domingo, julio 12

En 11 de los últimos 20 años, la inflación anual de cierre se mantuvo por debajo del 3% y solo escapó del rango meta (entre 1% y 3% de la tasa anualizada) en períodos específicos, asociados principalmente a choques de oferta relacionados con factores internacionales.

“Yo diría que la inflación en el Perú es la envidia de la región: varios países vecinos han tenido inflaciones muy por encima de los niveles que ostentamos —Brasil y Colombia, por ejemplo— y Perú ha logrado controlar bastante bien esa variable, al punto de que no es un problema central”, remarca Eduardo Jiménez, Jefe del Sistema de Información de Macroconsult.

Coincide con Jiménez la economista Paola del Carpio, coordinadora de Investigación de Redes, quien agrega que, más allá de ser una entidad representada por Julio Velarde, el BCR resalta por su nivel de institucionalidad, que se sostiene gracias al equipo de técnicos que tiene.

“Manteniendo inflación baja, el tipo de cambio estable y el valor de nuestra moneda, ha logrado destacarse por cumplir con su labor de velar por la estabilidad de precios”, detalla del Carpio.

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Escenario adverso

Los choques de oferta que ha debido enfrentar nuestra inflación son diversos: por ejemplo, en el 2007 y el 2008 esta se vio impactada por el alza en la cotización de alimentos e insumos importados. Entre el 2014 y el 2016, estuvo asociada con un alza del tipo de cambio, un alza de tarifas de servicios y fenómenos climáticos. Entre el 2021 y el 2023, se dio por los mayores precios de los ‘commodities’ tras la pandemia y la guerra entre Rusia y Ucrania –lo que encareció los combustibles y los fertilizantes agrícolas–, y El Niño costero.

“Sabemos que el Banco Central maneja muy bien esa variable y que, cuando la inflación se sale del rango meta, va a hacer todo lo que esté a su alcance para que regrese, sobre la base de la confianza que ha construido en todos estos años. El BCR ya era una institución confiable en los años noventa, pero ha reforzado mucho más ese criterio técnico y, gracias a esa confianza, los agentes económicos tienen bastante bien ancladas sus expectativas”, opina Jiménez.

De otro lado, las reservas internacionales –compuestas por activos en oro y moneda extranjera que garantizan la disponibilidad de divisas frente a turbulencias en los mercados financieros– se multiplicaron por siete, pasando de US$14.638 millones en julio del 2006 a US$98.436 millones al cierre de mayo de este año. Según el banco, estas alcanzaron los US$100 mil millones al 9 de junio de 2026. Dicho monto representa el 28,8% del PBI local, muy por encima de la proporción registrada en otras naciones de la región, como Brasil (16,3%), Colombia o Chile, ambas con 14,7% del PBI.

Del Carpio explica que las reservas internacionales resaltan como una de las fortalezas de la macroeconomía peruana, brindando seguridad frente a otros riesgos abiertos que existen en el país.

“A pesar de todas nuestras deficiencias, los mercados siguen creyendo en nosotros. Nuestro elevado nivel de reservas deja claro que seguiremos enfrentando nuestros compromisos”, explica la economista.

Jiménez recuerda que las quiebras bancarias ocurridas en 1998 reforzaron la preocupación desde el Banco Central por acumular reservas y sostenerlas a niveles más elevados que el promedio de países de la región.

“Eso es positivo más allá del número de reservas, porque muestra el compromiso con el país para proteger las cuentas y contar con recursos para afrontar crisis, sobre todo ante salidas repentinas de capital, que afectan mucho el tipo de cambio”, acota.

Las turbulencias a nivel nacional e internacional registradas en el último quinquenio demandaron intervenciones al BCR para reducir, también, la volatilidad cambiaria. En un contexto de alta incertidumbre política, en el 2021 se registró la salida de capitales de corto plazo más elevada de la historia: unos US$16.858 millones salieron del país, cifra equivalente al 7,5% del PBI.

Una salida abrupta de capitales, además del impacto negativo sobre el sistema financiero, produce fuertes presiones al alza sobre el tipo de cambio. Ese mismo año, el tipo de cambio se depreció en 10%, y el ente emisor tuvo que ofertar US$17.506 millones en el mercado para evitar que la moneda nacional cayera aún más.

Administración interna

La baja tasa de inflación, la acumulación sin precedentes de reservas internacionales y el buen manejo del tipo de cambio se debieron a la correcta gestión de la institución. Si bien el BCR es un organismo constitucionalmente autónomo y se financia con recursos propios, su presupuesto total, el gasto en planilla y el número de trabajadores han aumentado en mucho menor proporción que otras instituciones públicas.

Entre el 2018 y el 2025, los fondos asignados para el pago de personal y obligaciones sociales dentro del BCR solo crecieron 5,7% (de S/192 millones a S/203 millones). El número de trabajadores solo aumentó en 3,7% (de 923 a 957).

En ese mismo período, el gasto en planillas de todo el sector público aumentó en 58,4% (de S/54.665 millones hasta los S/86.610 millones), mientras que la PEA ocupada en el sector público lo hizo en 12,1% (de 1,37 millones a 1,54 millones), según cifras del Consejo Privado de Competitividad. Es decir, el aumento del gasto en remuneraciones fue 8 veces mayor en el Estado que en el BCR, y el aumento de personal en el Estado fue el triple que en la entidad emisora.

“Más allá de lo macro, uno de los aportes más importantes del Banco Central al país es mostrar que se puede confiar en una institución pública, que se puede tener personal de gran nivel y una institucionalidad fuerte. El BCR tiene un sistema de reclutamiento muy riguroso —yo tuve el honor de pasar por ese curso— y hoy tiene más programas. Se selecciona al personal de manera muy estricta, y quienes trabajan allí son profesionales de gran nivel”, sostiene Jiménez.

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