La central nuclear de Kashiwazaki-Kariwa, ubicada en Japón, había reanudado sus operaciones este miércoles 21 tras haber estado clausurada desde el 2011 tras el desastre de la planta de Fukushima, pero tuvo que paralizar su funcionamiento luego de que el sistema que gestiona las barras de control de su reactor 6 emitiera una alarma.
La empresa eléctrica japonesa TEPCO, que gestiona el establecimiento, y también era responsable de la central de Fukushima, aseguró que no hay impacto radiactivo exterior y que “las condiciones son estables”. No obstante, el sistema ha continuado emitiendo una alerta para una de sus barras de control, por lo que se sigue investigando las causas de dicha alarma.
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El reinicio de funciones estuvo programado originalmente para el martes 20, pero otro desperfecto en el sistema de alerta llevó a que la reactivación se postergara para el miércoles 21.
El gobierno japonés había autorizado la reactivación de la planta Kashiwazaki-Kariwa como parte de su nueva política energética y el proceso iba a empezar con el encendido de la unidad 6. También se había previsto que el reactor 7 de la central volviera a funcionar en el corto plazo.
Enorme fuente de energía
Kashiwazaki-Kariwa es la central nuclear más grande del mundo si se considera su capacidad máxima de producción, lo que implica que los siete reactores que tiene estén en funcionamiento. Esto supone una generación potencial de energía que alcanzaría los 8.200 megavatios.
La planta se extiende por 4,2 kilómetros cuadrados a lo largo de una región costera y está localizada entre los pueblos que le dan su nombre, Kashiwazaki y Kariwa, ubicados en la prefectura japonesa de Niigata.

La construcción del complejo comenzó en junio de 1980 y culminó cinco años más tarde, entrando en funciones el 18 de setiembre de 1985, teniendo como gran novedad ser la primera central del mundo en utilizar reactores nucleares avanzados de agua en ebullición.
Los reactores 6 y 7 empleaban esta tecnología, teniendo una capacidad de 1.356 megavatios, mientras que las unidades 1 a 5 eran reactores de agua en ebullición simples, menos desarrollados tecnológicamente.
La central de Kashiwazaki-Kariwa enfrentó en el 2007 el terremoto de Chuestsu, que tuvo su epicentro a solo 19 km de distancia. La posibilidad de que un sismo tan cercano haya podido afectar a la planta más allá de la resistencia con la que fue diseñado llevó a que esta cerrara sus operaciones durante 21 meses, en los que se hicieron amplias revisiones de seguridad y mejoras en este apartado.
En mayo del 2009 la planta comenzó una reapertura progresiva con el encendido del reactor 7, siendo posteriormente reactivadas las unidades 1, 5 y 7; sin embargo, la llegada del terremoto del 2011 -que provocó el desastre nuclear de Fukushima- llevó a la suspensión de toda actividad sin que los reactores 2, 3 y 4 volvieran al servicio.

En su retorno a operaciones, Kashiwazaki-Kariwa ha implementado las nuevas medidas de seguridad para ajustarse a la normativa vigente. Esto incluye un muro antitsunami de 15 metros, edificios blindados y la reubicación de los sistemas críticos en plataformas más elevadas. Asimismo, los sistemas antisísmicos tuvieron una actualización a las reformas que ya se habían hecho tras el terremoto de Chuestsu.
A lo anterior se añaden sistemas de ventilación con filtro, unidades de refrigeración móviles y nuevos reservorios de agua de emergencia. Otras mejoras incluyen medidas contra el terrorismo y de seguridad física como sistemas de vigilancia mejorados y la creación de un centro de mando blindado.
Este último punto subsanaba las observaciones que se hicieron en una revisión del 2017, las cuales señalaban que no se contaba con suficientes medidas contra atentados, impidiendo la reactivación de la central durante ese año. No fue hasta el 2023 que TEPCO recibió permiso de las autoridades para el retorno a funciones de los reactores 6 y 7.
APAGÓN NUCLEAR
El desastre nuclear de la planta de Fukushima-Daiichi llevó a que para el 2012 Japón no tuviera ningún reactor en operaciones a causa de la desconfianza provocada por el accidente ocurrido un año antes. En total, fueron desactivadas 54 unidades nucleares.
Este apagón nuclear total se prolongó por cerca de tres años, con una breve interrupción entre los años 2012 y 2013, cuando se reactivaron algunos reactores para evitar cortes de luz en la temporada veraniega; no obstante, tras esto las centrales siguieron cerradas hasta el 2015.

