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Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

Irán dice que sus programas nuclear y de misiles balísticos son líneas rojas irrenunciables. (Imagen generada con IA, Chatgpt).

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Mientras Teherán asegura estar dispuesto a continuar el diálogo con Estados Unidos, el mensaje que envía hacia afuera es que no hará concesiones. El fin de semana, Irán dejó en claro que mantiene sus líneas rojas: no renunciará al derecho al enriquecimiento de uranio, y tampoco eliminará su programa de misiles balísticos. En paralelo a esas definiciones políticas, imágenes satelitales y reportes de inteligencia muestran que la República Islámica avanza en la reconstrucción de los sitios de fabricación y despliegue de misiles dañados durante la guerra de los 12 días con Israel y Estados Unidos, mientras la recuperación de sus instalaciones nucleares avanza con mayor cautela. La combinación de discurso diplomático y refuerzo militar revela una estrategia doble: negociar sin ceder lo que considera vital para su supervivencia y, al mismo tiempo, recomponer su capacidad de disuasión frente a futuros escenarios de confrontación.

El domingo, el ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abás Araqchi, afirmó que Teherán no cederá a la exigencia del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de renunciar al enriquecimiento de uranio, “incluso si se nos impone una guerra”.

MIRA TAMBIÉN: La advertencia de Irán a EE. UU. que vuelve a encender la alerta de una guerra total en el Medio Oriente

Dos días antes, Irán y Estados Unidos mantuvieron negociaciones indirectas en Omán. Ambas partes calificaron el encuentro de positivo.

El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araqchi, habla durante una conferencia de prensa conjunta con su homólogo turco tras su reunión en Estambul. (AFP).

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Estados Unidos exige que un nuevo acuerdo nuclear con Irán debe incluir la limitación de las capacidades balísticas de la República Islámica y el cese de su apoyo al Eje de la Resistencia, los grupos armados hostiles a Israel.

Además, Trump ha desplegado una amplia fuerza militar en el Golfo Pérsico, con el portaaviones USS Abraham Lincoln a la cabeza.

El enviado especial estadounidense, Steve Witkoff, estrecha la mano del ministro de Asuntos Exteriores de Omán, Badr bin Hamad al-Busaidi, mientras Jared Kushner observa durante una reunión en Mascate. (AFP).

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Araqchi sostuvo que la continuación de las negociaciones dependerá de la seriedad mostrada por Washington.

“La continuación de algunas sanciones y ciertos movimientos en el ámbito militar naturalmente genera dudas sobre el nivel de seriedad y preparación de la contraparte. Estamos observando y evaluando todas estas señales, afirmó.

De acuerdo con la agencia EFE, Araqchi reaccionó así después de que el sábado el enviado especial de la Casa Blanca, Steve Witkoff, y el yerno de Trump, Jared Kushner, visitaran portaaviones USS Abraham Lincoln cerca de las aguas iraníes, lo que se entendió como una amenaza.

En esta fotografía, publicada por la Armada de EE. UU. el 6 de febrero de 2026, un F/A-18F Super Hornet realiza un aterrizaje en la cubierta del portaaviones USS Abraham Lincoln, clase Nimitz, en el Mar Arábigo. (Foto de Hannah Tross / US NAVY / AFP).

/ HANNAH TROSS

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Además, poco después de las negociaciones del viernes, Trump firmó una orden ejecutiva que establece un arancel adicional del 25 % sobre productos de países que compren, importen o adquieran bienes o servicios de Irán.

Washington también anunció nuevas sanciones contra 14 buques de la llamada flota “fantasma” iraní, 15 entidades —con sede en India o Turquía, entre otras— y dos personas asociadas con la comercialización de crudo y productos petroquímicos iraníes.

Araqchi remarcó el domingo que en Omán el único tema que se abordó fue el programa nuclear iraní, dejando fuera de la mesa la cuestión de los misiles balísticos y el apoyo de Teherán al Eje de la Resistencia.

Indicó que Irán podría considerar “una serie de medidas de confianza respecto al programa nuclear”, a cambio del levantamiento de las sanciones internacionales.

Sobre el despliegue militar estadounidense, dijo que ello no intimida a Irán.

“La cohetería balística es hoy la principal herramienta defensiva de Irán”

Un camión militar de Irán transporta partes de un misil Sayad 4-B junto a un retrato del líder supremo, el ayatola Alí Jamenei, durante un desfile militar en Teherán, el 17 de abril de 2024. (Foto: ATTA KENARE / AFP).

/ ATTA KENARE

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Según un análisis de imágenes satelitales citado por el diario The New York Times, Irán está priorizando la reparación de sus sitios de fabricación y lanzamiento de misiles balísticos que fueron dañados durante la guerra de los 12 días de junio del año pasado. Muchos de estos centros —incluyendo instalaciones estratégicas relacionadas con misiles de largo alcance— ya muestran signos de reparación activa y reanudación de operaciones.

Lo que esto sugiere es que Teherán está poniendo énfasis en su capacidad misilística convencional y estratégica como una herramienta de disuasión ante posibles futuras acciones militares de Israel o Estados Unidos.

En contraste con la reparación rápida de instalaciones de misiles, la reconstrucción de los sitios nucleares principales ha sido mucho más lenta o mínima. Los lugares clave que fueron atacados durante la guerra —como Natanz, Fordow e Isfahán— siguen en gran medida inoperativos o con reconstrucción limitada observable desde el espacio.

