El partido le insistió a Jerí y se resistió. Tras devaneos personales les dijo que asumía el reto pero a condición de que el partido le diera todo su apoyo. La reticencia de José tiene un motivo conocido y espinoso: una denuncia por abuso sexual que se hizo pública en enero. El somista se defendió en el mismo reportaje que destapó el caso, alegando que la víctima que dijo haber sido dopada y abusada, no tenía la certeza absoluta -eso también se vio en el reportaje- de que él había sido su victimario, pero lo presumía por una serie de indicios. Jerí asegura que no fue él, dejando abierta la posibilidad de que fuera otro de los presentes en la francachela donde sucedió el abuso o que la denunciante no haya sido exacta. Mis fuentes somistas dicen que incluso Jerí ya no tendría la condición de investigado por la fiscalía, sino de testigo. Pero, cuando pedí un documento que acreditara ello, no tuve respuesta.
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¿Por qué la mayoría congresal avala a Jerí? Por la presunción de inocencia en un caso de contornos borrosos, sería una primera respuesta, pero es muy técnica y leguleya. Mi respuesta es que, lo que para otros grupos sería un tremendo dilema, para un Congreso conservador es un ‘statement’. A través de la candidatura de Jerí, la mayoría congresal está rechazando la ‘ideología de género’ que criminaliza no solo toda forma de abuso a la mujer sino hasta la mínima sospecha de aquella. Para muchos de los que han votado por él, Jerí no es sospechoso de ser victimario sino víctima. Pero ese dilema convertido en ‘statement’, no necesariamente es el de José Jerí. No creo que lo sea. Él sabe perfectamente lo que hizo y lo que no hizo.
Creo más probable, en nuestro flamante presidente del Congreso en el candelero, el temor a que se siga hurgando, ya no solo en los detalles del caso, sino en su conducta procesal -¿cumplió con la terapía psicológica ordenada por la autoridad?- y en sus intimidades de joven soltero (tiene 38 años). Frente a esa amenaza latente, está el enorme reto para un político de carrera de presidir un poder del Estado. Hasta ahora, Jerí ha tenido dos cargos a los que llegó como accesitario. Fue regidor metropolitano somista al final de la gestión de Susana Villarán y, para quienes lo han olvidado, entró a este Congreso como accesitario de Martín Vizcarra cuando este fue inhabilitado, antes de iniciarse la primera legislatura en el 2021.
José Jerí ya no es accesitario sino amigo elegido de la mayoría congresal. Los primeros días de la semana pasada, Somos no cantaba victoria, pero hacia el jueves, dos hechos le daban ventaja: la inclusión del amigo izquierdista del bloque, Waldemar Cerrón de Perú Libre, en la lista a la mesa; y la decisión de abstenerse de la Bancada Socialista (formada por ex perulibristas). El fiel de la balanza ha sido, en esta oportunidad, Acción Popular. Los ‘Niños’ han madurado algo y se hicieron esperar antes de participar en la lista.

Jerí pasará por la lupa de los medios y la trituradora de la oposición. He ahí el dilema para cualquiera. Se recordará, por ejemplo, que Jaime Villanueva, el ex asesor de Patricia Benavides, dijo de él que se interesó en negociar su voto si la entonces fiscal de la nación ayudaba en el caso de Juan Carlos Morillo. Morillo, ex secretario general de Somos, fue gobernador de Áncash y purgó prisión preventiva imputado de corrupción. Luego fue absuelto por el Poder Judicial. “Panorama” ha anunciado que presentará un testimonio que lo implicaría en un caso de recepción de coimas cuando presidió la Comisión de Presupuesto.
En la hiperjudicializada política del 2025, Jerí será el último presidente del Congreso más repudiado y más poderoso de los últimos tiempos. En el mejor de los casos, el torbellino electoral no lo golpeará, sino que le quitará los focos de encima, mientras sus pares consuman las últimas reformas y contra reformas legislativas o constitucionales que den paso a la bicameralidad. Para el que piense que lo peor que podía evacuar el Congreso ya pasó; la gestión de Jerí será responsable de darle razón o quitársela. Ojalá sea lo último.













