La muerte del ayatolá Alí Jamenei por los bombardeos de Estados Unidos e Israel sacudió los cimientos del poder en Irán, pero no provocó el colapso del régimen instaurado tras la revolución de 1979. La operación, denominada Furia Épica, también acabó con la vida de numerosos militares de alto rango y líderes políticos. Sin embargo, Teherán pasó rápidamente al contraataque, disparando misiles no solo contra Israel, sino también contra naciones del Golfo que son aliadas de Washington. Incluso desde el lunes la guerra se ha extendido al Líbano.
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“No me acobardo respecto a tropas en el terreno, como todos esos presidentes que dicen: ‘No habrá tropas en el terreno’. Yo no digo eso”, manifestó.
“Yo digo ‘probablemente no las necesitamos’, [o] ‘si fuera necesario’”, añadió.
Antes, durante una conferencia de prensa, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, negó que Estados Unidos tenga tropas sobre el terreno en Irán, pero no descartó un futuro despliegue.

La Media Luna Roja eleva a 555 los muertos en Irán en los ataques de Israel y EE.UU. (EFE).
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¿Por qué no colapsó el régimen?

Un hombre pasa junto a una valla publicitaria del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, en Teherán el 2 de marzo de 2026. (Foto de AFP).
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Para el periodista Alberto Rojas, director del Observatorio de Asuntos Internacionales de la Universidad Finis Terrae (Santiago, Chile) y autor del libro “Un mundo en guerra”, la resistencia iraní tiene explicaciones políticas, militares y estructurales que podrían prolongar el conflicto mucho más de lo previsto.
En diálogo con El Comercio, Rojas sostiene que así como Estados Unidos desplegó el portaaviones USS Abraham Lincoln en el Golfo Pérsico y el USS Gerald R. Ford en el Mediterráneo oriental, Irán llevaba meses preparándose para un desenlace de esta magnitud.
“El régimen entendió desde el año pasado que este escenario era posible. Cuando Washington comenzó a amenazar directamente al líder supremo, se activaron mecanismos internos de sucesión”, explica. Según recuerda, incluso hubo mensajes públicos de Trump advirtiendo que conocían la ubicación del ayatola, aunque en ese momento no tenían intención de eliminarlo.
Agrega que la avanzada edad del líder —86 años— aceleró los preparativos. Se habló de al menos cinco posibles sucesores, cuyos nombres se mantuvieron en estricta reserva para evitar que se convirtieran en blancos de inteligencia extranjera. Algunos de ellos, sostiene Rojas, podrían haber muerto en el ataque que también acabó con ministros y altos mandos militares.
Rojas describe la muerte del ayatola como una “decapitación brutal”, pero indica que a pesar de ello el régimen no ha colapsado. La clave, sostiene, está en la estructura misma del sistema iraní.
“Irán no es una democracia liberal, pero sí es un régimen con mecanismos institucionales propios donde la religión y la política están completamente imbricadas. Eso le da cohesión”, señala.
Las Fuerzas Armadas se mantienen leales, la Guardia Revolucionaria sigue operativa y el control del orden público, hasta ahora, no ha sido desbordado. Aunque hubo pequeñas celebraciones tras conocerse la muerte del líder, no se han repetido las masivas protestas vistas en 2022 tras la muerte de Mahsa Amini, ni las movilizaciones recientes por la crisis económica, recalca.
“El régimen está enviando señales claras de que pretende resistir todo lo que sea necesario”, advierte.

Vehículos pasan junto a la fachada dañada del Hospital Gandi, que fue alcanzado el 1 de marzo cuando un proyectil impactó en Teherán. (Foto de ATTA KENARE / AFP).
/ ATTA KENARE
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El periodista y analista internacional Carlos Novoa sostiene que la razón por la que no colapsó el régimen es estructural. Indica que a diferencia de otros sistemas autoritarios que dependían casi exclusivamente de la figura de un líder, el poder en Teherán está sostenido por una arquitectura institucional diseñada precisamente para resistir escenarios extremos.
Novoa explica que el sistema iraní descansa en tres grandes componentes:
El primero es el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, una fuerza paralela al ejército convencional que actúa como garante ideológico y militar del régimen. “No es solo una estructura armada, es el guardián del poder político y religioso”, subraya.
El segundo pilar es el Consejo de los Ayatolas —formalmente la Asamblea de Expertos—, un cuerpo de 88 clérigos que tiene la facultad de designar al líder supremo. “Jamenei tenía 86 años. La sucesión ya estaba en la mente del sistema. Hay varios posibles candidatos, y cualquiera puede emerger de ese consejo, algo similar al proceso de elección papal”, explica.
El tercer componente es el aparato político e institucional: el Poder Judicial y el Parlamento iraní. “No existe una oposición estructurada dentro del país. Los opositores están presos, en el exilio o han sido silenciados. El sistema funciona en una misma línea”, afirma.
Aislamiento internacional
Irán está enfrentando un aislamiento creciente. Tras la caída de Bashar al-Assad en Siria, perdió a su principal aliado regional. Rusia y China han condenado los ataques, pero no intervendrán militarmente contra Estados Unidos o Israel, sostiene Rojas.
Ese aislamiento puede ser un factor desestabilizador. “Cuando arrinconas a un régimen como el iraní, existe el riesgo de que asuma que ya no tiene nada que perder. Y en ese escenario, todo es posible”, alerta.

Irán bombardea Israel y bases militares de EE.UU. en respuesta a los ataques. (EFE).
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