El economista Hernando De Soto afirmó que no le daría el voto de confianza al Gabinete Ministerial, liderado por Denisse Miralles, porque “es el resultado de un secuestro” al presidente José María Balcázar. Además, mostró a El Comercio las llamadas que le realizó César Acuña, candidato presidencial de APP, luego de que fuera nominado para titular de la PCM, cargo al que finalmente no juró.
— Usted ha referido que César Acuña, candidato presidencial de APP, lo llamó “un par de decenas” de veces. ¿Puede detallar en cuántas oportunidades le timbró el ex gobernador regional y sus allegados?
Él me habrá llamado entre 10 y 20 veces que yo recuerde. Yo no acepté las llamadas, pero no por enemistad. Tengo una buena relación con él, lo veré una vez cada un año o dos. Sencillamente [no respondí] porque desde el momento que acepté el encargo del presidente—que consistía en ser una figura que permita elecciones limpias y que dé tranquilidad de que nadie iba a maniobrar el proceso—, la primera decisión que tomé es que no quiero hablar con nadie que esté en el proceso [electoral] y que pueda tener alguna injerencia en el Gabinete que yo iba a presidir. [Luego se podía decir] que yo he conversado con él y que me he dejado manipular de una forma u otra.
No solamente tengo timbrazos de Acuña, tengo timbrazos de todo el mundo y no he contestado ni una [sola llamada]. Tampoco he abierto la puerta de la casa a personas que tengan un interés contrario a la democracia o que quieran imponer un interés económico en la selección de los ministros.
— ¿Para qué cree que lo llamó Acuña con tanta insistencia?
Su curiosidad es la mía. El problema de no abrir la puerta y no contestar el teléfono es que uno no se entera.
— El candidato presidencial de APP ha dicho que lo llamó solo dos veces para felicitarlo y no para pedirle ministerios. ¿Le cree?
No fueron dos veces, fueron [saca su celular y lo muestra]…De repente no se acordó, porque le dijo a su secretario. Y bueno, estas [llamadas] solo son una parte.
— Ahí [en el celular de De Soto] se ve que son más de dos llamadas. ¿Usted piensa que Acuña intentó o quiso tener injerencia en la conformación de su Gabinete Ministerial?
Es una muy buena hipótesis. Además, es lógico que un político quiera ponerse en contacto con una persona que va a asumir una posición política. Yo no tengo problema con eso. Yo no he dicho que el señor Acuña sea tal o cual cosa. Al presidente [Balcázar] lo que le dije fue: “Yo no creo que nosotros deberíamos tener en el gabinete —en el cual usted me ha dejado con una excepción [el MTC]—a personas que representen un interés económico evidente”.
Él [Acuña] fue gobernador regional de La Libertad, donde entiendo que hay actividades del narcotráfico, le han retirado la visa a los Estados Unidos, entonces, toda la credibilidad que yo podía aportar a un Gabinete Ministerial de que no hay influencias [de esta persona y otras], se desvanece. El presidente me pidió asegurar de que haya elecciones limpias, no influenciadas por personas que han mezclado el interés político con el económico. Y que estos estén presentes en el Congreso, es una elección que ya se tomó, pero en mi lista, a la que Balcázar llamaba “el Gabinete De Soto”, no entra nadie que tiene un interés específico o una ideología que va contra la democracia y la economía de mercado.
En menos de cuatro minutos, César Acuña llamó en cinco oportunidad a De Soto. El candidato de APP había dicho que solo le timbró dos veces. (Foto: Antonio Melgarejo/ El Comercio)
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— Además, de Acuña, ¿qué otros líderes de partidos políticos se comunicaron con usted o intentaron hacerlo?
No me gustaría dar nombres, porque tienen todo el derecho a llamarme. El caso de Acuña se ha vuelto político, porque él mismo ha respondido diciendo “yo soy inocente” […] Entre mi mujer y yo habremos recibido, en dos días y medio, más o menos 1,100 llamadas. Han llamado de todas partes. Lo que le puedo decir es que no he contestado una y no he abierto la puerta. Al momento de tomar decisiones políticas no voy a escuchar a una parte interesada.
— Hubo una persona de su entorno que le aconsejó que no podía confiar en César Acuña y que no debía permitir la presencia de apepistas en su eventual Gabinete. ¿Fue así?
