La economía peruana creció 3,4% en la primera mitad del 2025, resultado explicado por el crecimiento sostenido del gasto privado, informó el Instituto Peruano de Economía (IPE). Además, el consumo privado (+3,7%) se favoreció de un alto incremento del empleo formal y de la moderación de la inflación, que han permitido la recuperación del poder adquisitivo de los hogares.
Por su parte, todos los componentes de la inversión privada (+8,9%) se han recuperado en el último año. Entre ellos, destaca el incremento de la inversión residencial, que creció en el primer semestre luego de dos años y medio de caída, producto de la mayor autoconstrucción y de la mejora en los créditos hipotecarios ante la continua reducción de las tasas de interés.
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Sin embargo, el IPE sostuvo que esta resiliencia se iría moderando hacia fines de este año e inicios del próximo. “El consumo enfrenta una alta base de crecimiento respecto del último trimestre del 2024, que fue favorecido por los retiros de AFP y por una fuerte recuperación del empleo formal en el sector agroexportador. En tanto, las expectativas empresariales, que representan un indicador adelantado de la inversión privada no minera, tienden a deteriorarse históricamente en los meses previos a las elecciones generales, como las próximas a ocurrir en 2026”, explicaron.
En este contexto, el IPE mantiene sus proyecciones del PBI en 3,2% para 2025 y revisa ligeramente al alza a 2,4% en 2026 (antes 2,2%). Para 2025, se eleva la proyección de inversión privada de 6,0% a 7,6%, en línea con el desempeño favorable registrado en el primer semestre.
Para el 2026, mantienen el pronóstico de desaceleración económica en un contexto de incertidumbre electoral, acentuada por el elevado número de partidos políticos participantes y las modificaciones electorales, como el retorno a la Bicameralidad, introducidas en los próximos comicios.
Al cierre del 2025, el IPE proyecta una reducción del déficit a 2,5% del PBI, explicado por los ingresos transitorios por regularización del impuesto a la renta, las transferencias de utilidades de empresas públicas, y el pago extraordinario de resoluciones de determinación y multa impuestas por la Sunat.
Pese a ello, el ajuste del gasto público no sería suficiente y el déficit se mantendría aún por encima de la meta vigente de 2,2%. Para 2026, la disipación de los ingresos extraordinarios descritos y la desaceleración del crecimiento económico afectarían la recaudación, mientras que se presentan riesgos al alza sobre los gastos debido a los mayores recursos por Foncomun que recibirán los gobiernos locales y un probable nuevo rescate financiero a Petroperú.
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Asimismo, la aprobación de incrementos salariales continúa generando presiones sobre las finanzas públicas: al 2026, el presupuesto público en remuneraciones, componente con alta rigidez, se habría incrementado casi 50% solo entre 2023 y 2026. De esta manera, el IPE proyecta un déficit de 3,1% del PBI en 2026.
La actualización de las proyecciones fue presentada por Martín Valencia, jefe de estudios económicos del IPE, durante el seminario virtual “Entre la recuperación y la incertidumbre: Perspectivas de crecimiento al 2026”, organizado por el IPE y que contó con los comentarios de Alexander Müller, economista jefe para la Región Andina, Centroamérica y el Caribe de Bank of America; y la moderación de Paola Villar, subeditora de la sección de Economía y Día1 en El Comercio.




