En Lima no hay silencio, sino un sonido característico que crea su propio ambiente. No está en la radio ni en los playlists de moda, sino en los motores de las combis, en el bullicio de los mercados, en el golpeteo de zapatos sobre el asfalto. Esa es la materia prima que «Kimba Fá» convierte en espectáculo con “La Ciudad Suena”, una puesta en escena que regresa con una temporada de ocho funciones para volver a escuchar Lima desde lo cotidiano.
“No es nostalgia, sino nuestro presente. Y también es una forma de reconocernos como parte de procesos, sensaciones, sonidos que nos envuelven y que olvidamos que están ahí”, comenta Luis Sandoval, director y fundador de Kimba Fá.
El escenario reúne a más de veinte artistas que combinan percusión, danza, acrobacia y teatro físico. Ollas, baldes, botellas, esteras y latas reemplazan instrumentos tradicionales. Cada escena toma referencias directas de la ciudad: un partido sin pelota, un bar con cumbia amazónica, una secuencia de cilindros iluminados que explotan en agua y ritmo. Esta versión suma la voz de Rosario Goyeneche, nominada al Latin Grammy, y una nueva coreografía de cajón que amplifica el pulso de la calle.
“¿Acaso se puede separar a la ciudad de sus sonidos?”, se pregunta Sandoval. Y es desde esa interrogante que nace el espectáculo: una ciudad contada en capas, en sonidos, en cuerpos que vivieron épocas distintas, pero bailan al mismo ritmo. Lo que sigue es una conversación entre generaciones que tienen algo que decir y, sobre todo, mucho que sonar.

Un caos sonoro
Lima crece, pero no siempre avanza. Esa es una de las ideas que atraviesan La Ciudad Suena, reposición de una puesta que se presentó hace más de una década como retrato de la diversidad, y que hoy regresa con nuevos sonidos, pero con problemas conocidos. “Lo que contábamos en los 2000 todavía pasa —enfatiza Sandoval—. Cambiaron los logos en los buses, cambió el alcalde, hasta el color de la ciudad, pero seguimos lidiando con lo mismo: desigualdad, desorden, olvido”.
La calle sigue siendo centro de vida y de caos, pero con nuevas reglas: más pantallas, menos contacto; más consumo, menos espacio. Y eso también se refleja en el espectáculo. No desde el juicio, sino desde la observación de lo cotidiano. “Contamos cómo se fueron formando los pueblos en los conos, cómo creció Lima con el aporte de andinos, afrodescendientes, amazónicos. Hablamos de eso porque creemos que el arte también es una herramienta de cambio”, añade Sandoval.
Cada escena capta un momento que podría pasar desapercibido, pero que define cómo se vive en la ciudad. Un bar donde suena cumbia al compás de botellas; una calle donde niños juegan sin pelota mientras zapatean. También están el transporte público, la violencia en el deporte, las combis, los ídolos populares. Fragmentos de una Lima que insiste.
“La ciudad y lo que ocurre en ella no necesita ser explicado —dice Sandoval—. Solo necesita ser reconocido, aceptado, para empezar a cambiar algo de aquello que, aunque característico, puede mejorar”. De ahí que el espectáculo no apueste por lo grandilocuente ni por la denuncia explícita. Lo suyo es recordarnos la ciudad con ollas, botellas, cañas, esteras y danza. Porque a veces el espectáculo no está en lo extraordinario. Está en la rutina. En lo que vivimos todos los días y rara vez nos detenemos a escuchar.
Sobre
Kimba Fá
Del 18 al 29 de julio en el Teatro Municipal de Surco
Viernes y sábados – 8:30 p.m.
Domingos – 7:00 p.m.
Entradas a la venta en Teleticket.