Sí, más de una. Yo para tomar decisiones como esta [ingresar a la PCM] quise saber cuál es la realidad en tres o cuatro días. Me rodeé de personas del mundo periodístico que no son conocidas por tener una preferencia política u otra. Cuando fui recorriendo los ministros existentes uno por uno, me di cuenta de que, cuando yo ni había pensado en problemas con APP, surgieron inmediatamente personas diciendo: “Si tú haces eso, Hernando, tú vas a tener gente contra ti”. Comencé a ver que era un tema delicado. Yo no soy juez y no tengo por qué pronunciarme sobre el pasado de César Acuña. Lo que tenía que hacer era asegurarme de que en mi gabinete, que iba a garantizar al Perú que las cosas eran limpias, no podía tener personas cuestionadas, sean culpables o no. Para mí, fue interesante que hubo prácticamente unanimidad entre los periodistas en que el señor Acuña y la gente que él tenía en los ministerios eran un peligro para la imagen que queríamos proyectar.
— ¿Cómo lo contactó el presidente José María Balcázar? ¿Se conocían de antes?
No, no nos conocíamos de antes. Él me dijo que había enviado a cinco personas para contactarme. Efectivamente, yo recibí llamadas, atendí a dos y acudí especialmente a una para hacer la comunicación en la cual se produjo la primera reunión. De ahí en adelante, ya no aparece nadie más en mis relaciones con el presidente porque, si él quería que yo sea jefe de la PCM, la Constitución dice que formar el gabinete es cosa de dos personas.
— ¿Qué tipo de condiciones le puso usted al presidente para aceptar ser su primer ministro? ¿Él las aceptó?
Yo no le hice ninguna propuesta; yo no sabía por qué me había llamado [a la primera reunión]. Me insinuaron que podía ser la PCM. Yo dije: “No, de repente yo puedo orientar o asesorar”. Pero cuando me senté y lo escuché [al presidente], me dijo cuántas cosas tenemos en común. Es un lector mío a fondo; me decía: “La página 289 dice tal cosa, la página 140 dice tal otra”. Me dijo concretamente: “Quiero que reciba la PCM”. Yo le dije que le agradecía mucho, pero que no iba a ser un “pantallazo” ni un “mascarón de proa” para que detrás entrara todo el Arca de Noé. Él me dijo: “Este es su gabinete con una excepción: el ministro de Transportes”. Esa fue la [condición] que él me puso. Yo tomé un día para pensarlo porque nunca he aceptado una posición oficial. No porque no la pueda manejar —he manejado compañías afuera que, en su momento, eran más grandes que el Estado peruano—, sino por si me iba a poder acostumbrar a ese papel y cómo organizarme para tener elecciones limpias y ayudar a Arequipa en las emergencias. Recién cuando se me explicó, a través de entrevistas con candidatos para acompañarme, me di cuenta de que lo podía hacer y acepté. Le dije que de repente no necesitábamos cambiar a todos los ministros porque algunos son perfectamente decentes y no van a manchar la gestión.
— Por ejemplo, ¿cuáles eran lo ministerios donde usted sí o sí quería poner a integrantes de su equipo?
En la primera hornada, porque no se iba a poder reemplazar a los 19 ministros […] si mal no recuerdo: Energía y Minas, Economía y Finanzas, Interior, Defensa y Justicia…
— ¿Cancillería también?
Absolutamente, discúlpeme. El Ministerio de Relaciones Exteriores. ¿Por qué razón? Porque hay que asegurar que en el momento del voto la gente esté consciente de que el Perú no es un planeta aparte. Hay una presencia china y una orientación europea socialdemócrata. Nosotros vamos a tener que pronunciarnos sin ser colonia de ninguno. Mi idea era crear una relación especial con los Estados Unidos, ya que conozco a mucha gente de la administración Trump. Acabo de conocer al embajador americano, que me parece una estupenda persona. Quería asegurarme de que no seamos sencillamente un satélite y meternos en un lío que no es el nuestro.
— ¿Se refiere al impasse entre Estados Unidos y China [por el puerto de Chancay]?
Me refiero a que es obvio que necesitamos una conexión estrecha con los militares americanos porque son una parte pensante del Estado, a diferencia del Perú donde se quiere separar a los militares de la actividad cívico-política. Tenemos como enemigos al comunismo y al “cerebro que funciona desde Cuba”. Pero de ahí a que el Perú se vuelva un portaaviones americano hay una distancia. También hay que evitar que China tenga un monopolio sobre el Perú en acuerdos gobierno a gobierno.
