sábado, junio 6

No era raro ver a miles de personas viajar durante horas, atravesar provincias enteras y dormir a la intemperie por una sola razón: escuchar cantar al Indio Solari. Lo extraordinario era que aquello siguiera sucediendo en 2017. Sin campañas publicitarias millonarias, sin presencia constante en medios y sin necesidad de explotar las redes sociales, el músico logró reunir cerca de 300.000 personas para el que sería su último recital. Mientras el llamado “pogo más grande del mundo” sacudía el predio La Colmena, nadie imaginaba que nueve años después Carlos Alberto Solari moriría a los 77 años, tras una larga lucha contra el Parkinson.

No era raro ver a miles de personas viajar durante horas, atravesar provincias enteras y dormir a la intemperie por una sola razón: escuchar cantar al Indio Solari. Lo extraordinario era que aquello siguiera sucediendo en 2017. Sin campañas publicitarias millonarias, sin presencia constante en medios y sin necesidad de explotar las redes sociales, el músico logró reunir cerca de 300.000 personas para el que sería su último recital. Mientras el llamado “pogo más grande del mundo” sacudía el predio La Colmena, nadie imaginaba que nueve años después Carlos Alberto Solari moriría a los 77 años, tras una larga lucha contra el Parkinson.

LEE MÁS: Jungle vuelve a Lima para presentar su nuevo álbum “Sunshine”: todo sobre su concierto

Para entonces, el Indio ya era mucho más que un cantante. La historia de esa devoción comenzó en la ciudad de La Plata, donde a mediados de los años setenta fundó Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota junto a Eduardo “Skay” Beilinson. Lo que empezó como una propuesta contracultural que mezclaba música, teatro y performances callejeras terminó convirtiéndose en una de las bandas más influyentes de la historia del rock argentino con discos como “Oktubre”, “Un baión para el ojo idiota” y “Luzbelito”.

Buena parte de su atractivo residía en el propio Solari. Mientras otros artistas buscaban exposición permanente, él optó por el silencio. Evitaba los programas de televisión, concedía pocas entrevistas y aparecía públicamente solo cuando lo consideraba necesario. Dueño de una voz áspera y reconocible, construyó un cancionero poblado de referencias literarias, personajes ambiguos, metáforas políticas y relatos abiertos a múltiples interpretaciones.

En 2016 reveló públicamente que padecía Parkinson. Pese al avance de la enfermedad, continuó grabando música, publicando obras y participando en proyectos artísticos. (Photo by LUIS ABDALA / AFP)

/ LUIS ABDALA

`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});

Nacido en Paraná el 17 de enero de 1949 y criado en La Plata, Solari no parecía destinado a convertirse en la voz más convocante del rock argentino. Antes de dedicarse plenamente a la música estudió brevemente en Bellas Artes, de donde terminaría expulsado. En aquellos años estaba más interesado en el dibujo, el diseño gráfico y la literatura que en la posibilidad de convertirse en una estrella de rock. Admiraba a los escritores beatniks, consumía historietas y ciencia ficción compulsivamente, y trabajó en pequeños proyectos gráficos que alimentaron el imaginario que más tarde aparecería en sus canciones.

Cuando Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota comenzó a crecer durante los años ochenta, Solari ya había entendido que el misterio podía ser más poderoso que la exposición permanente. Mientras otras bandas buscaban espacios en televisión y radio, Los Redondos construyeron su popularidad casi exclusivamente a través de los recitales y el boca a boca. La estrategia funcionó. Hacia finales de los noventa, la banda llenaba estadios y generaba movilizaciones masivas, mientras el Indio se convertía en una figura tan influyente como esquiva.

Como líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, Solari se convirtió en una de las figuras más influyentes y convocantes de la historia del rock argentino. (Foto: Difusión)

Como líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, Solari se convirtió en una de las figuras más influyentes y convocantes de la historia del rock argentino. (Foto: Difusión)

`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});

La separación de Los Redondos en 2001 parecía el cierre definitivo de esa época, pero el Indio encontró una nueva forma de reinventarse. Con Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado inició una etapa que le permitió ampliar todavía más su convocatoria. Discos como “El tesoro de los inocentes”, “Porco Rex” y “El perfume de la tempestad” demostraron que el fenómeno excedía largamente a la banda que lo había hecho famoso.

Los números comenzaron a ser extraordinarios incluso para los estándares del rock argentino. En Mendoza reunió unas 150.000 personas; en Gualeguaychú superó las 170.000; y en Olavarría alcanzó una cifra cercana a las 300.000, una convocatoria prácticamente imposible para cualquier otro artista de la región. A esas alturas, sus conciertos se habían convertido en verdaderas peregrinaciones multitudinarias que movilizaban ciudades enteras.

Pero esa masividad también convivía con episodios de violencia recurrentes, una tensión que acompañó buena parte de la historia ricotera y que alcanzó uno de sus puntos más dramáticos en Olavarría. Aquella noche de marzo de 2017, la organización quedó desbordada por una asistencia muy superior a la prevista. Hubo avalanchas humanas, centenares de asistentes descompuestos y dos personas fallecidas. Sin saberlo, el Indio acababa de ofrecer el último recital de su vida.

Un año antes de aquel acontecimiento había revelado públicamente que padecía Parkinson, una enfermedad que ya comenzaba a afectar su vida cotidiana. Con el paso de los años habló ocasionalmente sobre las dificultades que implicaba convivir con el trastorno. Llegó a contar que algunos días necesitaba ayuda para tareas tan simples como vestirse y que había tenido que aprender a relacionarse nuevamente con su propio cuerpo. Sin embargo, nunca abandonó la creación artística. En 2019 publicó sus memorias, “Recuerdos que mienten un poco”, escritas junto a Marcelo Figueras; continuó grabando música desde Parque Leloir, lanzó nuevas composiciones con El Mister y los Marsupiales Extintos y colaboró con artistas de distintas generaciones, entre ellos Wos.

LEE MÁS: Conciertos de Travis Scott y Kanye West en Italia fueron cancelados por seguridad

Quizás esa haya sido siempre la verdadera dimensión del Indio: alguien que llevó una vida discreta al margen de lo monumental que generaba. Mientras él buscaba refugio en ciudades donde pudiera pasar desapercibido, cientos de fans emprendían peregrinajes musicales para escucharlo una vez más. Tal vez por eso, incluso hoy, cuando la noticia de su muerte nace en Argentina, también obliga a escribir sobre su vida desde Perú.

Share.
Exit mobile version