José María Balcázar es producto de pactos inconfesables, del voto secreto y de las fracturas que este oculta entre congresistas limeños/regionales y blancos/andinos.
En esa batalla íntima, blindada ante la opinión pública y ante los acuerdos anunciados, María del Carmen Alva tenía las de perder. Antes no había tanto traidor y el conteo coincidía con lo que había anunciado cada bancada.
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Si había dudas previas, los partidos pedían a su gente que muestre sus cédulas antes de meterlas a la urna. Hoy, ningún portavoz se atreve a pedir eso a su gente, porque sería desairado.
José María Balcázar se presentó como candidato de la Lista 4 de Perú Libre. Logró más votos que Héctor Acuña (Honor y Democracia), María del Carmen Alva (Acción Popular) y Edgard Reymundo (Bloque Democrático Popular) (Composición: El Comercio)
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Balcazár encarna los tiempos de disolución, individualismo, pulverización partidaria, llámenla como quieran. Cualquier congresista puede hacer de las suyas para acercarse al candelero presidencial.
El propio José María hizo saber su disponibilidad para reemplazar a Jerí. No fue alguien de su bancada, sino Guido Bellido, hoy en Podemos, quien lo mencionó como candidato a suceder a Jerí en un post del 11 de febrero. O sea, al margen de PL, que no buscaba la censura de Jerí pues planteaba la ardua vacancia; José María sí quería lanzarse. Y lo lanzaron porque no tenían a otro que lanzar ni nada que perder.

José María Balcázar ingresó al Congreso de la mano de Perú Libre y Pedro Castillo. Aquí el 26 de julio del 2021 tras la juramentación.
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Por todo esto, Balcázar surge como un presidente random, como Pedro Castillo. Buscó su oportunidad, pero sin certezas, ni cuadros, ni plan. A sus 83 años, no tenía cuerpo ni interés por pelear una remota candidatura congresal de cinco años; pero llegar de sopetón a cinco meses de presidente del Perú, ¡vamos!. Es, más o menos, el tiempo que la pasó muy mal el año pasado, como consta en licencias médicas y de hospitalización que presentó al Congreso el año pasado. No pateó el balde, ¡se hizo presidente!
José María llegó a este Congreso como jale de Perú Libre, que lo escogió porque tenía relevancia abogadil y académica en Chiclayo (tuvo que dejar su larga carrera judicial, al ser destituido por el ex CNM, que lo castigó por no aplicar una sentencia). No es comunista de manual, sino izquierdista de estilo propio y de miscelánea conceptual.
José María Balcázar (Perú Libre) presidió la Comisión de Educación y la Comisión Especial encargada del proceso de selección de nuevos magistrados del TC. (Foto: Congreso)
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Rompió con la radicalidad de su bancada en el 2022 y pasó con otros disidentes de PL a la bancada Perú Bicentenario. Esta se disolvió y quedó sin grupo. Se afilió a Ahora Nación pero fue expulsado más adelante, cuando el partido revisó los antecedentes que jugaban en su contra.
¿Cuáles eran sus vergüenzas?. Por lo menos, cinco carpetas de fraude a personas jurídicas y otros delitos, derivados de su paso accidentado por el Colegio de Abogados de Lambayeque que le imputó pillarle fondos y una, más reciente, por cohecho, al entregar un currículum de una tercera a los emisarios de la ex fiscal de la nación, Patricia Benavides.
Cuando se defendió de esta imputación, lo hizo con tanta frescura, validando lo que se le imputaba como si le correspondiera licencias y atención preferente por ser de tercera edad. Algo de eso hay cuando reniega ante quien le recuerde sus declaraciones a favor del matrimonio a partir de los 14 años. Es cierto que excluyó casos donde hubiera violencia; pero también es cierto que convalidó como normal que adultos se casaran con menores de 18, con todas las desproporciones del caso.
«El presidente accidental está actualizado en mañas políticas pero desactualizado en todo lo demás. No tiene experiencia de gestión; es, digamos, un Castillo chocho con cierto predicamento. Su improvisado discurso de toma de mando fue un collage. Citó como novedad de nuestros tiempos al internet cuando todo el mundo habla de IA», afirma Fernando Vivas. (Foto: El Comercio)
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Sin embargo, José María tenía algo a su favor: presidió la comisión que organizó la elección del nuevo plantel del TC durante la gestión de Alva.
Fue el primer gran hito de este Congreso: recuperar la facultad que Vizcarra no solo les cuestionó sino que agarró de pretexto para disolverlo.
¿Y quién ejecutó eficientemente y en plazo corto el proceso? Pues José María, en nombre de una bancada traicionada por Pedro Castillo, que aprendió a sobrevivir en el Congreso y a tejer los lazos para ser parte de la mesa directiva. Si el ‘Bloque’ (FP, APP, Avanza, Somos y, a veces, Renovación) no se hubiese roto por las elecciones; le manifestaría su cariño. Alva se lo tiene, pues se tomó con él una amable foto pos derrota.
El presidente accidental está actualizado en mañas políticas pero desactualizado en todo lo demás. No tiene experiencia de gestión; es, digamos, un Castillo chocho con cierto predicamento. Su improvisado discurso de toma de mando fue un collage. Citó como novedad de nuestros tiempos al internet cuando todo el mundo habla de IA. A propósito de las mañas, su primer impasse está relacionado a un posible indulto o gracia a Castillo. Lo ha descartado de su agenda, pero no ha zanjado con una narrativa que le atribuye supuestas declaraciones públicas a favor de indultarlo (no he encontrado ninguna evidencia de ninguna), lo que ahora lo conduciría a violar la neutralidad electoral y, quizá, a su censura.
Sus otros dilemas los está viviendo ahora mismo: renovar un gabinete que escapa a sus entendederas, a su entorno carente de cuadros y al precario pacto de Perú Libre con partidos que giran como veleta electoral.
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