Tras dos años de altos retornos, el S&P500 cayó un 15% entre abril y agosto, por los temores de la guerra comercial, lo que parecía marcar el inicio de un mercado bajista. Sin embargo, desde entonces ha repuntado un 35%, alcanzando nuevos máximos históricos, en medio de vientos a favor por la reducción de tasas de interés por parte de la FED, lo que ha reavivado el debate sobre una posible sobrevaloración del mercado.
Actualmente, el índice cotiza a un múltiplo P/E ‘forward’ (relación entre precio y utilidades esperadas) de 25,1x, superior al promedio histórico de 18,6x. Aunque esto sugeriría una valoración elevada, el optimismo de los analistas persiste. Esta prima se explica por la concentración del índice en grandes tecnológicas como Microsoft y Nvidia, que en promedio cotizan a múltiplos de 33x debido a expectativas de crecimiento impulsadas por el mayor uso de la inteligencia artificial, servicios de nube y ganancias en productividad. En contraste, sectores como energía, finanzas y consumo defensivo mantienen múltiplos más cercanos a la media histórica.
¿Qué justifica el ‘rally’ de las ‘tech’? Sus utilidades han mostrado sólidos crecimientos, especialmente en semiconductores y servicios en la nube. Exceptuando Tesla, las “Magnificent 7”, han tenido incrementos en sus ganancias por acción de más de 20% interanual en los últimos 2 trimestres, superando al S&P500 (+13% y +12% respectivamente). Las proyecciones para los próximos trimestres también favorecen a las ‘tech’, mientras que el crecimiento esperado para el índice general permanece positivo aunque se desacelera (+7.9% y +7.3% según Factset).
En conclusión, el mercado estadounidense sigue siendo atractivo, especialmente para las acciones de crecimiento (acciones de empresas cuyas ventas, utilidades o flujos de caja crecen más rápido que el promedio del mercado) y tecnológicas. Los catalizadores clave han sido: i) la rápida adopción de soluciones de inteligencia artificial y cómputo en la nube; ii) la monetización más eficiente de plataformas digitales a través de publicidad y suscripciones; y, iii) la resiliencia de la demanda de semiconductores de última generación. A esto se suman los altos márgenes de las empresas gracias a economías de escala y las expectativas de que continue el ciclo bajista de tasas de interés.
Finalmente, el momento invita a un optimismo cauto e informado, donde la convicción se construya sobre datos y fundamentos, y no sobre narrativas. En mercados tan dinámicos como el actual, la mejor estrategia es aquella que combina visión de largo plazo con seguimiento de resultados empresariales y capacidad de adaptación.




