En un momento en que Puerto Rico se lee como manifiesto cultural cada vez que un artista se sube al escenario, la cantautora Kany García aparece como una heredera insólita de esa tradición musical. Su nuevo álbum, “Puerta abierta”, deja la casa entera a la vista. Dentro de su hogar íntimo, se escuchan letras sobre “una manera de ver la vida, aunque hoy sea otra vida”. Ella se planta desde otro rincón del mapa sonoro, menos ruidoso que el reguetón puertorriqueño. Porque es Puerto Rico, de donde se fue por trabajo, soñó con volver y ahora lo mira como la sala con polvo en los muebles en los que se sentaba de niña.
La cantante, ganadora de siete Latin Grammy, se conecta por una videollamada a una entrevista con este diario desde su estancia en la isla. “Es el álbum más conceptual de mi carrera. Es una conversación con mi niña interior, que va relatando lo que fue su niñez hasta ahora. Y, claro, fue un proceso de buscar la música con la que me crié y el entorno en el que estaba”, dice.
LEE MÁS: Premios Grammy Latinos: Kany García le dedicó premio a Gian Marco, con quien competía en misma categoría
Entre los doce temas que componen el álbum, “Amor bonito” ocupa un lugar especial. Dice así: “Un amor bonito, como los de antes. Ese milagrito que te ha llegado para quedarse”. El ritmo de merengue pambiche, cálido y reposado, de la canción, grabada con percusión en República Dominicana, se construyó mano a mano con Juan Luis Guerra, el hombre con el que Kany siempre soñó cantar. “Es un sueño hecho realidad”, confiesa. Que el poeta de la bachata y el merengue le “prestara” a sus músicos para aprender de nuevos ritmos fue, además, una escuela tropical.
“Lo fácil hubiera sido hacer una bachata con Juan Luis, pero a mí me importa mi identidad y no perderme. Hacer algo que a él le cayera como anillo al dedo. Que él se montara en el mundo de Kany García, porque es ella a quien defiendo en mi álbum”, agrega.
Kany se fue a los álbumes familiares, los videos VHS y las fotos de la niña que amaba el campo donde vivía con su madre puertorriqueña y su padre español. “Se refleja ahí la diversidad cultural de mi sonoridad”, dice. Esas imágenes se transformaron en música campesina boricua y aires caribeños. Otras canciones resaltantes del disco son “La culpa” (con Rawayana), “Gatita” (con Nathy Peluso) y “La mala era yo” (con Yuridia). Las 11 canciones cuentan con video musical.
LEE MÁS: Kany García tras ser la mujer más nominada a los Latin Grammy: “Es una responsabilidad”
Existen muchas maneras de contar la historia musical de Puerto Rico: primero, la revolución salsera de Héctor Lavoe, El Gran Combo o Gilberto Santa Rosa; después, la ola pop de Ricky Martin, Chayanne y Luis Fonsi; y ahora, el reinado de lo urbano de Bad Bunny. En el otro extremo de la guitarra está Kany, una cantante de fusiones pop románticas y, ahora, de lo tropical, que conecta con el lado femenino por sus letras reparadoras.
“La representación de Puerto Rico viene siendo la misma, simplemente que nos manifestamos de forma diferente. Ahora mismo vivimos un momento de mucha visibilidad. Al tener al artista global más grande (Bad Bunny), podrían percibir que todos estamos bajo la misma sombrilla, pero antes de Benito venimos de la cultura de la salsa y luego la era del pop puertorriqueña. Es injusto que tuviéramos que manifestarnos igual y al mismo tiempo. Representamos al país y su sonoridad, que es inmensa en una isla tan pequeña”, dice.
Ahí está “DPM (De Pxta Madre)”, en el álbum “El amor que merecemos” de 2022. “Desde que tú te has ido, me ha ido DPM / El espejo me dice ‘guapa, estás en tu mejor etapa’ / Ay, quiérete, sacúdete, que lo malo es un TBT (‘throwback’, o mejor dicho, ‘una cosa del pasado’)”, se escuchaba mucho en los videos de viajes y sanación más virales de Instagram en su momento.
En esta entrevista, la cantante se comunica desde Puerto Rico, en su estancia momentánea, ya que su hogar está en Miami junto a su esposa Jocelyn Troche. Hizo un cambio radical en su estado civil y sentimental desde su divorcio con el guitarrista Carlos Padial en 2013.
“DPM es una canción más flamenquita, que habla… de una despedida. De lo bien que hacen ciertas despedidas y el bien que te hace la gente que se va. Viene de un sentimiento de las oportunidades que llegan cuando uno limpia la casa. En cambio, ‘La mala era yo’ es muy introspectiva sobre cómo una asume culpas y responsabilidades, en vez de estar señalando al otro todo el tiempo. Es como decir ‘déjenme sola’, porque quiero apropiarme de este momento y mirarme hacia adentro. Son dos canciones que tienen mundos bastante paralelos”, comenta Kany.
“Gracias a Dios, no todas las canciones son historias mías. ¡Menos mal! No son necesariamente una película de mi vida”, concluye.