Según el analista en temas defensa e inteligencia Andrés Gómez de la Torre, la actual postura de Irán frente a Estados Unidos y sus aliados debe leerse a la luz de un cambio profundo en su estructura de disuasión. De acuerdo con la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, publicada a fines del año pasado, los organismos de seguridad norteamericanos consideran que el programa nuclear iraní ha sido “significativamente degradado”.

En ese escenario, explica Gómez de la Torre, la disuasión iraní ya no descansa en su capacidad de guerra convencional, severamente golpeada tras los ataques israelíes y estadounidenses, sino en tres vectores clave: el desarrollo tecnológico nuclear, el programa de misiles balísticos y la expansión de su flota de drones. “Luego de las últimas operaciones militares llevadas a cabo por Israel, la capacidad convencional iraní —en especial su sistema de defensa antiaérea— quedó prácticamente degradada”, sostiene.

Un ciclista pasa junto a un cartel antiestadounidense en un edificio de la plaza Valiasr de Teherán, el 4 de febrero de 2026. (Foto: AFP).

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Las dos acciones militares que marcaron ese punto de inflexión fueron la operación estadounidense “Martillo de Medianoche”, en junio del 2025, dirigida contra tres instalaciones nucleares; y la ofensiva israelí “León Creciente”, lanzada ese mismo mes. A diferencia del ataque norteamericano, focalizado exclusivamente en la infraestructura nuclear, Israel desplegó una operación más amplia que combinó bombardeos a instalaciones estratégicas con ataques a blancos de alto valor, incluidos altos mandos vinculados a la Guardia Revolucionaria, sistemas de defensa antiaérea y fábricas de misiles balísticos y drones, con un fuerte componente de sabotaje e inteligencia.

Para Gómez de la Torre, este nuevo equilibrio explica el “entrampamiento” de las negociaciones en curso entre Irán y Estados Unidos. Teherán está dispuesto a explorar puntos intermedios, pero mantiene dos líneas rojas claras. La primera es el enriquecimiento de uranio: Irán acepta limitarlo, pero rechaza de plano un enriquecimiento cero. La segunda —y más sensible— es su programa de misiles balísticos, que considera irrenunciable.

“La cohetería balística es el core business de la disuasión iraní”, afirma el analista. Junto con los drones, constituye la principal herramienta defensiva del régimen frente a Israel, las bases estadounidenses y los aliados de Washington en la región, en un contexto en el que sus fuerzas armadas convencionales, especialmente la fuerza aérea y la defensa antiaérea, carecen hoy de capacidad de respuesta efectiva.

Desde esta perspectiva, las conversaciones actuales pueden interpretarse tanto como un diálogo táctico dilatorio como parte de un proceso de “tira y afloja” para alcanzar compromisos parciales. Limitar al máximo el enriquecimiento de uranio podría representar una victoria para Estados Unidos, pero el gran escollo sigue siendo el programa de misiles balísticos, la verdadera columna vertebral de la disuasión iraní tras el desgaste militar sufrido en los últimos años.

“Washington presiona para ver hasta dónde puede ceder Teherán”

Una mujer iraní pasa junto a un mural antiestadounidense que representa a Irán y la mesa de negociaciones, pintado en los muros exteriores de la antigua embajada de Estados Unidos en Teherán. (Foto de AFP).

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El periodista y analista internacional Carlos Novoa sostiene que el diálogo entre Irán y Estados Unidos debe entenderse, por ahora, como un intercambio táctico más que como una negociación de fondo. A su juicio, Teherán intenta evitar abordar directamente los temas más sensibles de su agenda estratégica, mientras Washington mide hasta dónde puede ejercer presión para forzar concesiones.

Novoa manifiesta que esta dinámica responde también al estilo negociador del presidente Trump, quien suele partir de posiciones máximas para luego retroceder gradualmente en busca de un punto intermedio. “Estados Unidos va a presionar al máximo y después irá soltando”, explica, al advertir que, si la presión se intensifica, Irán podría verse obligado a discutir asuntos que hoy considera intocables.

En ese sentido, el analista subraya que el enriquecimiento de uranio y el programa de misiles balísticos constituyen el núcleo de la capacidad defensiva iraní. Se trata, afirma, de las principales herramientas de disuasión y respuesta con las que cuenta Teherán frente a una eventual agresión externa, en un contexto regional altamente volátil.

Novoa recuerda que Irán ya ha mostrado en el pasado cierta flexibilidad en este terreno, como ocurrió durante la administración de Barack Obama, cuando aceptó límites a su programa nuclear. Sin embargo, aclara que el escenario actual es muy distinto: la presión geopolítica de las grandes potencias es mayor y el margen para acuerdos puramente diplomáticos es más estrecho.

Aun así, considera que existe espacio para una negociación parcial. Aunque el régimen de los ayatolás llega debilitado tras las revueltas internas, mantiene una postura firme en defensa de sus capacidades estratégicas, dice. Al mismo tiempo, Novoa señala que Washington no busca un colapso del régimen iraní, sino una posición más ventajosa en términos estratégicos, lo que abre la puerta a eventuales entendimientos sin un quiebre total del diálogo.

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