Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

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El Perú vive una cruda realidad en cuanto a la brecha de saneamiento y agua, ya que, de acuerdo con un reciente estudio realizado por el Grupo de Análisis para el Desarrollo (Grade), la brecha de agua en la red pública de hogares urbanos pasó, entre 2017 a 2024, de 5,5% a 6,8%, lo que representa que el número de hogares urbanos sin agua por red aumentó de 371 mil a 560 mil, aproximadamente. La brecha de saneamiento, de acuerdo con el indicador sanitario amplio de Enapres, pasó de 10,8% a 11,4%, equivalente a un aumento aproximado de 728 mil a 939 mil hogares bajo ese indicador.
Lo que llama la atención de esta situación es que no es producto de la falta de inversión, ya que el sector público destinó cerca de S/20,26 mil millones en el periodo comprendido entre 2017 y 2024, es decir, aproximadamente S/2,53 mil millones por año. Incluso, la cifra total de inversión llega, hasta julio del 2026, a S/25,86 mil millones. Por ello, Álvaro Espinoza, investigador de Grupo de Análisis para el Desarrollo (Grade), señaló que no se trata de un tema de inversión, sino de gestión.
La gráfica muestra el aumento de la inversión en agua y saneamiento, así como el crecimiento de la brecha.
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“El Estado peruano ha venido incrementando su inversión en agua y saneamiento para poder cerrar la brecha en las ciudades del Perú, estamos hablando siempre del Perú urbano, y eso es consistente, pasan los años y cada vez se gasta más, sin embargo, la brecha no se cierra, al contrario, crece un poco”, indicó Espinoza.
El especialista explicó que en el estudio se determinó que la brecha en agua y saneamiento no se cierra porque la ciudad crece de manera informal y se desarrolla a un ritmo igual o mayor al que el Estado puede proveer el servicio. “Si la ciudad crece de manera informal, el suelo se ocupa en zonas que no tienen infraestructura de agua, por lo que se debe hacer toda la inversión, todo el gasto y la planificación, y eso demora muchos años y todos esos años las familias no tienen acceso y son parte de la brecha”, afirmó.
La propuesta
Álvaro Espinoza indicó que el estudio se efectuó en ocho ciudades, como Arequipa, Chiclayo, Huancayo, Ica, Lima, Piura, Tarapoto y Trujillo. En la investigación se estableció que cerca del 21% de la nueva ciudad creada desde el 2017 fue bajo un modelo preventivo, es decir, la ocupación ocurre en habilitaciones urbanas formales cuando ya existe el servicio. “Lo que están haciendo los habilitadores formales es generar ciudad con servicios”, refirió
En el otro modelo, denominado reparador, es utilizado por el Estado desde la décadas de los 60, a partir la Ley de Barriadas, para instalar redes de agua y desagüe. Ese modelo consiste en que primero sucede la ocupación y luego llega el servicio. “Es ineficiente, ya que actúa cuando el modelo existe”, afirmó.
Las diferencias entre los modelos preventivo y reparador.
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Espinoza resaltó que, bajo el modelo preventivo, se generan nuevos espacios y suelo urbano con servicio, lo que previene la brecha de agua y saneamiento. “Es brecha que no se crea. Si no existiera esa alternativa, todas esas familias tendrían que ir a expansión informal y habría más brecha. Esta prevención de brecha no se toma en cuenta, no está incorporada dentro de la lógica de inversión pública, por lo tanto, el sector público solamente se concentra en cerrar brechas y no puede hacer nada para promover que se prevenga la brecha”, refirió.
“Desde el 2017 hasta este año, la inversión anual en agua y saneamiento en Perú urbano ha aumentado en 87%. Se está invirtiendo más, pero la brecha no baja, incluso, al contrario, está creciendo, un poco pero está creciendo”, agregó.
Incluso, remarcó que se han identificado 135 mil nuevas edificaciones en las ocho ciudades entre el 2017 y 2024 y que, de esa cifra, el 81% no tiene agua, mientras que el 19% sí cuenta con el servicio.
Álvaro Espinoza, investigador de GRADE.
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Respecto a los programas que existieron, como Agua para Todos, Espinoza indicó que “tienen distintos nombres para la misma política”, que es el modelo reparador. “No es que esté mal, ya que se tiene que cerrar esa brecha porque la gente no tiene agua. El problema es que claramente no está funcionando, ya que se va avanzando, poniendo redes de agua, pero la ciudad va más rápido, generando más ciudad sin agua. La única forma de parar la reproducción sin agua es que haya alternativas donde las personas puedan ir a vivir donde haya agua, es decir, generar el agua antes de la ocupación”, precisó.
Una región en la que se ha evidenciado que las ocupaciones han ocurrido antes que el despliegue de las redes de agua y saneamiento es Arequipa, mientras que en Chiclayo ha habido más habilitaciones urbanas formales.
Impacto
El investigador de Grade explicó que el modelo preventivo para el cierre de brechas de agua y saneamiento es mucho más eficiente. “Si se tiene que poner redes en una zona que no está ocupada es mucho más barato y rápido, ya que se puede planificar y diseñar, pero si se tiene que poner en una zona donde ya hay otra infraestructura, ya están las viviendas, hay interferencias, etc, todo es más lento, mucho más complejo y caro”, expresó.
La aplicación del modelo preventivo impacta de manera positiva en el precio final de un inmueble. “Si se hace una habilitación urbana y se puede conectar a la red pública es mucho más barato que hacer un pozo y una planta de tratamiento, eso hace que sea más cara la vivienda nueva que se está creando, se está encareciendo la prevención”, remarcó.
Instalación de redes de agua y desague. (Foto: Contraloría)
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Además, detalló que los plazos para ejecutar una obra pública son muy largos, ya que desde se origina el proyecto hasta que se declara la viabilidad son dos años, y desde que se ejecuta la iniciativa y se concluye son cuatro años más. A este plazo se debe añadir el tiempo que los ciudadanos no contaron con el servicio, que en promedio son 6 años, por lo que existe una brecha de 12 años. “Ese es el tiempo que una familia en una ciudad peruana vive sin agua”, aseveró.
Otra diferencia está en el costo, ya que, por ejemplo, la conexión domiciliaria de agua en un proyecto público tiene un promedio de 16,500 soles, pero en las habilitaciones urbanas llega a 6 mil soles.



