sábado, febrero 7

Hacer deporte es, casi, una forma de resistencia. En ciudades como Lima, cada vez más apretadas, donde el cemento gana terreno y los parques se reducen a islas, moverse al aire libre es un privilegio. Desde pequeños, nos dicen que el deporte le hace bien al cuerpo y a la mente, pero en el Perú practicarlo no siempre es sencillo. Los espacios públicos son escasos y, cuando existen, no siempre están abiertos a nuevas disciplinas. Menos aún si se trata de una que todavía suena extraña: disc golf.

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El año pasado, este deporte llegó con intención de quedarse. Lo hizo de la mano de una pareja que no imaginó que su entusiasmo los llevaría a tocar puertas, redactar cartas infinitas y cargar (literalmente) con una canasta metálica por varios parques de su ciudad. Porque si algo han aprendido Jorge Antonio Borletti y Liliana García es que, para que el disc golf crezca, no basta con lanzar el disco al aire, hay que tener una estrategia. Basta con sumarse a una de las prácticas que realizan los sábados por la mañana para entenderlo.

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Jorge Antonio Borletti lidera la asociación nacional de disc golf e instruye gratuitamente a todas las personas que se animen a practicar este deporte en las sesiones sabatinas en la Residencial San Felipe, donde es vecino. (Foto: Antonio Melgarejo/ GEC)

Son las 8:30 a.m. en la Residencial San Felipe, en Jesús María. A la altura de la cuadra 6 de Gregorio Escobedo, detrás del edificio Las Magnolias, un grupo pequeño se reúne cerca de los juegos infantiles. No hay uniformes ni implementos sofisticados. Lleva ropa cómoda y ganas. El entrenamiento empieza puntual y no pasan muchos minutos para quedar atrapados en su dinámica.

El viaje del disc golf

La historia de Jorge y Liliana con el disc golf no comenzó en Lima, sino en un viaje a España, en 2024. En un mercado vieron un puesto de venta de discos. Les llamaron la atención los colores. Preguntaron. Descubrieron que no eran simples ‘frisbees’, sino implementos para un deporte con más de medio siglo de historia y miles de campos en el mundo.

Antes de eso, Liliana bailaba zumba en el malecón. Jorge había pasado por el jiu-jitsu, el karate, el básquet y el ciclismo. Pero algo en el disc golf conectó con él de inmediato. Quizá fue el recuerdo de su infancia en la Residencial San Felipe, cuando jugaba con tapas de baldes de pintura recortadas, compitiendo con sus amigos por el mejor lanzamiento, o los muchos beneficios que encontró en esta disciplina.

Jorge, que tiene 60 años, cuenta: “Yo tengo ciertas patologías crónicas. Me prohibieron hacer deporte hace muchos años. Sin embargo, el disc golf te permite avanzar con tus capacidades, no hay limitantes. No tienes que tener una condición física determinada. No es como otros deportes, que te exigen cierto biotipo. Este deporte lo puede practicar un niño de 8 a 10 años hasta un niño de 99 o 100 años, inclusive en andador puedes ir y lanzar los discos. Es un deporte muy inclusivo”.

Ese entusiasmo, sin embargo, chocó pronto con la realidad limeña. “Como la gente no conoce, nos sacaban de los parques”, cuenta Liliana de las primeras prácticas que realizaba con su esposo. Jorge recuerda lo mismo: “Cuando comenzamos, nos sacaban los de serenazgo. Como si estuviéramos haciendo algo malo”.

Lejos de desmotivarse por las adversidades, ese inicial rechazo se convirtió en su motor. A mediados de 2025, Jorge creó la Asociación Peruana de Disc Golf. La formalizó en Registros Públicos y obtuvo el reconocimiento del RENADE-IPD. Lo que siguió fue aprendizaje legal, asesorías, contactos internacionales y una cadena de gestiones que le han permitido ganar varias batallas en defensa del uso del espacio público.

Los primeros lanzamientos

Nuestra sesión sabatina empieza con una inducción. Jorge abre su colección de discos: ‘putters’ para corta distancia, ‘midrange’ para media, ‘fairway driver’ para larga y ‘distance driver’ para distancias mayores. Cada uno tiene una numeración que indica velocidad, planeo, giro y caída. Hoy, para principiantes, usamos ‘putters’.

Empiezo a tres metros del cesto. El tiro sale casi desde la entrepierna, ligeramente ladeado y hacia arriba. El disco vuela, se inclina, roza las cadenas y cae dentro. El sonido metálico es satisfactorio y queda grabado rápidamente en la memoria. Nos motivamos. Retrocedemos. A seis metros y volvemos a anotar. A nueve, ya no es tan simple. El deporte engaña: parece fácil, pero exige estrategia. Aquí importa más la técnica que la fuerza.

El objetivo es completar el recorrido con la menor cantidad de lanzamientos, como en el golf tradicional. El punto ideal es el ‘ace’, equivalente al hoyo en uno. En nuestro partido, algunos logran encestar en dos tiros desde media distancia. Ver los lanzamientos de media distancia es realmente un espectáculo.

Ese día también están Sandy Ayala y Edward Pachas. Ambos son profesores de educación física. Conocieron el deporte cuando Jorge dictó un taller en el IPD. Edward enseña desde hace 20 años; ha practicado básquet, vóley y handball. Ahora juega disc golf incluso con su hija de seis años. Sandy, que viene desde Puente Piedra, se enganchó por la estrategia. Ella ve una metáfora de la vida: cada lanzamiento es una decisión, una manera de sortear obstáculos.

