Para el fandom local, conocido como Army, el anuncio marca un punto de quiebre. Durante años, seguir a BTS implicó viajar al extranjero, ahorrar durante meses y observar desde otros países cómo se desarrollaban las grandes giras globales. Hoy, la emoción aterrizará en el Perú. Lima deja de ser un punto periférico y entra en el circuito de una de las industrias culturales más poderosas del mundo.
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El K-pop reúne a más de 800 millones de seguidores a nivel global, casi la mitad pertenecientes a la Generación Z, según un estudio reciente de Miniso para España. Esa base sostiene una industria que crece a doble dígito y mueve miles de millones de dólares al año. En ese universo, BTS es el caso más emblemático.
Hybe, el conglomerado que gestiona al grupo, superó los US$1.654 millones en ingresos en el 2024. La magnitud de su impacto quedó clara incluso antes de la pandemia: en el 2019, las actividades de BTS representaron el 0,5% del PBI de Corea del Sur, con ingresos anuales estimados en más de 10.000 millones de euros (aproximadamente US$ 11.859 millones), una cifra comparable a la de compañías estratégicas como Korean Air.

Las proyecciones confirman que la expansión continúa. De acuerdo con Allied Market Research para España, el mercado global de eventos de K-pop fue valorado en US$8.100 millones en el 2021 y podría alcanzar los US$20.000 millones en el 2031. Entre el 2019 y 2023, las cuatro grandes agencias surcoreanas —HYBE, SM, JYP y YG— triplicaron sus ingresos combinados, bordeando los US$3.000 millones, con un beneficio operativo cercano a los US$450 millones.
Los conciertos se han convertido en uno de los pilares más sólidos de esta industria. Según Billboard, la gira mundial de BTS Love Yourself (2019) recaudó US$246 millones, y se estima que el BTS World Tour 2026 podría superar los US$1.000 millones en ingresos. A ello se suma su impacto digital: Dynamite superó los 2.000 millones de reproducciones en Spotify, mientras que Butter acumuló 289 millones solo en su primera semana.
Para Katherine Muñoz, docente de Administración y Marketing de la UPC, esta magnitud responde a una lógica distinta a la de otros espectáculos tradicionales. “Un partido tiene inicio y fin; genera un pico alto de atención y termina. El K-pop, en cambio, es un fenómeno permanente que no deja de crecer y que permite a las marcas mantener una frecuencia constante de contacto con los mismos fandoms”, explica.
Esa continuidad es clave para entender su impacto económico. “No solo entretiene: genera identificación. Las personas adoptan patrones de vestimenta, estilos de vida y consumo. Ya no se trata solo de pasarla bien, sino de sentirse parte de algo”, añade Muñoz.

Ese poder se reflejó de inmediato en el mercado peruano. Según Spotify, el día del anuncio de la llegada de BTS al Perú, las escuchas del grupo crecieron 94% en el país, confirmando la dimensión del fenómeno y la emoción del fandom local.
Para Thais Peña Chávez, staff de Army Perú -comunidad organizada de fans en Perú del grupo BTS-, el anuncio tiene un significado que va más allá del espectáculo. “BTS no salía de gira desde 2022 y en giras anteriores Latinoamérica no era una prioridad. Muchas fans tenían que viajar fuera del país, lo que implicaba una inversión muy fuerte”, explica a Día1.
Según detalla, en años anteriores una fan peruana podía gastar entre S/4.000 y S/5.000 para ver a BTS en el extranjero, considerando entrada, pasajes, alojamiento, alimentación y merchandising. “Solo la entrada podía llegar a S/2.000 o más, especialmente con paquetes VIP y soundcheck”, señala.
Con la llegada del grupo al Perú, ese gasto se redefine, aunque sigue siendo significativo. “Las fans están dispuestas a pagar entre S/2.500 y S/3.000 por un paquete VIP. En tribunas, los precios podrían estar entre S/500 y S/600, sin contar el merchandising”, indica Peña Chávez.
Para las fans, sin embargo, la decisión va más allá de la ubicación. “El soundcheck pesa más por la experiencia. Es un momento más íntimo, donde los chicos interactúan y cantan canciones que no siempre están en el setlist. Eso es lo que realmente vale”, anota la integrante de Army Perú.

