jueves, febrero 19

La elección de José María Balcázar (Perú Libre) ratifica que el péndulo de votos para situaciones clave en el Congreso es movido por Alianza para el Progreso (APP) y Podemos. Estas bancadas ‘surfistas’ —como lo hemos anticipado en anteriores columnas— se mueven según sus propios intereses.

Pero esta elección muestra otros factores que se deben tener en cuenta para entender el juego de votos que terminó dándole la presidencia a un congresista de la bancada del prófugo Vladimir Cerrón.

El primer factor es la silenciosa infiltración de la izquierda en las bancadas ‘surfistas’. El grupo parlamentario de Perú Libre inició, en 2021, con 37 integrantes y, a la fecha, solo quedan 11 miembros en sus filas. Esto responde a que 26 legisladores izquierdistas renunciaron para reubicarse en otras bancadas como APP (que tiene a tres ex Perú Libre en sus filas), Podemos (con tres ex Perú Libre) y Somos Perú (con cuatro ex Perú Libre).

Esa ubicación ha permitido infiltrar los intereses de la izquierda que, finalmente, hoy se ven reflejados en la elección de Balcázar. Todo esto ocurre bajo cálculos electorales de los partidos ‘surfistas’, quienes consideran que la incorporación de izquierdistas en sus bancadas les permite obtener algunos votos de ese sector para las elecciones del próximo 12 de abril. Por el momento, este cálculo no se muestra reflejado en las encuestas.

El segundo factor está ligado a algo más coyuntural: las elecciones generales. En los cálculos electorales de APP y Podemos, entregarle la presidencia de la República a María del Carmen Alva (Acción Popular) significaba dar “una victoria” a Rafael López Aliaga, líder y candidato presidencial de Renovación Popular.

Fuerza Popular también lo pensaba y por eso se demoró en tomar una decisión, pero en su interna sopesaron que terminar apoyando a un izquierdista como Balcázar podría resultar más perjudicial, por lo cual terminaron anunciando su apoyo a Alva (además de que varios fujimoristas guardan una estrecha amistad con ella, producto de las millas acumuladas en los viajes cuando la acciopopulista fue presidenta del Congreso). Los fujimoristas eran conscientes de que sus votos por Alva no movían mucho la balanza, que todo dependía del juego de APP y, en esa línea, cualquier cosa que saliera mal en la elección no sería su problema y responsabilizarían a Renovación Popular. En este panorama es donde encaja la guerra de tuits y comunicados que se ha visto entre fujimoristas y celestes en redes sociales.

López Aliaga fue el primero en nombrar la candidatura de Alva y esto terminó jugándole en contra ante los intereses del resto de partidos con los que mantiene pugnas públicas en medio de la campaña. Las próximas encuestas reflejarán si esta elección tiene algún efecto sobre las candidaturas en competencia.

El tercer factor apunta a las cuotas de poder de los partidos con representación en el Congreso. Al tener Alva a Renovación Popular como principal aliado, APP vio posibilidades de perder su cuota de poder en el gobierno. Hay tres sectores clave donde el partido de César Acuña buscaba mantener su influencia: el Ministerio de Economía, la Autoridad Nacional de Infraestructura (ANIN) y EsSalud. No es coincidencia que, tanto en su discurso como en sus primeras declaraciones a la prensa, Balcázar haya dejado entrever que mantendrá a la titular del MEF y que será una de las primeras ministras del gabinete con las que hablará al instalarse en Palacio de Gobierno.

Con Somos Perú sucede algo parecido. El partido liderado por Patricia Li buscará mantener la mayor cantidad de afiliados que colocaron en distintos puestos durante el gobierno de José Jerí. Alva no les daba la seguridad de mantener la cuota de Jerí en el gobierno.

En la misma Acción Popular, se calcula que al menos dos congresistas no votaron por Alva y se fueron con Balcázar, con miras a tener cuotas en el nuevo gobierno. No es casualidad que algunos legisladores de la lampa se acercaran sonrientes a saludar a Balcázar tras su elección.

Balcázar llega al poder como consecuencia del cuoteo enraizado desde el gobierno de Pedro Castillo, que fue cultivado durante el régimen de Dina Boluarte y que se afianzó en el último periodo de José Jerí. También es un efecto de tantos años en los que el autodenominado “bloque democrático” del Congreso —integrado por bancadas de derecha— le cedió un espacio a Perú Libre y a los Cerrón en la Mesa Directiva, aun cuando no necesitaban de sus votos. Dicha “alianza administrativa” hoy se les fue de las manos y es algo que deberán asumir por más que intenten jugar a quién fue el impostor en la elección secreta.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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