirinos, su ausencia evidencia la carencia de propuestas concretas o enfoques muy tradicionales, lejos de lo que actualmente debaten las políticas culturales de la región. “Estamos en el primer cuarto del siglo XXI y no podemos volver a situar a la cultura en el apéndice del sector Educación, sin reconocer la fuerza transformadora que en sí misma tiene el teatro, el cine o la literatura”, afirma la especialista en gestión cultural por la Universidad de Barcelona.

(Infografía: El Comercio)

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Para Guerra, en estas elecciones ya no se puede decir que el sector de la cultura, el patrimonio y las artes está ausente de los planes de gobierno. Sin embargo, ello no significa que sea un sector prioritario en las propuestas de gobierno de los candidatos. “Queda claro que, en varios casos, sus propuestas son elaboradas por especialistas invitados con mayor o menor experiencia y que no volverán a tener participación en etapas siguientes. Así que mejor no hacerse ilusiones si encontramos alguna propuesta interesante”, adelanta.

En todos los planes de gobierno queda bien decir que la cultura “es un eje fundamental para el desarrollo social”, y que es necesario promover una “cultura de paz y valores” o que resulta fundamental “fortalecer la identidad y la cultura nacional”. Sin embargo, para el sociólogo de la PUCP Santiago Alfaro Rotondo, hay una profunda fractura en la comprensión del rol de la cultura en el desarrollo del país. “No se trata únicamente de diferencias programáticas o de énfasis sectoriales, sino de visiones contrapuestas sobre la naturaleza y el alcance de la cultura como política pública”, afirma.

Así, la mayoría de los partidos muestra una alarmante indiferencia o bien adopta una visión instrumental de la cultura. “En numerosos casos [Fuerza Popular, Podemos o Perú Moderno], la cultura es concebida casi exclusivamente como un recurso turístico, orientado a la generación de riqueza mediante la explotación del patrimonio arqueológico e histórico, sin considerar su valor simbólico, social o educativo”, apunta Alfaro. Para el experto en gestión y políticas culturales, esta mirada economicista omite tanto la precariedad estructural de la protección del patrimonio como la necesidad de impulsar procesos de conservación sostenible, que incluyan el saneamiento físico-legal de los bienes culturales y la apropiación social de la historia y la memoria comunitaria.

Pero también existen propuestas concretas que abordan problemas estructurales de los trabajadores del sector. Entre ellas destacan la creación de mypes culturales (Partido Morado, Perú Moderno, Apra), cuyos planes ofrecen convertir la creatividad en una industria exportable y competitiva. La creación de un estatuto del trabajador de la cultura (Juntos por el Perú, Venceremos) que proponen seguridad social y jubilación para artistas. El desarrollo de alianzas público-privadas para la administración de sitios históricos (Apra). La creación de puntos de cultura comunitaria, para fortalecer la gestión del Mincul en barrios y zonas rurales como método de prevención de violencia (APP, JP, Buen Gobierno). “Por un lado, puede identificarse un grupo minoritario de partidos políticos (Ahora Nación, Libertad Popular, Perú Primero, Partido Morado, Primero la Gente, Buen Gobierno, Juntos por el Perú y el APRA), que, con distintos enfoques ideológicos y niveles desiguales de desarrollo técnico formulan diagnósticos y propuestas que abordan el limitado ejercicio de los derechos culturales. Estos planes evidencian un conocimiento de las competencias e instrumentos de gestión del Ministerio de Cultura”, señala.

Resulta preocupante –advierte Alfaro– la presencia de posiciones regresivas desde la perspectiva de los derechos culturales, expresadas en propuestas que plantean la eliminación del Ministerio de Cultura o su sustitución por enfoques religiosos, morales o disciplinarios. “Estas posiciones [Renovación Popular, Avanza País, Alianza para el Progreso, SíCreo, Perú Acción, Partido Demócrata Unido y Un Camino Diferente] no solo desconocen el marco normativo vigente y las políticas públicas desarrolladas en las últimas décadas, sino que cuestionan el principio mismo de la cultura como derecho y como espacio de ejercicio del pluralismo, uno de los pilares del orden democrático“, reclama.

Para Víctor Vich, lingüista y consultor en temas de política cultural, ninguno de los partidos políticos parece advertir el rol decisivo que puede cumplir la cultura para restaurar la vida social en el Perú. “Ninguno parecería haberse dado cuenta de que la actual crisis política es en el fondo una pérdida de la idea de comunidad. ¿Tener a tantos presidentes presos es un problema solo jurídico? ¿Plagiar impunemente una tesis de doctorado es un problema cultural? ¿Racializar la mano de obra es una estrategia económica o una vieja herencia cultural? ¿Organizar una juerga en una concentración deportiva –con salvaje violencia incluida– es solo un problema de indisciplina? ¿Es la corrupción generalizada un problema cultural?”, se pregunta.

