Las quejas vecinales y el colapso vehicular obligan a frenar, al menos por ahora, una de las obras viales más cuestionadas de los últimos días. A través de un comunicado, la Municipalidad Metropolitana de Lima (MML) informó que el alcalde de la capital, Renzo Reggiardo, dispuso la postergación del proyecto “Nueva Vía Rápida Javier Prado (Frutales – El Golf)”, luego de que la congestión generada por el cierre de vías desatara reclamos de vecinos y conductores.
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Por el momento, el municipio informa que se conformará una Comisión Técnica Evaluadora del Plan de Desvíos, con el objetivo de revisar el estudio de transitabilidad de las rutas alternas. La “marcha blanca” y las intervenciones solo se reanudarían si esta comisión emite un informe técnico favorable que garantice una solución que respete la tranquilidad de los vecinos.
Desde el inicio de esta semana, la MML ha destacado reiteradamente la importancia de esta obra para aliviar el tráfico. De hecho, en sus redes sociales asegura que el proyecto “va a aliviar uno de los puntos más congestionados de Lima (…); además de optimizar los tiempos de viaje hacia la Carretera Central y la Panamericana Sur, y conectar Lima Este con el resto de la ciudad”.
La obra tiene como objetivo la construcción de un viaducto en la avenida Javier Prado Este, en el tramo comprendido entre las avenidas El Golf y Los Frutales, en el distrito de La Molina. Para su ejecución, la Municipalidad de Lima dispuso restricciones al tránsito vehicular.
Entre las medidas adoptadas, se dispuso el cierre del viaducto del óvalo Monitor en ambos sentidos. Asimismo, desde el cruce de las avenidas Javier Prado y El Golf se clausuró la vía con sentido hacia La Molina hasta la intersección con la avenida Los Frutales.
Cabe resaltar que la ejecución de la obra no ha sido cancelada, sino solo postergada hasta nuevo aviso, lo que mantiene en alerta a los ciudadanos. Según Invermet, los trabajos tendrán una duración de 12 meses y, considerando que existen otros proyectos similares en Lima, los vecinos expresan su preocupación por el impacto que estas intervenciones podrían tener en la ciudad.

Comunicado de la Municipalidad Metropolitana de Lima anunciando la postergación de la obra.
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Pese a que el sentimiento de angustia e incertidumbre expresado por los ciudadanos fue trasladado por El Comercio tanto a la MML como a Invermet, ambas entidades señalaron que no brindarán mayor información más allá de lo difundido en los comunicados oficiales publicados en las redes sociales de la Municipalidad de Lima y del alcalde. Indicaron, además, que más adelante se ofrecerán mayores detalles.
En relación con las afectaciones a transeúntes y conductores, el gerente de Seguridad Ciudadana de la Municipalidad de La Molina, Javier Ávalos, señaló a El Comercio que el alcalde Diego Uceda es consciente de las incomodidades que esta obra genera entre los vecinos.
“Se suponía que, luego de la ‘marcha blanca’, el día 29 no habría contingencias, ya que se habían realizado todos los trabajos de prueba. Pese a ello, muchos vecinos, al salir de sus casas, no sabían qué hacer, qué rutas tomar ni por dónde transitar. Todo era un caos”, explicó.
Vecinos de La Molina, a través de la municipalidad distrital, señalaron que personas con discapacidad y ciclistas se ven seriamente afectados debido a la falta de accesibilidad en las rutas de desvío. “Es algo que debió preverse para no afectar a la población. No se ejecutaron los trabajos de coordinación como correspondía”, afirmó el funcionario.

El 29 de enero, durante la hora punta, se registró una fuerte congestión vehicular en las rutas de desvío. Foto: Julio Reaño / GEC.
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“No hubo señalización adecuada ni una explicación clara de las rutas alternas. A ello se suma una deficiente coordinación con la Policía. Todo eso debe corregirse, porque de lo contrario el malestar vecinal continuará”, agregó.
El rechazo a los desvíos no se limita a La Molina. Vecinos del distrito colindante de Santiago de Surco también expresan su preocupación. Luis Silva, uno de ellos, señala que las vías alternas presentan problemas estructurales. “Hay baches constantes como para que ahora pasen más vehículos. Primero deberían arreglar las pistas antes de pretender que sean rutas alternas. Ayer, al salir del trabajo, pasé por la zona y fue un desastre. Estuve atrapado en un cuello de botella”, relató.
“No se percibe una adecuada planificación de los desvíos. O nunca existió o el plan no funcionó. Tuvieron que convocar a especialistas y a los propios vecinos”, añadió.
Expertos consultados por El Comercio coincidieron en que el caso evidencia fallas de planificación y plantearon posibles escenarios a futuro. El ingeniero de tránsito David Fairlie, tras leer y analizar el proyecto, sostuvo que la situación evidencia el apuro con el que se ha intentado iniciar la obra, sin un expediente técnico sólido ni un estudio detallado de los desvíos.

