No es un secreto que China ha redoblado sus esfuerzos para hacer de esta parte del mundo una pieza clave de la Franja y la Ruta, su emblemática estrategia de inversión exterior, y en la que participan más de 20 países de la región (el Perú ganó protagonismo con el puerto de Chancay). De hecho, el creciente interés de Beijing por nuestro vecindario quedó estampado en una nueva actualización del documento sobre su política hacia América Latina y el Caribe, publicada en diciembre del año pasado.
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Por eso, la caída de Maduro y que sea Washington el que tome a partir de ahora las decisiones en Venezuela parece notificar a China sobre los límites de su influencia política y económica en el hemisferio occidental.
“Viendo el escenario actual en Venezuela, China se ha dado con un encontronazo. Sin duda hay un choque entre la expectativa que tenía para la región y la realidad”, dice a El Comercio Marco Carrasco, catedrático experto en temas de Asia-Pacífico.

Doctrina Donroe
Venezuela es el único país latinoamericano que tiene una asociación estratégica de alto nivel con China. Más de la mitad de la producción de petróleo que se hacía en Venezuela terminaba llegando al mercado chino, aunque para Beijing ello representaba solo entre el 4% y el 5% de las importaciones de crudo.
EN CIFRAS
- 518.470 millones de dólares alcanzó en el 2024 el intercambio comercial entre China y Latinoamérica, cifra récord que representó un 6% más que el año anterior. Beijing es el segundo socio comercial de nuestra región.
- 10.000 millones de dólares aún debe Caracas a China por préstamos que ascendían a 60.000 millones en el 2023, según el Centro de Política Energética Global de la Universidad de Columbia.
Más allá de la arena comercial, Carlos Aquino, director del Centro de Estudios Asiáticos de la UNMSM, considera que el golpe más grande para China ha sido perder a su mayor aliado estratégico –político e ideológico– en Latinoamérica. También cree que, fuera de su interés en el petróleo venezolano, Estados Unidos ha lanzado una advertencia al resto de la región luego de considerar que Venezuela “se estaba convirtiendo en la cabeza de playa militar e ideológica de China, pero también de Rusia e Irán”.
“Estados Unidos sabe que no puede reemplazar a China en Latinoamérica en cuanto a mercado, inversión y tecnología. Entonces va a hacer lo posible para limitar su participación e influencia. La incursión en Venezuela es una señal para que el resto de países latinoamericanos que tengan negocios con China no entreguen activos estratégicos, y menos aún hagan alianzas militares con Beijing”, explica.
Todo es parte de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de EE.UU. divulgada el mes pasado. En línea con ella, la Casa Blanca afirma que la operación en Venezuela se enmarca en una doctrina Monroe actualizada, rebautizada por Trump como doctrina Donroe, que busca un mundo con Washington como única potencia con influencia en el hemisferio occidental.
“La doctrina Monroe bajo la interpretación de Trump habla de esa suerte de no tener competencia en el hemisferio. Eso, a vista de varios académicos chinos, es un punto de partida para generar una exclusión de otras grandes potencias y para forzar que los países de la región elijan entre una potencia o la otra”, apunta Carrasco.
Pese a ello, los expertos no creen que la situación en Venezuela detenga los planes de China en la región, aunque sí hará que el gigante asiático mantenga un “perfil bajo”.
“La relación económica de China con Latinoamérica se va a mantener porque ambos nos necesitamos, pero es evidente que China no va a querer exacerbar sus relaciones con EE.UU. No solo por el tema de la relación con Latinoamérica, sino porque ambas potencias tienen un problema comercial serio aún sin resolver”, señala Aquino.
Oportunidad para la región
Aunque es poco probable que ambas partes busquen convertir a Venezuela en un nuevo punto de tensión de alto calibre, hay un elemento que requerirá una delicada negociación: el petróleo.
Una cita esperada
Se prevé que Donald Trump visite Beijing en abril como parte de una iniciativa para proteger la frágil tregua comercial que alcanzó con el presidente chino Xi Jinping a fines del 2025.
China ha prestado miles de millones de dólares a Caracas en las últimas décadas, dinero que estaba siendo pagado con envíos de crudo al gigante asiático, y no es claro si la deuda se le seguirá saldando ahora que Estados Unidos ha prometido tomar el control de la industria petrolera de Venezuela. Una negociación diplomática debería tener lugar en las próximas semanas.

Por lo pronto, Beijing mantiene su condena a las acciones de EE.UU. en Venezuela y Washington está presionando a Caracas para que expulse a asesores oficiales de China, Cuba, Irán y Rusia, según funcionarios estadounidenses.
En medio de la compleja situación, también surgen oportunidades para esta parte del mundo. “Estados Unidos va a tratar de limitar la participación china en infraestructura crítica y va a tratar de involucrarse en el sistema de seguridad militar. Y también va a buscar incrementar sus lazos económicos, y eso es lo que nosotros podríamos aprovechar. Finalmente nos conviene que sus empresas inviertan aquí para que compitan con China y otros países”, afirma Aquino.
Los ojos están ahora en Latinoamérica, una región a la que, más allá del interés estadounidense, China no renunciará tan fácilmente.













