domingo, abril 5

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Había algo distinto en el aire del Estadio Monumental. No era solo el clásico, ni la rivalidad de siempre. Era urgencia y necesidad. Unos 70 mil hinchas lo entendieron desde mucho antes del pitazo inicial y convirtieron la previa en un acto de fe: banderas, cánticos y un recibimiento que empujó a Universitario de Deportes a jugar como si no hubiera mañana.

Había algo distinto en el aire del Estadio Monumental. No era solo el clásico, ni la rivalidad de siempre. Era urgencia y necesidad. Unos 70 mil hinchas lo entendieron desde mucho antes del pitazo inicial y convirtieron la previa en un acto de fe: banderas, cánticos y un recibimiento que empujó a Universitario de Deportes a jugar como si no hubiera mañana.

LEE: ¡Por sus 50 años! Universitario homenajeó al ‘Cuto’ Guadalupe previo al clásico en el Estadio Monumental

Porque no lo había. O al menos así se sentía.

Universitario llegaba con 15 puntos, lejos de los 20 de Alianza Lima, líder del Torneo Apertura. La distancia no era definitiva, pero sí peligrosa. Una derrota podía significar resignar la pelea demasiado pronto. Por eso, más que un clásico, el partido se vivió como una final. Y así se jugó: con dientes apretados, piernas tensas y el corazón latiendo más rápido de lo habitual.

El Cuto Guadalupe recibió homenaje en la previa del partido. (Foto: Fernando Sangama / GEC)

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En el vestuario, la escena fue simbólica. José Luis “El Puma” Carranza, ídolo y ocho veces campeón, tomó la palabra. No lo hizo con cualquier camiseta, sino con la de Alex Valera puesta. Fue una arenga desde la historia, desde el peso de la camiseta, desde todo lo que significa Universitario. El mensaje era claro: había que estar a la altura.

El partido no fue brillante, pero sí intenso. Cada pelota se disputó como si fuera la última. Cada cruce tuvo algo de batalla. Universitario encontró en su carácter lo que quizás le había faltado en otros encuentros. Y también encontró fútbol en el momento justo.

Alex Valera, el goleador, el de la camiseta elegida por Carranza, apareció para inventar. Recibió y, casi sin mirar, sacó un pase de tres dedos que rompió líneas, que desordenó a la defensa íntima y que dejó a Martín Pérez Guedes de cara al gol. El argentino no falló. Definió con precisión de cabeza para desatar la locura en Ate.

Espectacular recibimiento de los hinchas cremas en el Estadio Monumental. (Foto: Fernando Sangama / GEC)

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Espectacular recibimiento de los hinchas cremas en el Estadio Monumental. (Foto: Fernando Sangama / GEC)

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Fue el único gol del partido. Y fue suficiente. Esta vez, fue suficiente, no como las anteriores fechas. Ahora fue distinto.

Alianza Lima, que había mostrado solidez y autoridad a lo largo del torneo, nunca terminó de encontrarse. Le faltó claridad y, sobre todo, rebeldía. No fue el equipo dominante que lo había llevado a la cima. Apenas insinuó en algunos pasajes, pero sin profundidad. Universitario, en cambio, supo resistir, cerrar espacios y jugar con la ventaja.

El técnico Javier Rabanal también jugó su partido. Antes del inicio, cumplió con su ritual: caminó la cancha, recorrió las áreas, tocó el césped, corrigió imperfecciones invisibles y saludó a la tribuna. Una cábala que, esta vez, pareció tener efecto.

El ‘Puma’ Carranza con Alex Valera tras el triunfo de Universitario. (Foto: Fernando Sangama / GEC)

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Pero si algo definió la noche fue la entrega. El capitán Andy Polo es el mejor ejemplo. En los minutos finales, tras doblarse la rodilla en una jugada fortuita, decidió quedarse en el campo. Apenas podía correr, pero siguió. Porque no era momento para salir. Porque el equipo lo necesitaba. Porque el clásico lo exigía.

Hasta los detalles más pequeños tuvieron su cuota de tensión. Un recogebolas fue expulsado tras esconder una pelota y protagonizar un cruce con Kevin Quevedo. Nadie quería regalar nada. Ni un segundo, ni un centímetro.

Cuando el árbitro pitó el final, el desahogo fue total. Rabanal lo gritó con el alma, señalándose el escudo, recordando que este equipo -tricampeón vigente- no está dispuesto a ceder su lugar sin pelear. La tribuna acompañó con un rugido que pareció sacudir el cemento del Monumental. Y Caín Fara, el central que defiende hasta con la cara, no dudó en ir y abrazarlo, cargarlo, como un gesto de firmeza en el proyecto.

“Si Alianza vino a encerrarse, todos lo harán, lo que quiero en la U es ganar títulos, vino mi familia por primera vez y están asombrados por el ambiente, me quise sumar a la celebración con los jugadores”, comentó Rabanal en conferencia de prensa. Un mensaje claro para el compadre y rival directo en el Apertura.

Universitario ganó con lo que mejor sabe: garra. No fue una exhibición, pero sí una declaración. Porque en noches como esta no importa tanto cómo se juega, sino cuánto se siente.

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SOBRE EL AUTOR

Periodista en Deporte Total de El Comercio desde 2018, el mismo año que Perú cumplió el sueño de volver a un Mundial. Siete años en el diario con coberturas de Eliminatorias, Copa América, Mundial, Juegos Olímpicos, Juegos Panamericanos, en vivo y streaming. Ver más
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