Las recientes protestas de los productores de arroz han puesto en evidencia las dificultades que enfrenta uno de los cultivos más importantes del país. En los últimos meses, los ingresos de los agricultores se ajustaron por la caída de los precios en chacra, en un contexto de cambios en la oferta local y de encarecimiento de insumos clave como los fertilizantes.
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La acumulación de oferta de esta variedad generó una presión a la baja sobre los precios en chacra que posteriormente se extendió al resto del mercado arrocero que, a mayo de 2026, acumuló una caída de 28% respecto al pico de febrero de 2025. En contraste, los precios mayoristas y minoristas casi no variaron. Esta diferencia responde a que los molinos habrían evitado comprar la variedad “Nopal”, lo que concentró el efecto de la mayor producción exclusivamente en los agricultores.
Este escenario se agravó tras el bloqueo del Estrecho de Ormuz, que elevó significativamente el precio internacional de los fertilizantes. Durante el primer trimestre de 2026, el costo de la urea en las principales regiones productoras de arroz se elevó en 12,8%, muy por encima del promedio nacional (2,8%). Esto es crítico porque el arroz es el cultivo más intensivo en el uso de fertilizantes: más del 90% de productores arroceros los usa, frente al 64% de la papa y 42% del café.
Además, según Midagri, previo a la crisis, la compra de fertilizantes significaba 15% de los ingresos brutos de los productores de arroz en San Martín y 19% en Piura.
Perspectivas
Según Midagri, solo el 3% de los productores de arroz están en una situación de subsistencia crítica, mucho menor al promedio nacional (43%). Ello se debe a un mayor acceso a riego y a semillas certificadas. No obstante, persisten desafíos estructurales.
El 80% de los agricultores trabaja en parcelas de menos de 2 hectáreas, lo que impide aprovechar economías de escala. Asimismo, hay amplias brechas de productividad regional: en la costa, la mediana de rendimiento es 8,5 toneladas por hectárea, 20% mayor que en la selva.
Frente a esta situación, los programas de compra estatal de arroz aprobados recientemente constituyen solo un alivio temporal y de alcance limitado. Así, no abordan los problemas estructurales que afectan la competitividad del sector agrícola, como las diferencias en acceso a tecnificación productiva, la elevada vulnerabilidad ante factores climáticos y los altos niveles de informalidad.
Frente a un Fenómeno El Niño Costero por venir, se requiere una estrategia integral no solo en el arroz, sino en el agro nacional.














