Kira le manda un sopapo y le arrebata el celular por unos segundos. Se lo devuelve enseguida porque, en su burbuja moral, hace un distingo: el celular vale más que la dignidad.
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El rostro de Juan Carlos delata conmoción pero no miedo; denota, incluso, cierta sutil satisfacción. Sabe que lleva ventaja, porque tiene un arma poderosa, el incidente grabado, incluyendo la conversación de la congresista con un comandante al que llamó para atarantar.
Juan Carlos no es el único que grabó. Hubo otros fiscalizadores. El SAT lo respalda porque depende de la Municipalidad Metropolitana y la congresista malcriada no es amiga de Renovación Popular.

Kira, piña, se ganó el mayor escándalo de su carrera justo en su última temporada, cuando pasaba piola. No está agrupada porque ninguna bancada la aguanta.
Salió indemne de otros líos, pero de este le será muy difícil. En octubre, a un reportero que la sacó de quicio -tarea muy sencilla- le dijo “mi amor, todos los reporteros son una mier….”. En el código de Kira, ‘mi amor’ puede ser el inicio de un cortejo o de una bronca. Es la retórica del ‘mira, mi amor, con todo respeto, te vas a la con…”, ustedes me entienden.
A una reportera de Willax, que osó ‘provocar al diablo’ pidiéndole que no se altere, le dijo: “Si estuviera alterada, ya te hubiera estampado contra la pared”.
Luego, se auto homenajeó difundiendo un video en el que su portátil coreaba: “Si tocan a una, tocan a todas (bis), y sino, estampamos”.
No se refería, por cierto, a los estampados de florecillas que lucía en sus jeans en las primeras legislaturas.
Mira aquí el video de la agresión difundido por Cuarto Poder:
La entrevisté en esa primera fase, cuando era aún la congresista ‘cool’, la ex mototaxista achorada explorando su vena de lideresa popular. ‘Soy la misma de siempre, nunca cambiaré’ te decía y tomaba distancia de mochasueldos y políticos tradicionales, como para que le creas.
Pasó de Somos Perú a una bancada de centro izquierda, Integridad y Desarrollo, que formaron Susel Paredes, Flor Pablo y Carlos Zeballos, entre otros. Ese grupo se esfumó y brincó a Podemos, la bancada del co working que acepta a todos y de todo. Aún ahí la convivencia se le hizo difícil y terminó como no agrupada.
La mototaxi
Kira hubiera cumplido el sueño de los fujimoristas cuando fueron mayoría absoluta y su grupo de chat en Telegram se llamó ‘Mototaxi’.
Se perdieron a una hija del mitificado oficio que hubiera complementado a tanto abogado y emprendedor ventajista. Pero no hubieran aguantado su indisciplina. Lograron domar a Tania Ramírez, pero dudo que hubieran podido con Kira. Al caballero naranja Héctor Ventura que, en la comisión de fiscalización, generoso, le lanza un salvavidas diciendo que lo de ella fue ‘un forcejeo’, ya lo hubiera estampado hace rato.
Kira Alcarraz no es la misma. Ha engrosado sus cuentas y empeorado su conducta. Ni los vizcarristas la reconocen, ni los podemistas la quieren de vuelta. Mucho menos los somistas. Su frescura, en todas las acepciones, la llevó a protagonizar una denuncia de favores cruzados (por lo tanto, difíciles de judicializar).
Según un documentado reportaje de “Punto Final” de abril del 2024, contrató en su despachó a Estefanía Cuya, quien tendría una relación sentimental con el controvertido congresista Darwin Espinoza, luego expulsado de Acción Popular (AP). Días antes de ello, Alcarraz había ingresado a formar parte de la Comisión de Ética, pues Espinoza le cedió el cupo que correspondía a AP.
En efecto, la congresista en el candelero fue miembro de la comisión que hoy la juzga. Ahora la preside, curiosamente, otro miembro del grupo original de los ‘Niños’ acciopopulistas, Elvis Vergara.
Muchos pecadores la han sacado fácil allí pero Kira no tiene grupo, no tiene capital político, ni postula a la reelección como los que la juzgan y tal vez quieran lavarse las manchas de otorongo a sus expensas.
Esta vez su bronca no ha sido con un periodista ni con otro congresista; sino con un trabajador de la agencia municipal, la autoridad administrativa de un ente que ya hizo una denuncia policial que podría ser la antesala de una judicialización. ‘Tocan a uno, tocan a todos’ ha sido la reacción del SAT.
La esperanza de Kira es que en las próximas semanas, ediles y congresistas estén tan absortos en la campaña que la olviden. Pero por esa misma razón podrían tomarla de mototaxista expiatoria, bajarle los humos y apagarle el motor.