Fue en este último año que se inició una reactivación lenta y progresiva de las centrales nucleares con el reinicio parcial de funciones en la planta de Sendai. A partir de entonces se fueron activando algunas plantas atómicas, aunque bajo los nuevos y estrictos parámetros de seguridad que se establecieron tras el sismo y tsunami de Fukushima.
DESASTRE ECONÓMICO
El apagón nuclear generó un enorme desabastecimiento energético que tuvo que ser cubierto por una importación masiva de otras fuentes como gas y carbón, lo que supuso un incremento sustancial en el costo de la electricidad y llevó a un déficit comercial histórico.
Las adquisiciones de combustible adicional supusieron un gasto anual que oscilaba entre los 30.000 millones y 40.000 millones de dólares al año, según estimaciones del Instituto de Economía Energética de Japón. El Ministerio de Finanzas nipón indicó en el 2014 que tenía un déficit comercial de 116.000 millones de dólares y la dependencia energética del país asiático pasó del 60% al 90%.

TEPCO, que tiene como accionista mayoritario al Estado japonés, tuvo pérdidas masivas y a esto se añadió que los gastos por limpieza, compensaciones y desmantelamiento provocados por el accidente de Fukushima tuvieron un costo aproximado de US$200.000 millones.
NUEVA POLÍTICA ENERGÉTICA
La llegada al poder de la primera ministra Sanae Takaichi supuso un cambio de orientación radical con respecto al uso de la energía nuclear, considerada por la jefa de gobierno como un eje fundamental para la independencia energética del país. En ese contexto, la reactivación de la planta de Kashiwazaki-Kariwa es considerada una prioridad nacional.
Takaichi ha sido acusada de ejercer presión sobre Hideyo Hanazumi, gobernador de Niigata, y la Autoridad de Regulación Nuclear (NRA) para permitir la reactivación de la mencionada central.

La administración de Takaichi planea extender la vida útil de los reactores nucleares a 60 años, lo que estará acompañado del desarrollo de centrales con mayor tecnología e inversión. El gobierno nipón espera que para el 2030 el 20% de la electricidad en su territorio provenga de las centrales nucleares.
Las autoridades niponas argumentan que el reactor 6 de Kashiwazaki-Kariwa permitirá que Tokio, una ciudad con 37 millones de habitantes, pueda operar con márgenes energéticos menos críticos y hará que el Estado ahorre la importación de casi un millón de toneladas anuales de gas natural licuado.

La reactivación de la gran planta nuclear ha generado el rechazo de la población local que ha venido protestando contra la medida. Según una encuesta realizada por las autoridades de Niigata, el 60% de los habitantes de la prefectura se opone al reinicio de operaciones de la central, mientras que el 37% está a favor.
“La electricidad de Tokio se produce en Kashiwazaki, ¿y solo los habitantes de aquí deberían estar en peligro? No tiene ningún sentido”, declaró recientemente una vecina de la localidad a la agencia AFP.

El retorno de varias centrales nucleares es visto con temor por parte de la opinión pública, pues casos anteriores han sido vistos con sospecha. Uno de ellos es el de la planta de Hamaoka, con voces críticas que acusan a la empresa que gestiona, Chubu Electric Power, de presentar información que sustenta erróneamente la capacidad del establecimiento de resistir sismos.
De momento, Japón tiene 15 reactores nucleares operativos, incluyendo el de Kashiwazaki-Kariwa. La planta de Takahama es la que tiene más unidades en funcionamiento, con cuatro reactores operativos.
Tras los incidentes de Fukushima se cerraron de forma permanente 27 reactores y en el presente quedan otros 18 que se encuentran pendientes de recibir permisos de reactivación o que se determine su desmantelamiento
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