Carlos ‘Kukín’ Flores no necesitaba demasiado para encender una tribuna. Le bastaba una zurda fina, un amague de potrero y ese talento imprevisible que hacía pensar que en cualquier jugada podía pasar algo extraordinario. A su alrededor creció una fama que mezcló admiración, exageración y culto popular. Se decía que en juveniles era mejor que Maradona, que tenía más talento que Cueto, que su fútbol pertenecía a una categoría aparte. Pero su historia, más que la de un héroe perfecto, fue la de un hombre incapaz de sostener todo lo que prometía.
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Beltrán cuenta que la idea venía rondando desde hace tiempo, sobre todo en el Callao, donde la figura de Kukín permanece viva como una devoción de barrio.
Tras realizar en el 2024 la serie “Callao, barrio bendito”, el director fue acercándose a la familia y encontró en Carlos Flores Bollo, el hijo del exjugador, un aliado decisivo para aterrizar una historia que durante años pareció pertenecer solo al terreno de la leyenda. En mayo, adelanta, grabarán un adelanto con los actores elegidos en un casting.
“Cuando me llamó Christian me emocioné. Lo conversé con mi mamá y, muy aparte del proyecto, encontré en él, una buena persona”, cuenta Carlos.
La ambición del proyecto es grande. Beltrán habla de una película pensada a escala nacional e incluso internacional, sostenida por una investigación que —según explica— cerró en febrero. Dice que, tras la difusión inicial del proyecto, llegaron llamadas y propuestas de apoyo.
Lo próximo será gabar un adelanto, el casting y una preparación de 90 días para actores y actrices secundarios antes de entrar a rodaje.
No quieren improvisar. Tampoco entregarse al entusiasmo fácil, consciente de que una historia así se mueve en un terreno delicado, entre el fanatismo, el mito y la responsabilidad de no traicionar ni al personaje ni a quienes todavía lo lloran o lo celebran.
“Es una responsabilidad muy grande. No nos podemos permitir sacar cualquier tipo de proyecto. No queremos que tenga esas críticas que han tenido muchas películas que se han hecho de deportistas. Kukín es otra cosa”, resume Beltrán.
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La película abarcará, según adelanta el director, desde los cinco años de Kukín hasta sus últimos días. Sin embargo, el foco no estará solo en los episodios más duros o mediáticos de su vida —como la caída desde un quinto piso, rodeada entonces de múltiples versiones—, sino principalmente en lo que hacía de él un jugador distinto.
“Vamos a mostrar también los episodios mediáticos de su vida, pero el 80 o 90% de la película estará centrado en lo que Kukín fue dentro de la cancha: su talento. No queremos que la historia quede reducida solo a sus problemas, como pasó, por ejemplo, con la película de Héctor Lavoe. Nuestra idea es contar también aquello que lo llevó a esa etapa difícil, pero sin perder de vista el amor que le tenía la gente y el talento que lo convirtió en un futbolista distinto”, detalla el realizador.
En esa línea, el proyecto busca mostrar que el talento, cuando no va acompañado de rigor, contención y disciplina, puede terminar volviéndose insuficiente.
Beltrán no esquiva los pasajes más oscuros de la vida de Kukín, pero no quiere una película que se quede en el escándalo ni en la explotación del morbo. Quiere, dice, mostrar de dónde venían ciertas decisiones, qué dolores o conflictos las rodeaban, y por qué detrás del personaje mediático había una dimensión privada que casi nunca fue contada del todo.
“Carlos no le hizo daño a nadie. Lo que hizo fue encerrarse en su mundo y dañarse él como persona”, resume el director. “Tenemos que diseñarla con mucho cuidado, casi quirúrgicamente, para que la película no termine reduciéndolo a ese tipo de episodios que lo hagan ver más a él como que consumía droga”, reconoce.
Para el hijo de Kukín, ese equilibrio es clave. La familia, asegura, no ha impuesto una camisa de fuerza sobre el guion, aunque sí pidió tacto en determinados puntos. La intención no es negar lo que ocurrió, sino darle contexto. La imagen que quiere preservar de su padre, no es la de un santo, sino la de un hombre que se equivocó, reconoció sus errores y, aun así, dejó algo valioso dentro y fuera de la cancha.
“Lo que sí se conversó al comienzo es tener cuidado con algunos aspectos, por ejemplo, pero que sí se van a llegar a tocar, siempre con el mensaje a los jóvenes de que no se vuelva a repetir. Que aprendan que a veces no todo es talento, que se necesita siempre tener disciplina para poder llegar al éxito”, dice Carlos, al explicar qué le gustaría que quedara después de ver la película.
En esa construcción también aparece el Kukín íntimo, menos conocido, el padre amoroso que Carlos recuerda con ternura. Lo describe como una figura afectuosa, cercana, de consejos sencillos y gestos cotidianos.
“Su mayor ejemplo era él. Me decía: ‘Mírame a mí, mira lo que yo he cometido y esto es lo que tú no tienes que hacer’. Me recogía del colegio, me hablaba como a un amigo, me abrazaba y yo le decía que lo quería”, recuerda Carlos.
La película, entonces, no se propone solo recuperar al futbolista, sino también al ser humano detrás del mito. Y hacerlo desde una mirada que combine afecto, verdad y sentido dramático.
Beltrán asegura que ya han recorrido espacios fundamentales de su historia —Bellavista, Ciudad del Pescador, barrio Canadá, el estadio Grau— y que cuentan con permisos para grabar en locaciones claves. La idea, además, es que el proyecto tenga escala grande, con varias etapas de la vida de Kukín interpretadas por distintos actores y una caracterización cuidada.
“Queremos grabar también en Argentina, Brasil y en otros países donde jugó. La idea es mostrarlo en distintos escenarios, en toda su grandeza”, enfatiza.
El título, “Kukín: El verdadero 10 de la calle”, no es casual. Busca fijar una identidad que, para quienes lo vieron jugar, no necesita mayores explicaciones. Kukín fue el 10 de la calle no solo por una cuestión de camiseta o de apodo, sino porque su fútbol parecía venir del potrero, del barrio, del atrevimiento, de la picardía sin libreto.
Esa dimensión simbólica, además, ayuda a explicar por qué Beltrán decidió asumir una historia tan compleja. El director recuerda que Diego Maradona mencionó a Kukín en su libro como un astro peruano, y que Pelé también lo elogió. A esa lista suma referentes más cercanos, como Paolo Guerrero y Jefferson Farfán, nombres que han reconocido públicamente la dimensión que tuvo Flores dentro del imaginario futbolero del país.
Para Beltrán, esa cadena de admiración confirma que no está ante un personaje menor, sino ante una figura con peso propio en la memoria del fútbol peruano e incluso fuera de sus fronteras.
Queda por ver si la película consigue estar a la altura de una figura tan adorada como contradictoria. Por ahora, sus responsables hablan de una obra ambiciosa, emocional y rigurosa, con rodaje previsto entre agosto y setiembre de este año.
Pero más allá de su resultado final, el solo intento de llevar a Kukín Flores a la pantalla grande revela algo que el tiempo no ha logrado borrar: que su historia sigue viva en la memoria popular peruana, no como la de un héroe impecable, sino como la de un talento excepcional que nunca dejó de conmover precisamente porque fue, a la vez, fulgor y herida.











