La agresión contra Julio César Uribe es repudiable y no admite matices. No hay resultado, mala decisión ni frustración que pueda justificar que un ídolo de Sporting Cristal y del fútbol peruano sea atacado. Uribe podrá ser cuestionado por sus decisiones y tendrá que responder por ellas, como cualquier autoridad deportiva, pero nunca debería pagar con violencia por una crisis que no comenzó con él.
La agresión contra Julio César Uribe es repudiable y no admite matices. No hay resultado, mala decisión ni frustración que pueda justificar que un ídolo de Sporting Cristal y del fútbol peruano sea atacado. Uribe podrá ser cuestionado por sus decisiones y tendrá que responder por ellas, como cualquier autoridad deportiva, pero nunca debería pagar con violencia por una crisis que no comenzó con él.
Hoy es señalado por el irregular momento de la institución, pero Julio César recién lleva más de un año y medio en el club. Primero fue vocero y luego asumió como director general. Sin embargo, recién a mediados de este año tomó de manera plena las decisiones futbolísticas del club. Antes, buena parte de ellas requería consenso con Gustavo Zevallos y con un comité deportivo. Es decir, la responsabilidad deportiva que hoy recae sobre sus hombros no ha estado siempre concentrada en él.
Lima 01 Agosto 2026
Conversatorio y presentacion del libro de Sporting cristal con el ex futbolista Julio Cesar Uribe en la 30 edición de la feria del libro de Lima que se viene realizando en el centro de convenciones del Jockey Club.
Fotos: Cesar Campos/@photo.gec
/ NUCLEO-FOTOGRAFIA > CESAR CAMPOS
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Y hay que recordar, con el dolor en el pecho, que Cristal viene de seis años sin títulos y de episodios que han golpeado deportivamente a la institución, al hincha. El propio Joel Raffo reconoció errores en su gestión antes de que Uribe fuera nombrado como máxima autoridad deportiva en julio del año pasado. Por eso, resulta injusto que ahora sea él quien aparezca como el único responsable de enderezar un rumbo que lleva tiempo torcido. Uribe está pagando, en buena medida, los platos rotos de decisiones y gestiones anteriores.
Eso no significa quitarle responsabilidad. Al contrario, aceptar la máxima responsabilidad deportiva implica asumir también el riesgo de ser cuestionado. No hay margen para equivocarse cuando un club grande como Cristal atraviesa una etapa de tanta desesperación y ansiedad. Han pasado tres entrenadores este 2026 y la última apuesta es Roberto Mosquera, una elección que tiene detrás una carga especial por su cercanía, su historia y su identidad con el club. El resultado de esa decisión también será evaluado.
Pero una cosa es exigir explicaciones y otra, muy distinta, agredir. Y aquí debería sentarse un precedente. Uribe aceptó hacerse cargo de un fierro caliente porque, entre otras razones, su vínculo con Cristal es profundo. Es el amor a una institución que no solo forjó su exitosa carrera como futbolista, sino también como una persona de bien, de esos valores que han diferenciado siempre al Sporting Cristal. Se puede discutir si está preparado para el desafío, si tomó las decisiones correctas o si debe continuar. Lo que no se puede hacer es convertir la desesperación de una hinchada en una licencia para ir contra la persona que está dando la cara en duros momentos, contra un ídolo.

Julio César Uribe y Roberto Mosquera durante la presentación oficial del nuevo entrenador celeste.
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Ahora habrá que esperar los siguientes movimientos del club. Las medidas ya están tomadas, los agresores identificados, pero ahora mismo se ha formado una nube llena de incertidumbre respecto al futuro de Julio César. Curiosamente, en un momento en el que los resultados no acompañan al elenco rimense. Se habla de una posible salida y de que su entorno más cercano le habría pedido dar un paso al costado. Sería comprensible. Su otra familia, aquellos que dicen quererlo y que lo tienen en un altar por todo lo brindado al club, terminó agrediéndolo por la espalda. Es una imagen tan dolorosa como reveladora.
Con una temporada que parece haber cambiado sus objetivos —de pelear el título a intentar rescatar el año con una clasificación a la Copa Sudamericana—, Cristal necesita algo más que apagar incendios. Urge detenerse. Revisar qué se hizo bien, qué se hizo mal, quién tomó cada decisión y qué debe cambiar. Un comité de crisis, una sesión de autocrítica profunda, un espacio donde la institución vuelva a mirarse hacia adentro antes de empezar a planificar el 2027 porque el próximo año no será uno cualquiera. Si Cristal no consigue romper esta sequía, superará los siete años sin campeonar, el tiempo más largo que el club que nació campeón ha pasado sin ganar un título nacional.
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