Diez minutos antes de cumplirse el plazo de un ultimátum lanzado por Donald Trump, Estados Unidos e Irán acordaron el martes un alto el fuego de dos semanas que ambos presentan como una victoria propia. Washington asegura haber impuesto condiciones desde la presión militar, mientras Teherán sostiene que resistió sin ceder en sus líneas rojas. Sin embargo, más allá de la narrativa de triunfo, la verdadera disputa recién comienza: la negociación que se abrirá en Pakistán pondrá a prueba si esta tregua puede marcar o no el fin de la guerra.
Trump había amenazado con bombardear puentes y plantas de energía de Irán si hasta las 7 de la noche del martes este país no aceptaba reabrir el estrecho de Ormuz. Sin embargo, tras la mediación del primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, se logró la tregua y el estadounidense postergó el ultimátum.
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Pese al alto el fuego, el miércoles la Guardria Revolucionaria de Irán advirtió que mantiene “el dedo en el gatillo” y que el país no tiene “ninguna confianza” en las promesas de Washington.
Una mujer pasa junto a un mural político en Teherán, Irán, el 8 de abril de 2026, tras el alto el fuego con Estados Unidos. (EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH).
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En Estados Unidos, el jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine, subrayó que las fuerzas armadas “permanecen listas” para retomar los combates si fuera necesario.
En cuanto a las negociaciones, estas empezarán el viernes en Islamabad y se ha dado un plazo de dos semanas para concretar un acuerdo.

El primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, habla sobre el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, en Islamabad el 9 de marzo de 2026. (Foto de Aamir QURESHI / AFP).
/ AAMIR QURESHI
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Estos son los 10 puntos del plan de Irán para negociar el fin de la guerra son:
- 1. Cese total de cualquier agresión contra Irán y los grupos de resistencia aliados.
- 2. Retirada de las fuerzas de combate estadounidenses de la región, prohibición de cualquier ataque desde bases contra Irán y abstención de adoptar despliegues militares ofensivos.
- 3. Tránsito diario limitado de buques por el estrecho de Ormuz durante dos semanas, bajo un protocolo de paso seguro supervisado y regulado por Irán.
- 4. Levantamiento de todas las sanciones primarias, secundarias y de las impuestas por la ONU contra Irán.
- 5. Compensación de los daños sufridos por Irán mediante la creación de un fondo de inversión y financiero.
- 6. Compromiso de Irán de no fabricar armas nucleares.
- 7. Reconocimiento por parte de Estados Unidos del derecho de Irán a enriquecer uranio y negociación sobre el nivel de enriquecimiento.
- 8. Aceptación por parte de Irán de negociar acuerdos de paz bilaterales y multilaterales con países de la región en función de sus intereses.
- 9. Extensión del principio de no agresión a todos los actores que hayan agredido a los grupos de resistencia.
- 10. Finalización de todas las resoluciones de la Junta de Gobernadores (del Organismo Internacional de Energía Atómica, OIEA) y del Consejo de Seguridad (de la ONU), y aprobación de todos los compromisos en una resolución oficial de la ONU.
“Cada día de guerra erosiona el prestigio de Trump y de EE.UU.»
El presidente de Estados Unidos Donald Trump informa a los medios de comunicación sobre la guerra en Irán, el 6 de abril de 2026. (EFE/EPA/JIM LO SCALZO).
/ JIM LO SCALZO
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Para el periodista Alberto Rojas, director del Observatorio de Asuntos Internacionales de la Universidad Finis Terrae (Santiago, Chile) y autor del libro “Un mundo en guerra”, el balance del conflicto revela una paradoja: pese a la evidente asimetría entre Estados Unidos, la principal potencia militar del mundo, y un país como Irán, la guerra se ha extendido mucho más de lo previsto.
“Una guerra de estas características debió durar unos cinco o siete días, no semanas… El hecho de que Irán haya resistido y alargado la guerra es, en sí mismo, un triunfo para Irán”, sostiene.
Esa resistencia —más política que estrictamente militar— ha tenido un costo directo para Washington, agrega. Cada día adicional de combate, explica, ha erosionado el prestigio de Trump y de Estados Unidos. También ha expuesto una gestión “confusa y contradictoria” de la Casa Blanca, que habría partido de un diagnóstico equivocado sobre la capacidad de resistencia de Irán. “Estados Unidos no tuvo un plan claro ni para la guerra ni para el día después frente a una eventual derrota o rendición de Irán, que no ha ocurrido”, advierte.
Rojas indica que si bien los primeros ataques de EE.UU. e Israel lograron golpes de precisión contra figuras clave del régimen, Irán —que lleva más de dos décadas preparándose para un escenario de este tipo— logró sostener su estructura de poder. “El régimen iraní no cayó… y es muy poco probable que caiga”, anota.
“No hubo cambio de régimen ni derrota, el gran objetivo de Trump no se cumplió. Irán está golpeado, pero sigue en pie y seguirá existiendo más o menos como lo conocíamos antes del conflicto”, resume.
En ese contexto, precisa que la tregua de dos semanas y la reapertura del estratégico estrecho de Ormuz aparecen como un alivio no solo para la economía global, sino también para el propio Trump, enfrentado ahora a un alto costo político interno de cara a las elecciones legislativas de noviembre. “El daño a su imagen y al liderazgo de Estados Unidos puede ser significativo e incluso irreversible”, alerta el analista.
De cara a la negociación, el plan de 10 puntos de Irán es visto por Rojas más como una base inicial que como una hoja de ruta definitiva. Aun así, deja claras varias líneas rojas: Teherán difícilmente renunciará a su programa nuclear, exigirá el levantamiento de sanciones y reclamará compensaciones por los daños de la guerra. Del lado estadounidense, las prioridades pasan por garantizar la libre navegación en el Golfo Pérsico y contener —aunque ahora con menor margen— el desarrollo nuclear iraní.
Hay demandas que aparecen prácticamente innegociables, como el retiro militar de EE.UU. de la región. “Washington lleva décadas consolidando su presencia estratégica en el Golfo, con bases y alianzas que difícilmente abandonará”, explica Rojas.
Munición guiada de precisión JDAM de la Fuerza Aérea de Estados Unidos y un bombardero pesado Rockwell B-1 Lancer se encuentran en la base aérea de Fairford, en Gloucestershire, Reino Unido. (EFE/ Tolga Akmen).
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Con ese escenario, la negociación en Pakistán se perfila compleja y altamente inestable. “Esta tregua está colgando de un par de alfileres. Puede romperse en cualquier momento”, advierte.
Si eso ocurre, el escenario más probable es un retorno a la guerra abierta, aunque con nuevas variables, dice Rojas. Entre las opciones que podrían barajarse figuran operaciones militares más focalizadas de Estados Unidos para asegurar puntos estratégicos, como la toma de la isla de Kharg o enclaves estratégicos en el estrecho de Ormuz, en un intento por garantizar el flujo energético global.
En cualquier caso, concluye Rojas, el dato central ya está marcado: Irán no fue derrotado y logró resistir a la principal potencia mundial. Y eso, por sí solo, redefine el punto de partida de cualquier negociación.




