jueves, enero 29

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Durante años, la inteligencia artificial fue vista como un lujo tecnológico: cara, compleja y exclusiva de grandes corporaciones. Al ser cada vez más barata, accesible y aplicable a casi cualquier actividad productiva, el mundo la empieza a incorporar al trabajo cotidiano. Sin embargo, en el Perú todavía la miramos desde la orilla. Incluso, algunos dirían, con miedo.

Según el AI Diffusion Report 2025 de Microsoft, solo el 15% de los peruanos utiliza herramientas de inteligencia artificial generativa; una cifra claramente inferior a la de Chile (21%) y lejos del promedio de los países de ingresos altos (25%). En esencia, la brecha refleja diferencias en conectividad, capacidades digitales, adopción empresarial y, sobre todo, en su uso productivo en el trabajo diario.

Una de las razones detrás de esta rápida difusión en el mundo es el precio. De acuerdo con el AI Index Report de la Universidad de Stanford, el costo de ejecutar tareas estándar con modelos avanzados de IA ha caído entre 10 y 100 veces en apenas dos años. En términos simples, herramientas que antes eran prohibitivas hoy están disponibles de forma gratuita o cuestan lo mismo que una suscripción a una plataforma de streaming.

Eso cambia el juego. Una bodega, un taller mecánico o un restaurante pueden usar IA para responder mensajes de clientes, preparar cotizaciones, llevar inventarios o diseñar piezas gráficas sin contratar servicios especializados. Un municipio pequeño, con poco personal y alta carga administrativa, puede clasificar expedientes, responder solicitudes frecuentes o generar reportes básicos, reduciendo tiempos y costos, simplificando la vida de la gente y los negocios. Un profesional independiente – abogado, contador o arquitecto– puede tener un “copiloto” que resume normas, revisa documentos o prepara borradores en mucho menos tiempo. Según estimaciones de la Reserva Federal de Saint Louis (EE.UU.), un trabajador es, en promedio, 33% más productivo en cada hora que utiliza IA generativa.

Así, el impacto potencial de la IA sobre la productividad laboral es enorme. Al reducir el tiempo dedicado a tareas repetitivas y de bajo valor, permite que trabajadores y empresas se concentren en lo que realmente genera valor. Esto es clave porque, en el largo plazo, la productividad es la única fuente sostenible de mejores salarios. Así, si la preocupación genuina es mejorar los salarios, una discusión sobre la adopción seria y decidida de la IA debería ser más relevante que aumentar la RMV.

La IA se está incorporando al trabajo de la misma forma que otras mejoras tecnológicas (como la electricidad o la Internet) lo hicieron antes. El impacto no está en la herramienta, sino en el tiempo que se ahorra y en la calidad del resultado. Para el Perú, el reto no es anunciar grandes planes ni crear un “ministerio de Inteligencia Artificial”, sino cerrar brechas digitales, apostar por capacitación continua y facilitar su adopción en empresas y en el Estado. Ahí se juega su potencial democratizador.

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