viernes, marzo 13

Hoy es el Día del Niño y muchas familias deben estar disfrutando de diversas actividades en plazas, parques y diversos establecimientos de las ciudades de nuestro país.

Quizás para algunos sea un día comercial –considerando que el Día Internacional del Niño es el 20 de noviembre y que por Ley 27666 el Día del Niño Peruano se celebra el segundo domingo de abril–, pero en el Perú según Wikipedia “se celebra de facto el tercer domingo de agosto”. En cualquier caso, el espíritu de muchas instituciones públicas y privadas es celebrar la risa y el juego de nuestros niños. La pregunta que siempre me hago es qué viene después.

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Los niños y niñas tienen derecho a realizar actividades recreativas, y ello puede llevarse a cabo en la casa o frente a un dispositivo electrónico, pero llevarlo a cabo en la plaza o en el parque tiene algunos beneficios adicionales para la salud física, emocional y social. Es la oportunidad de conectarse con otros niños, con la naturaleza, con otros espacios que pueden alimentar nuestra imaginación y nuestra creatividad.

Por ello, cuando alguien me pregunta: “¿Conoces buenas prácticas que puedan hacer los alcaldes en las ciudades?”, respondo que sí, y que van más allá de construir monumentos, reparar pistas y veredas, recoger la basura, sembrar flores y arbustos, o colocar un tobogán. Por el contrario, las que recomiendo son buenas prácticas que han sido pensadas para los niños –e incluso con los niños– en lugares donde se limpia y recupera el espacio –de repente antes un botadero de basura, un terreno baldío o un parque mal iluminado– y se colocan implementos que permitan el juego seguro. Las buenas prácticas, además, incluyen actividades a lo largo del año con la participación de los vecinos y otros agentes culturales que pueden hacer del espacio público un lugar de recreación y aprendizaje permanente durante todo el año.

Los servidores públicos y sus aliados que impulsan buenas prácticas entendieron que no es suficiente embellecer el lugar, sino generar confianza en su uso. Pensaron también en los niños y niñas con alguna discapacidad, y desde el diseño incorporaron elementos inclusivos.

Y más aún, pudieron medir el impacto, pues no basta con decir cuántas ferias o espectáculos se llevaron a cabo, o cuánta gente asistió, sino que adicionalmente se midió qué tan satisfechas están las personas –sobre todo los niños– con el espacio y sus actividades, si regresarían alguna vez y qué otras actividades les gustaría tener.

De acuerdo con el INEI, en el censo 2017 se registraron 6’729.859 niñas y niños de 0 a 12 años de edad, de los cuales un 75,6% vivía en las zonas urbanas. Según la Encuesta Nacional de Hogares, en el 2024 el 39,9% de los hogares en las zonas urbanas contaba con al menos un miembro menor de 12 años. Espero que el censo 2025 nos revele una fotografía más actualizada sobre nuestra población infantil en cada distrito de nuestras ciudades e implementar mejores políticas de diseño urbano para la recreación y la sana convivencia.

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