— Usted plantea cambios en seis ministerios. ¿El presidente acepta? El sábado, Balcázar, en una reunión con el empresariado, aseguró la continuidad de Denisse Miralles en el MEF.
Absolutamente. Ahí están las listas. Desde Relaciones Exteriores hasta Economía. Inclusive la tengo marcada en mis documentos intercambiados con él. La idea que él me dio fue: “¿Qué pasa si a medida que usted conoce a la ministra de Economía resulta ser una persona adecuada?”. Yo le dije que no había problema, pero como todo esto ocurría en tres días, no había tiempo de examinar a todos. Quedamos en que, si era una buena persona y no iba a “manchar”, encantado de que se quedara.
— ¿En qué momento se corta la comunicación? ¿Qué fue lo que detonó este momento?
Quizás “cortar” no es la mejor palabra. El martes, para ser preciso, el presidente desayuna aquí [en mi casa]. En ese momento revisamos absolutamente todo, las listas. Le expliqué que podía ser que, minutos antes, dos personas que yo quería para el gabinete aceptaran, en cuyo caso habría que cambiar nombres a último momento. Muchos a los que llamé para el gabinete decían: “Uy, qué difícil”, por la desaprobación del Congreso y del presidente. Por eso acordamos flexibilidad hasta el último momento. El objetivo era probarle a la población que este sería un gabinete nuevo para dar elecciones limpias.
— ¿Y cuándo le deja de contestar el teléfono el presidente Balcázar? ¿Cómo surge el Gabinete paralelo?
Ese es para mí un misterio. Cuando él se despide, a las 10:30 de la mañana, es posible que hayamos tenido una llamada, pero yo nunca he levantado el teléfono para molestar. El único momento en que salí a la prensa fue cuando corrió el rumor de que yo había renunciado; hice una aclaración en RPP. Desde que se fue de mi casa hasta que el televisor informa “hoy están juramentando”, sencillamente no había escuchado nada.
— ¿El presidente no lo llamó para decirle “va a jurar otro Gabinete”?
No, no. La última vez que escuché su voz fue a las 10:30 de la mañana del martes. Yo me enteraba por las secretarias que hablaban con secretarias sobre preparativos, fajines o parqueo. El jefe de Protocolo dejó de hablar. Nadie sabía nada, había un silencio. Yo me imaginaba presiones políticas, pero no pensé que hubieran intervenido fuerzas ajenas que prácticamente lo habían secuestrado. Para mí resultó claro cuando empezó a jurar otro Gabinete conformado a última hora. Si usted ve las caras de los ministros al jurar, están sorprendidos y asustados; parecen reclutas de último minuto. El presidente tiene que haber sido secuestrado o sometido a presiones muy fuertes, porque esto permite cuestionar su palabra justo cuando más importa.
— ¿Puede señalar cuáles son los ministerios que están bajo la influencia de APP?
No lo sé, porque no estoy en la política diaria. Me he basado en un grupo de personas en las que confío para que me orienten sobre dónde está el peligro. Donde me han dicho que hay “luces rojas”, yo sencillamente he dicho: “afuera”. No hay tiempo para estudios sociológicos en 45 días.
— ¿Y quienes eran los integrantes del Gabinete que veían como peligrosas?
Los marcamos en una lista, pero no quiero ser un fiscal ni condenar a nadie. Solo quería evitar que hubiera indicaciones dentro de mi gabinete que fueran peligrosas para las elecciones.
— ¿Quiénes eran los profesionales que integraron sus listas para el Gabinete Ministerial? A mí me contaron que estaban José Manuel Villalobos para Justicia y Gabriel Daly para Economía y Finanzas.
La única persona por la que pedí permiso para mencionar fue Gabriel Daly. Él es un tipazo, ha trabajado conmigo en el Instituto Libertad y Democracia. Pero él iba para Canciller, no para Economía. Se ha paseado por el mundo conmigo, hemos estado en la Casa Blanca y el Congreso americano juntos. Es cercano a los Clinton y los Albright. He trabajado con Putin y Macron, y Gabriel tiene todos esos contactos. Era lo mejorcito que podía ofrecer el Perú.
— Con lo que ha sucedido, con el presidente Balcázar ofreciéndole la PCM y que haya terminado jurando otra persona, ¿este gobierno tiene credibilidad?