Los campos suelen tener 9 o 18 cestos y se desarrollan en entornos naturales, entre árboles que obligan a pensar la trayectoria. Sandy sigue torneos como el Australasian Open por YouTube. Sueña con un campo así en el Perú.

“Cualquier persona puede practicar este deporte, te permite ir a tu ritmo”, dice Jorge. Y añade: “Este deporte tiene beneficios cardiovasculares, porque caminas mucho. Es antiestrés porque estás al aire libre, en contacto con la naturaleza. Desarrollamos ética al jugarlo, porque nos respetamos, nos valoramos como personas y valoramos el entorno en donde estamos compartiendo. El otro factor importante es el hecho de que te genera una acción de estrategia, de bienestar, de salud, de paz interior, de fijarte metas contigo mismo, de objetivos, de mejora. Es un deporte con el que desarrollas muchas habilidades”.

La burocracia del deporte

Detrás de los lanzamientos hay jugadas menos visibles: estatutos, abogados, reuniones municipales. Jorge no es abogado; contrató uno para formalizar la asociación. Aprendió por Internet, contactó personas en México y Guatemala, se comunicó con el coordinador latinoamericano de la PDGA.

“Ha sido una aventura, en verdad. Un dolor de cabeza muchas veces, con mucho rechazo, pero hemos seguido dando pasos. Preguntando y preguntando, hemos ido avanzando”, cuenta.

Han enviado cartas a múltiples municipalidades. “Lo que nosotros buscamos es generar comunidad y estamos muy aliados con lo que viene a ser el medio ambiente, no solamente el cuidado, sino la acción: queremos tener un campo. Ese es nuestro gran objetivo, por eso hemos mandado cartas infinitas a muchas municipalidades y en la mayoría, exceptuando dos, hemos tenido rechazos, respuestas un poco inauditas y en algunos otros casos ni siquiera hemos tenido respuestas”.

Mientras tanto, cargan su propio cesto y se hace de espacio para practicar y difundir el disc golf. “Si estuviera instalado, ya solo llevamos una mochila con los discos”, dice Jorge.

En 2025 participó en el primer Campeonato Latinoamericano de Disc Golf en la ciudad de Antigua, Guatemala. “Este humilde servidor, en la categoría de mayores de 50 años, participó. Quedé en penúltimo lugar, pero con mucho orgullo. No fui brillante, pero allí estuve”. Fue la primera vez que sonó el Himno Nacional en un torneo oficial de este deporte.

El sueño del campo propio

Jorge y Liliana desean tener un campeonato en el Perú, por eso su meta es clara: un campo permanente. El disc golf requiere grandes extensiones: idealmente siete hectáreas, con árboles y naturaleza. Jorge ha pensado en un terreno en San Bartolo, en espacios en Chilca, en alianzas con municipalidades. Piden una o dos hectáreas dentro de terrenos mayores. Ofrecen arborización, parques, pulmones verdes y espacios para compartir.

También trabajan con el Comité Femenino de Disc Golf para traer clínicas gratuitas para mujeres y niñas. Liliana destaca la coordinación con jugadoras internacionales que podrían dejar cestos donados. Pero sin parques asignados, el proyecto se confirma todavía.

“El disc golf es una alternativa también para que los niños no estén todo el día encerrados con una computadora o con un celular”, dice Jorge. “Con el disc golf estás al aire libre, puedes compartir con tus papás, puedes compartir con tu abuelo, puedes compartir entre pareja. Incluye a todas las personas, por eso nosotros decimos que es un deporte familiar”. Y resume: “Acá el reto es contigo mismo”.

Al final de la mañana, después de hacer mi último lanzamiento y observo las jugadas de los otros participantes, el sonido vuelve a repetirse en mi cabeza: el golpe suave contra las cadenas, la caída limpia. Es un sonido breve, pero se queda. Como la convicción de esta pareja que insiste en abrir espacio donde parece no haberlo.

Quizá el disc golf no necesite solo jugadores, sino parques. No solo cestos, sino árboles. En un país donde las áreas verdes son una deuda, soñar con un campo es también imaginar un lugar para respirar. Y tal vez ahí radique su verdadera fuerza: en recordarnos que el deporte, como el aire libre, no es un lujo. Es una necesidad.//

Además…

En los medios

Aunque para muchos este deporte resulta 100% nuevo, el disc golf ha tenido importantes referencias en la cultura popular. En 1997 en la serie “Seinfeld”, George es despedido y decide tener un verano memorable. Entre las cosas que dice hacer está jugar disc golf. En el 2005, en “Zooey 101” (la referencia más extendida, quizás, para quienes lean esta nota), le dedican la integridad del episodio décimo primero de la primera temporada a este deporte. En el 2012, en “21 Jump Streetp”, los personajes de Jonah Hill y Channing Tatum terminan, en una escena, interrumpiendo a unos ‘disc golfers’ a punto de hacer un lanzamiento frente a una laguna. 

¿Quieres jugar?

Prácticas gratuitas

Puedes sumarte a las prácticas de disc golf de manera gratuita asistiendo a sus sesiones en Jesús María. Las sesiones son todos los sábados de 8:30 a.m. a 11:30 a.m. en los Jardines de la Residencial San Felipe, junto a los juegos infantiles. En el lugar, te brindarán los implementos. Pueden participar personas de todas las edades. Si quieres saber más, sigue a la asociación peruana de disc golf en Instagram @discgolfperu2025.

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