Jesús Castillo será el segundo peruano en jugar en el fútbol de Túnez. El primero fue Jorge ‘Loverita’ Ramírez (2002). Eran otros tiempos. Hace 24 años, no había WhatsApp ni redes sociales y mucho menos traductor de voz. Encima, Skype recién estaba en desarrollo, pues apenas era un prototipo. ‘Loverita’ no hablaba ni una palabra de francés y árabe, y no salía de su domicilio en la ciudad de Túnez, mismo nombre del país. Del entrenamiento a la casa, del hogar a la cancha. “No había fiestas, hermano. No conocía a nadie, no hablaba a nadie. No entendía nada. Solo entrenar y jugar”, confesó años atrás en una nota a Depor de El Comercio.
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El Esperánce Tunis tiene una plantilla con un valor 16.65 millones de euros, de acuerdo a Transfermarkt y, por lo general, busca talento en Argelia, Camerún, Costa de Marfil, Nigeria y Malí para incorporarlo a su equipo. Castillo es una excepción al caso, al igual que el brasileño de 29 años, Yan Sasse, quien cumplirá con su cuarta temporada en el equipo.
De pasar los exámenes médicos, el volante de la Selección Peruana tendrá un contrato de tres años (hasta el 2029) y la operación rondaría los más de 650 mil dólares, según pudo conocer DT.

Jesús Castillo ha marcado cuatro goles en su carrera profesional. (Foto: Getty Images)
/ Eurasia Sport Images
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El Esperance Sportive de Tunis, fundado en 1919, es uno de los clubes más laureados del continente africano. Sin embargo, su historia va mucho más allá de los títulos. El Esperance nació como un símbolo de resistencia cultural durante la ocupación francesa en Túnez. Desde sus inicios, representó a las clases populares y se convirtió en un emblema de identidad nacional. A lo largo de los años, ha servido como trampolín para talentos que luego triunfaron en Europa.
En las últimas décadas, figuras como Radhi Jaïdi, que dio el salto al Bolton en 2004; Jawhar Mnari, fichado por el 1. FC Nürnberg en 2005; Yaya Banana, transferido al Sochaux en 2012; Ahmed Sassi, quien pasó al TSG Hoffenheim en 2012; y Montassar Talbi, que tras brillar en el club emigró al Çaykur Rizespor de Turquía en 2018, son algunos de los casos más destacados. Gracias a su participación en la Liga de Campeones de la CAF y a su política de desarrollo de talento, el Espérance se ha convertido en una vitrina para futbolistas que posteriormente encuentran oportunidades en las principales ligas europeas.
El primero fue Augusto Palacios, quien en la década de 1980 llegó a Sudáfrica para jugar por Black Aces y posteriormente continuó su vínculo con ese país como entrenador, dirigiendo a equipos como Kaizer Chiefs y Orlando Pirates. Años después, ‘Loverita’ Ramírez tuvo una aventura en Túnez al vestir la camiseta del histórico Espérance Sportive de Tunis en el 2002.
Otro caso fue Christian Benavente, quien en 2019 protagonizó uno de los fichajes más llamativos al llegar al Pyramids FC de Egipto, en una operación que sorprendió por el alto valor de su transferencia. El continente sigue siendo un destino poco habitual para futbolistas nacionales.
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