Yo creo que ha bajado. De otra manera, no tenía sentido de que yo haya aceptado ingresar. El presidente en el Perú tiene un 95% de desaprobación [en referencia a Boluarte]. Que cuando se puede lo que hace la cancillería es conseguirle 1 minuto 40 segundos para que el presidente Biden, cuando lo visita la presidenta Boluarte, le agarre la mano y fotografía. La legitimidad dependía si un presidente de Estados Unidos le agarraba la mano. Todo presidente ya no tiene raíces de legitimidad en el Perú. Mi idea era dárselas a este presidente a través de un Gabinete sólido y viajes internacionales para ver al primer ministro de Canadá en Ottawa y al presidente Trump [en Estados Unidos]. Entonces, que esto no sea manchado porque la ministra [Miralles], de repente, tiene relaciones de algún tipo con una persona que le quitaría credibilidad al gobierno peruano.
— Miralles ha dicho que los ministros que juraron eran los mismos que usted propuso en la mañana del martes. ¿Es realmente así?
Que yo haya propuesto, no, ninguno entró.
— A su juicio, ¿Miralles tiene la experiencia suficiente para liderar un Gabinete en el actual momento de crisis política?
Yo había pedido tres días para que mi gente investigue. Hay grupos empresariales privados que la ven muy bien […] Generalmente las impresiones eran mayormente buenas, pero yo quería aclarar sus vínculos y a quién servía. El presidente aceptó eso, pero ella iba a jurar definitivamente el martes de todos modos.
— Si usted fuera congresista, ¿le otorgaría el voto de confianza a este Gabinete Ministerial?
No, porque este Gabinete es el resultado de un secuestro, no, yo no le daría la confianza.
— ¿Cree que, bajo este contexto, Balcázar llegue a concluir su gobierno de transición el 28 de julio?
Yo espero que sí. La vida política es mejor que un programa de TikTok, suben y bajan las cosas. Espero que el presidente Balcázar salga con ideas que permitan justamente revertir la opinión, que va desde la izquierda hasta la derecha, de que está secuestrado, presionado. Tal y como están ahora, no creo que haya confianza sobre las elecciones, de repente cambia en los 45 que faltan [para ir a las urnas].
— ¿Cómo define al presidente Balcázar? ¿Es un Pedro Castillo 2.0?
No, es un hombre muy culto. Le cuento mi impresión de cuatro días. No creo [que sea una continuidad de Castillo] y por varias razones. La cultura del presidente Balcázar es enorme. En otras palabras, hemos pasado un día juntos, siete horas. Hemos hablado una hora sobre si el filósofo Wittgenstein era superior a Karl Popper o la influencia de Bertrand Russell. Y también me habló de lo que no le gustó de El Misterio del Capital, es un hombre muy culto, intuitivo y simpático. Tiene la capacidad de encontrarse con el presidente Trump, Macro o Xi Jinping y les cae muy bien.
— Usted ha señalado que el presidente Balcázar está “secuestrado”. ¿Por quiénes?
No creo que haya una especie de organización con capuchas negras. Estos son grupos sociales con vínculos de interés. Un documento chino que tengo, que es muy interesante, define a la clase dominante en el Perú como una clase social híbrida: marxistas que no creen en el sector privado y un sector privado acostumbrado a trabajar con “rojos” o “caviares”.
Entonces, hay un híbrido que se ha formado en el Perú, que se identifica con la idea de este parlamentarismo, que tiene 95% de desaprobación, que trata de salir ahora que hay elecciones por un lado y otro, pero que ya no es aceptado, están fichados por sus antecedentes, y que en el momento en que pueda haber algo que pueda afectar sus intereses, como somos nosotros, se ha unido y puede actuar en 24 horas y revertir una decisión presidencial.
— ¿Entonces, el presidente está secuestrado por las fuerzas del Congreso?
Por las fuerzas del Congreso, sus amigos y los directorios, es un menjunje de todo, donde usted encuentra a un Cerrón por acá, a un director de ministerio por allá, un viceministro y un congresista. Es un sector híbrido compuesto de varias cosas.
— ¿Y los Acuña también están en ese sector híbrido?
Obviamente, si llama César Acuña para felicitarme es porque está ahí adentro, si han quedado sus ministros es porque está ahí adentro. Y si se le quitó la visa a los Estados Unidos es por algo.
— ¿Cómo califica este episodio en su vida política? ¿Ha sido un papelón?
