Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Al enterarse de la noticia de que Instagram y YouTube fueron considerados responsables de contribuir a la depresión de una joven estadounidense, Lori Schott dio un salto de alegría y rompió a llorar, como si fuera su propia hija quien acabara de ganar el caso.
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
La sentencia, que les ordena pagar 3 millones de dólares en concepto de daños y perjuicios, sienta un precedente para miles de familias estadounidenses que acusan al sector de las redes sociales de diseñar deliberadamente sus plataformas para volver adictos a los menores, mediante funciones como los “me gusta”, las notificaciones, el desplazamiento infinito y la reproducción automática de videos.
Defensa de “depredador”
Las plataformas “no tenían defensa” en este caso, afirmó Schott, indignada por la manera en que los abogados de Meta atribuyeron la depresión de Kaley G. M. a su difícil infancia, con un padre negligente, una madre de mal genio y una hermana que intentó suicidarse.

Familiares portan retratos de las víctimas en casos de depresión por adicción a las redes sociales. (Foto: AFP)
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});

Pancarta muestra los nombres de todas las víctimas que cayeron en adicción a las redes sociales. (Foto: AFP)
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
“Su defensa es atacar a Kaley y a su familia. ¿Y qué hace un depredador? Un depredador ataca a la víctima”, dijo.
Enfurecida, esta mujer de 60 años no logra asumir la pérdida de su hija Annalee, que se suicidó a los 18 años.
Su madre descubrió una nota en la que explicaba que se consideraba fea y que se comparaba constantemente con otras mujeres en las redes sociales que utilizaban filtros con regularidad para alterar su apariencia.
“Moldear la opinión pública”
Durante el juicio, los abogados de YouTube e Instagram trataron de convencer al tribunal de que estas plataformas ya no buscan maximizar el tiempo que sus usuarios pasan en línea, a diferencia de sus primeros años.
Pero para Julianna Arnold, cuya hija Coco murió a los 17 años tras recibir fentanilo de un desconocido que conoció en Instagram, estos esfuerzos parecen vanos.
Dice que el aumento de las demandas contra estas plataformas es esencial, ya que el Congreso de Estados Unidos examina actualmente un proyecto de ley que, por primera vez, impondría un “deber de cuidado” a las empresas de redes sociales.
“Esta decisión no va a cambiarlo todo, pero nos ayuda a moldear la opinión pública”, insistió. “Es la única manera de conseguir que los legisladores en Washington nos escuchen”, insistió.















