Cientos de altos cargos iraníes y extranjeros rindieron homenaje este viernes al asesinado líder supremo de Irán Alí Jamenei, en la primera jornada de los que serán los mayores funerales de la historia de la República Islámica para despedir al hombre que dirigió sus destinos durante más de 36 años.
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Los más altos cargos militares renovaron además su lealtad a la Revolución Islámica y el comandante en jefe del Ejército, el general Amir Hatami, prometió que el país “vengará la sangre del líder mártir”
En Mosala apareció por primera vez el comandante en jefe de la poderosa Guardia Revolucionaria Ahmad Vahidi, a quien no se veía en público desde febrero.
La capital iraní se encuentra en estado de máxima alerta con una fuerte presencia policial por las calles, los vuelos limitados sobre Teherán y un perímetro de seguridad de un kilómetro y medio en torno a Mosala, con el acceso limitado en toda esa zona.
Un enorme dispositivo de seguridad sin antecedentes en el país tras el asesinato del propio Jamenei y de otros altos cargos militares y políticos durante la guerra.
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Tras la jornada de hoy, mañana sábado y el domingo se realizará un velorio en la mezquita Mosalla y el lunes el cortejo recorrerá la capital; el martes, el funeral se trasladará a la ciudad religiosa de Qom; el miércoles a Irak y finalmente Jamenei será enterrado en la urbe sagrada de Mashad, en el noreste del país, en el mausoleo del imán Reza, el octavo del chiísmo.
Las autoridades prevén la participación de unos 20 millones de personas solo en Teherán para despedir a Jamenei, lo que superaría los 10 millones que asistieron al del fundador de la República Islámica Ruholá Jomeiní en 1989, el mayor funeral del país hasta ahora.
Estos enormes actos públicos buscan proyectar el apoyo popular a la República Islámica y de unidad nacional tras meses de guerra con Estados Unidos e Israel y una imagen de continuidad con el eslogan “debemos levantarnos” presente en numerosos cárteles instalados por toda la ciudad.
A pesar de las muestras de apoyo, numerosos iraníes están en contra de la República Islámica, ansían libertades y no olvidan la represión de las protestas de enero que causaron más de 7.000 muertos, según ONGs con sede en el extranjero.
De hecho, cuando se anunció su muerte en febrero desde numerosas ventanas de Teherán se escucharon celebraciones de ciudadanos al “grito de Jamenei a muerto”.














