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El ataque del 18 de marzo de Israel contra el yacimiento gasífero South Pars, el mayor del mundo, eleva la intensidad de la guerra en Irán: por primera vez, el conflicto golpea directamente el corazón energético de la República Islámica. La respuesta de Teherán —con represalias que alcanzaron a Qatar, Arabia Saudita y Kuwait— no solo incrementó el riesgo de una escalada regional, sino que también expuso tensiones entre aliados. El presidente Donald Trump tuvo que salir en la noche para asegurar que no había sido consultado por Israel, una versión que choca con reportes de la prensa estadounidense que sostienen lo contrario.
El ataque del 18 de marzo de Israel contra el yacimiento gasífero South Pars, el mayor del mundo, eleva la intensidad de la guerra en Irán: por primera vez, el conflicto golpea directamente el corazón energético de la República Islámica. La respuesta de Teherán —con represalias que alcanzaron a Qatar, Arabia Saudita y Kuwait— no solo incrementó el riesgo de una escalada regional, sino que también expuso tensiones entre aliados. El presidente Donald Trump tuvo que salir en la noche para asegurar que no había sido consultado por Israel, una versión que choca con reportes de la prensa estadounidense que sostienen lo contrario.
Israel ya había atacado depósitos de combustible en Teherán el pasado 7 de marzo. Trump entonces dijo que no sabía del ataque y manifestó que no volverá a pasar. Su administración consideró en ese momento que golpear depósitos de combustible afecta a la población civil, y podía “resultar contraproducente” pues terminaría fortaleciendo el apoyo interno al régimen iraní y haría imposible un levantamiento popular para derrocarlo. Lo sucedido con South Pars es una escalada mayor.
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El ataque de Israel contra South Pars se ejecutó mediante bombardeos de precisión dirigidos a instalaciones clave de procesamiento y refinación en la zona de Asaluyeh, en la costa del Golfo Pérsico.
Las instalaciones del yacimiento de gas South Pars cerca de la ciudad de Kangan, en el sur de Irán, a orillas del Golfo Pérsico, el 22 de enero de 2014. (Foto de Behrouz MEHRI / AFP).
/ BEHROUZ MEHRI
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Las explosiones impactaron unidades de separación de gas y parte de la infraestructura portuaria asociada, lo que obligó a paralizar operaciones en varios complejos industriales.
Las autoridades de Irán reconocieron daños significativos y la interrupción parcial de la producción, mientras fuentes del sector energético estimaron que una porción relevante del suministro quedó temporalmente fuera de servicio.
El yacimiento South Pars es la pieza central del sistema energético de Irán y uno de los activos más estratégicos del mundo: concentra una de las mayores reservas de gas natural del planeta y sustenta gran parte del consumo interno iraní, desde la generación eléctrica hasta la industria petroquímica. Es compartido con Qatar, donde se conoce como North Dome.
Este megacampo es clave para el suministro global de gas, en especial para mercados de Asia y Europa. Cualquier interrupción en su producción no solo golpea la economía iraní, sino que tiene un efecto inmediato en los precios internacionales de la energía, eleva la incertidumbre en los mercados y aumenta el riesgo de una crisis energética a escala global.
La represalia de Irán contra Qatar. (AFP).
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Tras el ataque israelí, las represalias iraníes causaron “daños considerables” en la mayor instalación de gas natural licuado del mundo, Ras Laffan, ubicada en Qatar.
De acuerdo con la agencia AFP, la empresa energética estatal de Qatar, QatarEnergy, reportó “daños considerables”. Posteriormente, los incendios fueron contenidos.
El ministerio de Relaciones Exteriores de Qatar lamentó que los ataques en la región “cruzaron todas las líneas rojas al tener como objetivo a civiles, así como instalaciones civiles y vitales”.
La Ciudad Industrial de Ras Laffan, principal centro de producción de gas natural licuado y gas licuado de Qatar, administrada por Qatar Petroleum, el 6 de febrero de 2017. (Foto de KARIM JAAFAR / AFP).
/ KARIM JAAFAR
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Irán también atacó a Arabia Saudita. En este país, un dron se estrelló contra la refinería de Samref, situada en Yanbu, que tiene una capacidad de tratamiento de más de 400.000 barriles de crudo diarios.
