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Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

Cuando José Jerí, dos semanas atrás, compareció ante la Comisión de Fiscalización para hacer el control de daños del ‘Chifagate’, contó que su madre, con lágrimas en los ojos, entró a su habitación a preguntarle qué pasaba. Esa fue -según su relato- la señal de que tenía que explicarle al pueblo que él es víctima de una campaña ruin.

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Nuestro presidente es un soltero de 39 años e hijo único con ‘mamitis’. Con ‘mamitis’ compleja pues, lo que aprendió de la señora María Oré, su madre biológica, suele entrar en conflicto con lo que aprendió de la señora Patricia Li, su madre política y presidenta de Somos Perú, un partido que, como muchos otros, arrastra una visión patrimonialista del poder: ‘si lo tengo, lo uso para mi’.

José Jerí junto a Patricia Li, presidenta de Somos Perú. Foto: Presidencia

José Jerí junto a Patricia Li, presidenta de Somos Perú. Foto: Presidencia

/ Jhonel Rodriguez Robles

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Jerí invocó la poderosa imagen de la madre llorando ante las tribulaciones de su único hijo para amenguar el candelero de sus reuniones con Zhihua Yang, su amigo sediento de palancas en el Estado. Pudo patear por unas semanas la votación de una vacancia o censura.

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Pero se ha prendido otro candelero, tras la denuncia el domingo pasado en “Cuarto Poder” de al menos 5 casos de mujeres jóvenes que recibieron contratos u órdenes de servicio del Estado, luego de haber visitado Palacio. Otros medios, sumaron más casos similares.

Y oímos en la Comisión de Fiscalización al secretario general del despacho presidencial, Benito Villanueva, experto en relatividad administrativa, explicar que las citas registradas con el nombre del presidente no son necesariamente con el presidente y que la duración registrada no es necesariamente la duración real. El problema es que, al menos dos de ellas, Guadalupe Vela y Rubiel Beraún, conocen bien a Jerí pues acudieron al Congreso el día de su investidura.

José Jerí se reunió fuera de Palacio de Gobierno con el empresario chino Zhihua Yang, lo que generó el inicio de una investigación de la fiscalía de la Nación. (Fotos y composición: El Comercio)

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Para remate, revivió otro caso que aviva el candelero: Susana Gutiérrez Rivera, trabajadora del despacho, habría pasado una noche entera en Palacio, según el registro de visita. Don Benito tiene mucho por explicar.

A pesar de todo esto, Jerí no ha salido a tratar de apagar este candelero. Ya no puede invocar a la madre dolorosa. Esto es cosa de grandes, de un manganzón que habría -la investigación fiscal recién empieza- usado el poder para favorecer a amistades. Palacio emitió un comunicado rechazando que se ‘cosifique’ y ‘vulnere’ a las mencionadas.

Es cierto que hay denuncias prejuiciosas y machistas, que colocan fotos sexy de las jóvenes como sinónimo de turbiedad. Ese no es el punto, sino saber si cumplían con el perfil requerido y si la contratación se debió o no a la palanca presidencial; salvo casos en que se trate de personal de confianza. El fiscal de la nación, Tomás Gálvez, no ha abierto investigación a Jerí, pero la que se sigue a los involucrados debiera aclarar el entuerto.

«Vaya revés para el presidente que copó las portadas con saludables actos de comunicación política. Antes de invocar en su ayuda a la imagen de la madre lacrimosa; produjo alegres imágenes para el recuerdo: las visitas a las cárceles, sus incursiones ante los ambulantes, el gorrito y la camisa blanca. Todas ya difuminadas», afirma Fernando Vivas. (Foto: Presidencia)

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El ‘Chifagate’ levanta sospechas de corrupción pura y dura. En el escándalo de las contrataciones femeninas en cambio, hay por encima de las sospechas de delitos de corrupción de funcionarios (tráfico de influencias, negociación incompatible, peculado, etc.); una percepción de frivolidad. Distraerse de las grandes tareas de la patria para regodearse con las prerrogativas del poder. Eso no se perdona.

Varias visitas ocurrieron el feriado del 1 de noviembre. Jerí podría decir que no era un día laboral y tenía derecho a recibir a amistades; pero si lo dijera corroboraría que las conocía y por eso se favorecieron. El presidente está atrapado en su frivolidad, en su ligereza, en su deformación como político y servidor público. Si saliera a hablar del tema quedaría, además, atrapado en sus mentiras. Librarse de la vacancia o censura es una cuestión de tiempo más que de correlación de fuerzas.

El presidente, tras el Chifagate, ya no quiere estar en las portadas. Ruega para que lo esté la campaña; pero para algunos partidos en la contienda y con curules -como Renovación Popular- una noticia para sus campañas sería defenestrarlo. Si ello sucediera, la papa caliente del Perú caería constitucionalmente en manos de Fernando Rospigliosi y Fuerza Popular, que, al menos esta última, no la quiere recibir. Ese es el tablero de ajedrez que ocupa la mente de Jerí distrayéndolo del ‘Perú a toda máquina’.

Vaya revés para el presidente que copó las portadas con saludables actos de comunicación política. Antes de invocar en su ayuda a la imagen de la madre lacrimosa; produjo alegres imágenes para el recuerdo: las visitas a las cárceles, sus incursiones ante los ambulantes, el gorrito y la camisa blanca. Todas ya difuminadas. Su aprobación llegó a ser bastante mayor que su desaprobación. Hoy se invierte la figura, pero aún tiene un saldo a su favor para que no lo consuma el fuego.

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