A lo largo de tres siglos, se han escrito diversas óperas en Europa sobre temas peruanos. Algunas han tomado como fuente el Incanato o la conquista, mientras que otras se han basado en aspectos de la vida cortesana del virreinato. En su mayoría, los argumentos fueron redactados sin mayor rigor ni fidelidad a la veracidad histórica. Son, más bien, documentos que reflejan la visión europea sobre el Perú, un territorio asociado a menudo a la leyenda.
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La más célebre de estas obras es Alzira, compuesta por Giuseppe Verdi, con libreto de Salvatore Cammarano, basada en la tragedia teatral Alzire, ou les Américains de Voltaire. Su estreno tuvo lugar en el Teatro San Carlo de Nápoles el 12 de agosto de 1845. Lastimosamente, no tuvo mayor aceptación en Roma ni en Milán. Los registros de prensa de la época afirman que fue recibida con indiferencia a pesar del mérito de sus intérpretes: la renombrada Eugenia Todolini, el tenor Gaetano Franchini y el barítono Filippo Coletti. Sobre esta ópera, de historia accidentada, Verdi reconoció sus defectos, llegando a confesar en su correspondencia que era “realmente fea”.
Sin embargo, el fracaso no alejó al compositor italiano de la temática amerindia. El historiador argentino Adolfo Saldías refiere haber oído de boca del escritor y expresidente Domingo Faustino Sarmiento que, durante su destierro en Italia, el mariscal Andrés de Santa Cruz —responsable de la Confederación Perú-Boliviana— trabó relación con Verdi al hospedarse en el mismo hotel. Según el relato, el músico habría escuchado los yaravíes que el militar boliviano tocaba en su guitarra, anotándolos para incorporarlos posteriormente en “La traviata” (1853), aunque esta obra también resultara inicialmente un fracaso rotundo.
Alzira llegó a nuestras costas poco tiempo después. Se estrenó en el Teatro Principal de Lima el 20 de enero de 1850.
Por otro lado, la ópera Atahualpa es un drama lírico en cuatro actos con música de Carlo Enrico Pasta y libreto de Antonio Ghislanzoni. Fue creada en Génova y estrenada en el Teatro Paganini el 23 de noviembre de 1875. A Lima llegó al Teatro Principal el 11 de enero de 1877, interpretada por la soprano Blanca Montesini (Cora) y Giovanni Carbone (Atahualpa), bajo la dirección de orquesta de Francesco Rosa. Ghislanzoni, libretista de la Aida de Verdi, puso en escena a la nobleza incaica junto a soldados, frailes, indios y sacerdotisas.
La obra inicia con una evidente licencia histórica: en el libreto, Pizarro llega primero al Cuzco. Sus soldados, desairados por no haber sido beneficiados con el oro obtenido intentan regresar a España, pero el conquistador y el padre Valverde aplacan sus exigencias. Soto, tras cumplir una comisión negociadora, regresa con los tesoros enviados por el Inca, lo que motiva a los españoles a partir hacia Cajamarca.
Ya en el campamento, Soto conoce a Cora, sobrina del monarca, quien se enamora de él y lo salva de ser asesinado por los sacerdotes del imperio. Atahualpa encarga a Soto transmitir a Pizarro su deseo de recibirlo en la plaza. Tres días después, Valverde sale al encuentro del hijo del Sol, Biblia en mano. Cuando el Inca arroje al suelo los evangelios, se desatará la sangrienta lucha.
Tras ser apresado, Atahualpa rechaza las súplicas de Cora para que renuncie a sus creencias a cambio de su vida. Instada por los conquistadores, ella organiza al pueblo para reunir el gran tesoro del rescate; sin embargo, una vez entregado, el soberano es ajusticiado. La obra de Pasta concluye con el dolor popular y la maldición de Cora al sufrir las consecuencias de su amor prohibido.
Para Miguel Molinari, gerente de Cultura de la Municipalidad de Lima, Atahualpa —obra de estilo verdiano cantada en italiano— es un estreno que se espera con expectativa. “Se trata de una ópera escrita por un compositor italiano que vivió en el Perú. Contemporáneo de Verdi, Carlo Enrico Pasta radicó en nuestro país entre 1855 y 1872, y que a su regreso a Italia, quiso regalarle al Perú una ópera. Para ello, basándose en un texto teatral de Carlos Augusto Salaverry, escogió a Atahualpa, Inca que se convertiría en un personaje ancla para muchas corrientes artísticas, desde la pintura académica de Luis Montero hasta las obras del indigenismo”, explica.
En el Teatro Municipal de Lima, Atahualpa se presenta los días 3, 5 y 8 de julio con un reparto compuesto por Francesco Samuele Venuti (el Inca), Sabrina Gárdez (Cora), Matteo Roma (Soto), Giuseppe de Luca (Pizarro), Gianluca Margheri (Valverde), Alejandro Sánchez (Fernando), Juan Colmenares (Explorador) y Elizabeth Guerrero (Ancella). La dirección musical está a cargo de Andrea Poti y la puesta en escena es de Alejandro Chacón, con la participación de la Orquesta Sinfónica del Municipal y las voces del Coro Nacional del Perú.
Para Molinari, un aspecto fascinante de Atahualpa es el vínculo estrecho con el Perú plasmado en su escena final. “Cuando Cora, convertida al cristianismo y casada con Soto, comprende que han matado al Inca traicionando los acuerdos, decide quitarse la vida. En su agonía, visualiza un futuro de libertad. Es en ese momento cuando suenan las notas del Himno Nacional del Perú como un motivo dentro de la ópera, transformándose en un estudio orquestal como gran final”, añade.
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A saber
“Atahualpa” se presenta el 3,5 y 8 de julio en el Teatro Municipal. Las entradas están a la venta en Ticketmaster. Gracias al Club, disfruta del 15% de dto. entradas para todas las zonas. Descubre más AQUÍ.