De igual manera, Kuwait sufrió la represalia de Irán. Dos refinerías de la empresa estatal petrolera, la de Mina Abdullah y la de Mina Al Ahmadi, se vieron impactadas el jueves por ataques de drones que causaron incendios.
Ambas tienen una capacidad combinada de 800.000 barriles diarios, y según la Kuwait National Petroleum Company ambos incendios fueron controlados.
El enojo de Qatar y la respuesta de Trump
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla durante una reunión con la primera ministra japonesa Sanae Takaichi en el Despacho Oval de la Casa Blanca, el 19 de marzo de 2026. (Foto de Jim Watson / AFP).
/ JIM WATSON
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De acuerdo con el portal Axios y otros medios de Estados Unidos, funcionarios israelíes y estadounidenses afirmaron que el ataque de Israel a South Pars fue coordinado con la Casa Blanca y aprobado por la administración Trump.
Según esa versión, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y Trump coordinaron el ataque con el objetivo de disuadir a Irán para que no siga interrumpiendo el suministro de petróleo a través del estrecho de Ormuz.
Axios informó que tras la primera represalia de Irán contra Qatar, funcionarios cataríes contactaron con el enviado de la Casa Blanca, Steve Witkoff, con el Comando Central de los Estados Unidos (CENTCOM) y con otros altos funcionarios de la administración Trump, para exigir saber si Estados Unidos tenía conocimiento previo del ataque israelí.
Una fuente de Axios le dijo que Witkoff mantuvo numerosas llamadas con funcionarios qataríes en un intento por organizar una conversación urgente entre Trump y el emir de Qatar.
En la noche, una hora después del segundo ataque con misiles iraníes contra el yacimiento de gas de Qatar, Trump publicó un mensaje en Truth Social donde aseguró que Estados Unidos “no sabía nada” sobre el ataque de Israel.
Todo apunta a que Trump alegó desconocer el ataque para apaciguar a Qatar.
“ISRAEL NO LLEVARÁ A CABO MÁS ATAQUES relacionados con este yacimiento de South Pars, de enorme importancia y valor, a menos que Irán decida imprudentemente atacar a un país totalmente inocente, en este caso, Qatar”, escribió Trump.
Si Irán atacara, entonces Estados Unidos, “con o sin la ayuda o el consentimiento de Israel, volarán masivamente la totalidad del yacimiento de gas de South Pars”, amenazó.
“Es extraño que Israel actuara sin avisar”
El vigésimo día de la guerra en Irán. (EFE).
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En diáloco con El Comercio, el embajador Juan Álvarez Vita advirtió que el ataque de Israel contra el yacimiento South Pars introduce un factor de alta incertidumbre en la guerra al golpear una infraestructura crítica que no constituye un objetivo militar convencional.
Álvarez Vita puso en duda la versión oficial de Trump, quien aseguró que no fue consultado por Israel. “Resulta extraño que un aliado tan cercano actúe de manera unilateral sin coordinación con Estados Unidos”, señaló, aunque reconoció que aún faltan elementos concluyentes para saber si el republicano dice la verdad.
A su juicio, las propias declaraciones de Trump generan contradicciones, al afirmar que Israel no volvería a atacar ese campo salvo en determinadas condiciones, lo que sugiere un nivel de control o conocimiento previo que choca con la idea de una acción independiente israelí.
Álvarez Vita sostuvo que esta ambigüedad puede responder a una estrategia política de Washington para tomar distancia de la escalada o contener el malestar de aliados clave como Qatar, que fue uno de los principales afectados por las represalias iraníes.
“Los países del Golfo se están viendo atrapados entre dos fuegos”, afirmó, al subrayar que Doha quedó expuesta pese a intentar mantener un equilibrio en el conflicto.
En ese contexto, consideró que el episodio podría tensar las relaciones dentro del bloque aliado y profundizar la sensación de vulnerabilidad en la región.
Además, alertó que el impacto no se limita al plano militar: la escalada ya repercute en los precios globales de la energía y podría derivar en una crisis económica más amplia, en un escenario internacional que calificó como “extremadamente complejo” y con múltiples focos de inestabilidad simultáneos.