La logística detrás del espectáculo
La llegada de BTS también implica una operación logística de alta complejidad. Carlos García-León, gerente de la Unidad de Negocio de Carga de Talma Perú, explica que este tipo de conciertos requieren planificación especializada y coordinación temprana.
“Se implementa una logística de carga aérea orientada al manejo de instrumentos musicales y equipos técnicos de alto valor, con personal especializado, equipos adicionales y supervisión en campo”, señala.
El ejecutivo comenta que se trata de operaciones prioritarias, con procesos acelerados de recepción, aforo y despacho, adaptados a las exigencias del espectáculo. El escenario 360 grados, utilizado en otras fechas del tour, ha elevado las expectativas del público latinoamericano.
“México es nuestro referente más cercano. Si allí se aplicó ese formato, tenemos la esperanza de que también llegue al Perú”, sostiene Peña Chávez.

Un fenómeno cultural que empuja el comercio y el consumo
El impacto del K-pop no se limita al entretenimiento. Según Carlos Posada Ugaz, director ejecutivo de Idexcam de la Cámara de Comercio de Lima (CCL), entre enero y noviembre del 2025 las importaciones peruanas desde Corea del Sur alcanzaron aproximadamente US$759 millones, con un crecimiento interanual cercano al 2%.
“Si bien no existe una estadística oficial que permita aislar cuánto de ese crecimiento responde al interés cultural del K-pop, sí se observa una correlación clara entre el posicionamiento cultural de Corea del Sur y el mayor dinamismo de determinadas categorías de consumo, especialmente cosmética y alimentos”, explica.
El Tratado de Libre Comercio entre Perú y Corea, vigente desde el 2011, ha sido clave. “La progresiva desgravación arancelaria ha permitido que más productos coreanos ingresen con menores costos. A partir de 2026 se activan nuevos hitos de desgravación total”, señala, aunque persisten barreras no arancelarias.
En los emporios comerciales, el efecto ya se siente. En Gamarra, la llegada de BTS se perfila como una campaña comercial propia. Para Susana Saldaña, presidenta de la Asociación Gamarra Perú, el impacto es inevitable. “Muchas mypes ya están preparando producción inspirada en la moda y el estilo de los chicos de BTS”, acota.
La dirigente estima que la campaña podría ayudar a sostener las ventas de fin de año en al menos 3%, en un contexto electoral tradicionalmente complejo. Polos, gorras, outfits completos, mochilas y bolsos figuran entre los productos más demandados.

En Mesa Redonda, el impacto se concentra en souvenirs y productos gráficos. Roberto Díaz, vicepresidente encargado de la Asociación de Importadores Medianos, estima que las ventas vinculadas a BTS podrían crecer hasta en 400%, impulsadas por Lima y provincias.
Desde el marketing, el consumo vinculado al K-pop se sostiene en la autenticidad. “El fandom identifica muy rápido a quien solo se está subiendo a la ola”, advierte Muñoz. “Se valora que la marca entienda la identidad de la comunidad y aporte algo real en el tiempo”, agrega.
Esa lógica se refleja en negocios de experiencia. Para Jael Morán, dueño de Saram Kafe, más del 70% de sus clientes son fanáticas de BTS. “Buscamos que puedas respirar, comer y ver K-pop. Que la experiencia sea completa”, explica.
De cara a la llegada del grupo, estima crecer entre 20% y 30% hasta octubre de 2026. “Primero viene la entrada. Luego el lightstick, el álbum, el merchandising. La demanda va a ser exponencial”, anticipa.
Corea mira al Perú como eje regional del K-pop
Para la representación diplomática de Corea del Sur en el Perú, el K-pop se ha convertido en una poderosa herramienta de proyección cultural y económica. “Cuando la gente escucha la palabra Corea, la primera imagen que se les viene a la mente es el K-pop”, señala Choi Jong-uk, embajador de la República de Corea en el Perú.
Desde la Embajada de la República de Corea en Perú, se destaca que nuestro país ha dejado de ser solo un receptor para convertirse en un polo regional de difusión cultural; impulsado por festivales, conciertos y competencias, como el K-pop World Festival Perú que se organiza desde el 2010.

La cooperación cultural, el surgimiento de propuestas híbridas como el Q-pop (género musical peruano que fusiona la estética, coreografías y producción del K-pop coreano con la lengua quechua) y las oportunidades en industrias creativas refuerzan esta tendencia. “Perú se está consolidando como un centro de difusión de la cultura coreana en la región”, afirma el embajador.
La llegada de BTS al Perú no es solo un concierto. Es la confirmación de que la cultura puede convertirse en un motor económico sostenido, capaz de movilizar consumo, comercio, logística e identidad. En octubre próximo, cuando BTS suba al escenario en Lima, no solo se encenderán los lightsticks. También se confirmará que el Perú ya forma parte del mapa global del K-pop: una ola que llegó gracias a la música, pero que perdura y transforma la cultura popular en el país.