Estas son las rutas de desvío que plantea la MML.
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“Ahora la municipalidad tendrá que evaluar si las vías por donde se redistribuirá el tránsito están realmente preparadas para soportar esa carga vehicular. La comisión técnica deberá analizar el volumen de autos y determinar si existe capacidad suficiente. De no ser así, será necesario un nuevo estudio que incluya el impacto de rutas adicionales y una reprogramación de la semaforización”, explicó.
Otro escenario posible es que la municipalidad replantee la construcción de viaductos y opte por un rediseño de intersecciones. Así lo señala Adrián Revilla, experto en transporte y presidente de la Asociación Cruzada Vial. “Podría ejecutarse en menos tiempo y a menor costo. Quizás este periodo sirva para repensar la obra y encontrar una solución más práctica”, indicó.
“Si se insiste en los viaductos, al menos deberían realizarse simulaciones por computadora de los desvíos y reforzar la ‘marcha blanca’. Ahora la municipalidad metropolitana estará bajo mayor atención, sobre todo porque la Municipalidad de La Molina ha dado la cara por sus vecinos”, agregó.
De forma más crítica, Krishan Barr Rosso, magíster en Urban Management por la Technische Universität Berlin y experto en transporte sostenible, advierte sobre el traslado del problema hacia zonas residenciales. “Estas calles no fueron diseñadas para absorber grandes volúmenes de tránsito. Muchas carecen de señalización, cruces seguros y control de velocidades. En la práctica, se está exportando el problema hacia barrios residenciales, comerciales y educativos”, mencionó.

Las rutas de desvío atravesaban zonas residenciales, lo que fue criticado por vecinos y especialistas, quienes advirtieron que estas vías no estaban preparadas para soportar una alta carga vehicular. Foto: GEC.
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A su juicio, la postergación del viaducto no resuelve el problema de fondo. “Ningún plan de desvíos puede evitar los impactos negativos de una infraestructura pensada desde el vehículo privado. Solo se postergan consecuencias conocidas, cuando lo responsable sería evaluar otras soluciones que no afecten la funcionalidad urbana ni la calidad de vida”, concluyó.
Cuando se retomen las obras, los conductores deberán utilizar las rutas de desvío ya anunciadas. La primera alternativa hacia La Molina plantea tomar la avenida Club Golf Los Incas, continuar por Raúl Ferrero, seguir por la Alameda del Corregidor, luego por la avenida La Molina y reincorporarse a Javier Prado.
La segunda opción propone ingresar por Javier Prado hacia la avenida Las Palmeras, continuar por Separadora Industrial hasta la avenida La Molina y retomar la vía principal.
La tercera ruta plantea avanzar por la avenida Club Golf Los Incas, continuar por Circunvalación del Golf Los Incas, pasar por La Fontana, seguir por la avenida La Molina y volver a Javier Prado.
Estas rutas desvían el tránsito hacia zonas residenciales, lo que, según los vecinos, genera una fuerte congestión en calles que antes eran tranquilas.
El Comercio realizó un ejercicio con herramientas de Google Maps y constató que, en condiciones normales, el trayecto directo desde el óvalo Monitor hasta el cruce de Javier Prado con la avenida Los Ingenieros toma alrededor de 15 minutos si se sale a las 6 p. m.
Con los desvíos, en las dos primeras alternativas el recorrido se eleva a 40 minutos, más del doble del tiempo habitual. En la tercera ruta, el trayecto se reduce a 30 minutos, aunque sigue duplicando el tiempo normal.
Otro de los aspectos más cuestionados es que las rutas de desvío atraviesan zonas de alta afluencia peatonal. En total, se identificaron 48 puntos críticos, entre ellos restaurantes (15), clínicas (7), academias (5), colegios (6), universidades (4), centros comerciales (4), guarderías (3), hospitales (2) y supermercados (2).