No creo. Si fuera un papelón, no me estarías entrevistando […] Estamos frente a lo que Husserl, un filósofo europeo, llamaría un momento de esclarecimiento. Es un punto de ruptura. Ha sido una buena cosa porque permite hacer un diagnóstico. Ahora sabemos que hay un presidente secuestrado. Y debemos retar a los candidatos a dirigirse a ese problema. Espero que en 45 días surjan ideas o posibilidades [de solución]. Al haber diagnosticado la crisis, estamos mejor que cuando estábamos ciegos.
— En la actualidad, se da un enfrentamiento abierto entre Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga, entre ellos se responsabilizan por crisis tras la salida de Jerí. ¿Cómo ve esta disputa por el voto de la derecha?
Todos los debates son saludables. Yo ya no tengo esperanzas en que este Gabinete pueda revertir la imagen que crece [contra el gobierno] por la propia forma en la que nació. Entonces, a los políticos les queda, eso incluye a Keiko Fujimori y a Rafael López Aliaga elevar el debate no para pelear, como están peleando ahora entre ellos, sino que ahora que no podemos depender del Gabinete para encontrar una manera de cambiar la estructura del Estado para que las elecciones no sean tan desastrosas, [les corresponde]. Hemos cambiado de presidente una vez cada año [desde 2016].
Einstein decía que cuando uno tiene un problema que curar con la fórmula 1 y no funciona va a una segunda, tercera, y así sucesivamente. Es una locura creer que en la octava sí va a funcionar. El punto de debate, es que Keiko y Rafael, los conozco a ambos, que digan qué van a cambiar en el Estado peruano para que esto que sucedido en los últimos 10 años no se repita. El presidente está secuestro, lo único que queda como esperanza al pueblo peruano es encontrar a un candidato que nos diga: qué va a cambiar para que la manera de tomar decisiones, que es tan mala, que tenemos que votar a un presidente cada año, no vuelva a suceder. Obviamente, hay un problema dentro. Tienen que decir cómo van a reparar la carcocha y acabar con los insultos.
— El actor cómico Carlos Álvarez se ubica tercero en algunas encuestas. El candidato aún no ha profundizado en sus propuestas, sobre todo en seguridad ciudadana. ¿Está preparado para ser presidente, a su juicio?
Lo conozco a Carlos, somos amigos, él me apoyó cuando yo me lancé a la Presidencia [en el 2021]. Le tengo mucho cariño. Él tiene que responder a la misma pregunta que le hemos dirigido a Keiko Fujimori y a Rafael López Aliaga ahora, ¿qué haría él? Según esas respuestas vamos a saber.
— En el 2021, usted postuló por Avanza País, ¿cómo evalúa la candidatura de José Williams Zapata?
Él era el número 1 en mi lista, lo apreció mucho. Es un gran militar, arriesgó su vida por el país y la toma de la embajada fue una operación sensacional, muy bien organizada. Es un buen hombre.
— ¿Le ve opciones?
No, no le veo opciones. Y lo voy a decir directamente, repito es un buen hombre y honrado. Yo he revisado el plan de gobierno [de 2021] con él y cuando he ido al Congreso para ver qué podemos hacer, yo no he visto que nada de lo acordado esté ahí, tal vez en el Congreso él tuvo obstáculos que yo desconozco. Le pueden preguntar sobre qué va a hacer él para cambiar las cosas y por qué no lo hizo cuando estuvo en el Parlamento.
— Si bien en el 2021 no fue elegido como presidente, si logró que Avanza País tenga una bancada. ¿Tiene alguna autocrítica por no haber podido liderar a este grupo de parlamentario?
Efectivamente, si usted está buscando un mea culpa, aquí lo tiene. Evidentemente, no supe cómo hacerla. Yo no tengo, es mi debilidad, educación escolar y universitaria en el Perú. Todo lo que he podido ganar y prosperar es en Europa […] Ergo, estoy huérfano de amigos de carpeta, de colegas de todos los días. Yo quise compensar eso delegando a gente que yo creía solvente para escoger a los candidatos. Hubo algunos buenos, otros regulares. Me engañaron en varias cosas. Nosotros íbamos a tener 40% de candidatos y vino el partido y dijo “lo siento, pero sus candidatos no entran”. Afirmaron que la computadora se malogró y entraron otros. En otras palabras, mea culpa, yo lo hice mal. Esto no quiere decir que no haya habido buenos candidatos, Adriana Tudela es de primera clase y el general [Williams] es honrado y un héroe. Yo ahí fracasé.