La reflexión de Vich va más allá de programas en el sector: “Debemos afirmar, con coraje, que hay algo en nuestra cultura que nos socializa para transgredir siempre a la ley. Debemos afirmar que se ha instalado algo en el Perú que nos produce como ciudadanos profundamente individualistas que solo buscan su propio interés a cualquier costo. Debemos reconocer que hemos perdido toda idea de lo justo, de la justicia social, del mínimo interés por ‘lo común’”, lamenta.

Según advierte el especialista, los partidos políticos existentes siguen sin entender que hemos vuelto a tocar fondo y que tenemos que comenzar a restaurar las bases mismas de la vida social. “La construcción de nuevos centros culturales, de bibliotecas municipales y la buena gestión de los espacios públicos podría ser fundamental para comenzar a mirarnos (a sentirnos) y a relacionarnos de otra manera”. En términos parecidos reflexiona Diana Guerra: “Ningún partido político pone en el centro de su propuesta política a la cultura, como eje transformador y de cambio social. Ninguno se atreve a proponer que la inseguridad que ahoga al país pueda ser abordada desde una política cultural”, señala.

“Ni la clase política ni la tecnocracia gerencial ni el periodismo existente vislumbran a la cultura como un agente de desarrollo que podría contribuir, decisivamente, a hacer visible el vínculo social y la responsabilidad ante ‘lo común’: un agente valiosísimo para, desde ahí, comenzar a cambiar el sentido de lo político y de la política en general”, añade Vich.

1. Patrimonio cultural como oferta turística

Vincular ambos temas genera un consenso casi transversal en los grupos políticos que ven a la cultura como activo económico. Coinciden en la necesidad de “poner en valor” los sitios arqueológicos y museos. Perú Moderno, Fuerza y Libertad, Partido Patriótico y Libertad Popular enfatizan la gestión público-privada para que el patrimonio genere ingresos y empleo regional.

2. Identidad nacional e interculturalidad

El tema aparece con fuerza en los partidos con una base ideológica de izquierda. Coinciden en reconocer al Perú como un país pluricultural y proteger las lenguas originarias y los saberes ancestrales. Juntos por el Perú, Perú Libre y Venceremos proponen un “Estado plurinacional”. Por su parte, el Partido Demócrata Verde propone un sistema nacional de revitalización lingüística.

3. Cultura como industria generadora de riqueza

Coinciden en fomentar las industrias culturales como el cine, la música, el sector editorial y el arte mediante incentivos tributarios y créditos. Aquí destacan las propuestas del Apra (que propone la figura del “emprendedor cultural regional”), Avanza País, Partido Morado (que propone una Ley del Trabajador del Arte) e Integridad Democrática.

4. Cultura para cambiar conductas

Un hallazgo interesante es que muchos partidos (especialmente los que mezquinan la palabra ‘cultura’ en sus planes, emplean el término para referirse a un cambio de conducta ciudadana. Para estas agrupaciones, la crisis del país es “cultural” en el sentido de falta de valores, respeto a la ley y la corrupción rampante. Unidad Nacional, Fe en el Perú, Progresemos e Integridad Democrática proponen usar la educación para instalar una “cultura de integridad” que combata la corrupción.

5. Descentralizar el acceso a la cultura

Otros partidos coinciden en fortalecer el Ministerio de Cultura en las regiones y crear centros culturales comunales. Partido Morado y Juntos por el Perú proponen el fortalecimiento de los “puntos de cultura”, mientras que el PRIN declara un enfoque de integración regional.

Santiago Alfaro/ Sociólogo y especialista en gestión y políticas culturales: “Resulta preocupante la presencia de propuestas que plantean la eliminación o sustitución del Ministerio de Cultura”.

Diana Guerra Chirinos/ Historiadora y especialista en gestión cultural: “Estamos en el primer cuarto del siglo XXI y no podemos volver a situar a la cultura en el apéndice del sector Educación”.

Víctor Vich/ Linguista y consultor en política cultural: “La construcción de nuevos centros culturales y bibliotecas podría ser fundamental para comenzar a relacionarnos de otra manera”.

Además…

A saber

Según Santiago Alfaro, la disputa en torno a la cultura en las elecciones generales 2026 no es marginal ni secundaria, sino profundamente política.

Para el experto de la PUCP, en este escenario se enfrentan dos concepciones opuestas de cultura: una como derecho, diversidad y bien público, y otra que la reduce a mercancía, ornamento o instrumento de control social.

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