Antonio Pérez, director de FOMA Sports, agencia de representación de futbolistas profesionales, nos esclarece el escenario desde su óptica de agente de jugadores. Su visión, mucho más concreta y realista, permite detectar y entender las falencias de un modelo ineficiente sobre el que se rige todavía el fútbol peruano y que, cada vez, amplía la distancia entre lo que produce nuestro mercado y el estándar sobre el que se rigen ligas de élite.
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Para entender mejor el contexto basta un dato: la última vez que un club pagó más de 10 millones de dólares por un futbolista peruano fue en el 2008, cuando la Fiorentina desembolsó 12 millones al Catania por el lateral peruano Juan Manuel Vargas.
Ese mismo año, Jefferson Farfán -con 23 años- fue adquirido por el Schalke 04 por un pago de 10 millones al PSV Eindhoven.
El ‘Loco’, salido de la ‘U’ y con paso antes por el fútbol argentino, es además el peruano con mayor valor de mercado en la historia: el 2010 -ya con 26 años- llegó a tener un valor de mercado de 20 millones de euros. Hoy el peruano mejor valorado según la página especializada Transfermarkt es Erick Noriega, de 24 años, con 4.6 millones de dólares.
Actualmente, según Transfermarkt, el jugador peruano mejor valorado y con más proyección en el mercado es Maxloren Castro de Sporting Cristal, quien con 18 años tiene un valor de mercado de 1 millón de euros. El otro es Felipe Chávez, de 19 años y actualmente cedido por el Bayern al Colonia alemán.
¿Por qué el futbolista peruano se ha devaluado en el mercado internacional en los últimos años, pese a que siguen apareciendo talentos exportables?
El talento peruano no ha bajado; ha bajado su contexto competitivo. No es un problema de talento, porque el talento sigue apareciendo. Desde nuestra experiencia representando jugadores, vemos que el problema es más de percepción de mercado. Hoy el futbolista peruano llega menos preparado para competir de inmediato en ligas exigentes, y eso hace que los clubes extranjeros asuman más riesgo al ficharlo.
Antes el jugador exportado venía con más roce competitivo o dentro de un contexto de selección fuerte. Hoy hay menos exposición internacional, menos continuidad y menos métricas objetivas que respalden su rendimiento. Eso termina impactando directamente en el valor.
¿Qué tan determinante es la falta de competencia en menores (reservas, Liga 3, torneos juveniles) en el momento de negociar una venta al exterior?
Es totalmente determinante. En negociaciones que hemos llevado, uno de los primeros puntos que analizan los clubes es el contexto competitivo del jugador. Si un chico de 18 o 19 años no ha tenido competencia real —torneos exigentes, ritmo alto, presión— el club comprador sabe que va a necesitar un proceso de adaptación más largo. Y eso baja el precio o incluso frena la operación.
La falta de una estructura sólida (reservas competitivas, una Liga 3 bien organizada, torneos juveniles exigentes) genera una brecha muy grande frente a otros mercados de la región.
Desde tu experiencia, ¿qué le están pidiendo hoy los clubes extranjeros a un jugador peruano que antes no era tan determinante?
Hoy el mercado es mucho más exigente en tres aspectos: físico, intensidad y toma de decisiones. En conversaciones recientes con clubes del exterior, ya no basta con el talento técnico. Te piden jugadores que puedan sostener ritmos altos, que entiendan el juego tácticamente y que tomen decisiones rápidas bajo presión.
Además, hay un tema clave: profesionalismo. Hábitos, disciplina, alimentación, trabajo invisible. Los clubes invierten y quieren certezas, no apuestas a largo plazo sin garantías.
La FPF anunció la creación de la Liga Nacional Juvenil. (Foto: FPF)




