En Universitario de Deportes de algo parecen estar convencidos tras los últimos antecedentes: no más principiantes ni proyectos modernos en el banco. La ‘U’ necesita un técnico de experiencia, con espalda para recibir críticas, paternalista con el vestuario y riguroso en la táctica. Un Jorge Fossati con mano de Gregorio Pérez, para que se entienda con algún antecedente cercano al club. Por eso, mientras los rumores arrimaban al Kily Gonzalez, la dirigencia crema se decidió por Héctor Cúper.
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Según conoció El Comercio, la ‘U’ pudo tener más de una reunión con Héctor Cúper. En estas charlas, entre propuestas y planes, se distingue la razón por la que el técnico argentino decidió aceptar el buzo crema: está entusiasmado y le interesa la cultura peruana a todo nivel. Eso fue clave en la negociación.
¿Qué le prometió la ‘U’ en principio? Tras el acuerdo de palabra, firmar un vínculo por un año y medio. Es decir, hasta finales del 2027. Además, heredar un plantel tricampeón que sostiene sus principios y valores a pesar de la amarga experiencia de tener a Javier Rabanal en el banco a inicios de año.
Cúper llega a la U en un momento bisagra. El cuadro crema, casi sin opciones de pelear por el Apertura, quiere cerrar una mitad de año de forma decorosa. Además, en paralelo le restan dos fechas en la fase de grupos de la Copa Libertadores donde deberá buscar el objetivo de avanzar se fase u obtener el boleto a la Copa Sudamericana.
Héctor Cúper no se presenta como un salvador. Al contrario, la ‘U’ lo eligió porque necesitaba un técnico de renombre que tome la posta y reconduzca al plantel tanto en Liga 1 como en la Libertadores. El objetivo para el club sigue siendo el tetracampeonato y cambiar de timón en esta época del año es una señal de que la meta se mantiene firme.

Héctor Cúper candidato a dirigir Universitario. (Agencias)
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Hay técnicos que construyen su carrera alrededor de los títulos. Héctor Cúper, en cambio, edificó la suya alrededor de una pregunta incómoda: cómo alguien capaz de llegar tantas veces a la puerta de la gloria terminó convirtiéndose en uno de los entrenadores más asociados a la palabra subcampeón en la historia moderna del fútbol.
Porque el estigma de Cúper no nació en Europa. Ni siquiera en la Champions League. Empezó mucho antes, en Argentina, casi al mismo tiempo que comenzó su carrera en los banquillos.
En 1994 asumió la dirección técnica de Club Atlético Huracán. Aquel equipo tenía nombres de peso como Hugo Morales y Walter Pelletti, y estuvo a apenas 90 minutos de romper una sequía histórica. El empate bastaba para salir campeón del Clausura. Pero enfrente apareció Club Atlético Independiente y el final fue brutal: 4-0 en Avellaneda. El Rojo levantó el título y Cúper inauguró, sin saberlo, una narrativa que lo acompañaría durante décadas.
Luego llegó su explosión internacional. Tras conquistar la Copa Conmebol con Club Atlético Lanús, dio el salto al fútbol español para dirigir al RCD Mallorca. Ahí empezó a construir una reputación distinta: la de un técnico capaz de competir contra gigantes con planteles menores.
En 1998 llevó al Mallorca a la final de la Copa del Rey. Del otro lado estaba el FC Barcelona. Resistió, compitió y cayó recién en la tanda de penales. Otro golpe. Otro segundo lugar.
Pero el verdadero milagro llegó un año después. El Mallorca alcanzó la final de la Recopa de Europa de 1999, algo impensado para un club de esa dimensión. Sin embargo, el rival era una Lazio repleta de estrellas: Pavel Nedved, Christian Vieri, Alessandro Nesta, Marcelo Salas, Sinisa Mihajlovic. El sueño terminó ahí. Y el tercer subtítulo quedó adherido a la carrera del argentino.
Sus campañas en Mallorca llamaron la atención del Valencia CF, que le entregó un proyecto ambicioso para la temporada 1999-2000. Ahí Cúper alcanzó la élite absoluta. Con un equipo liderado por Santiago Cañizares, Gaizka Mendieta, el Kily González, Mauricio Pellegrino y Claudio “Piojo” López, llevó al Valencia hasta la final de la Champions League. Del otro lado esperaba el Real Madrid. El resultado fue un duro 3-0.
Muchos técnicos habrían desaparecido después de un golpe así. Cúper regresó al año siguiente con un Valencia todavía más fuerte: Pablo Aimar, Roberto Ayala, Rubén Baraja y John Carew se sumaron a la base del equipo. Y volvió a hacer historia alcanzando otra final de Champions consecutiva. Pero otra vez el desenlace fue cruel. El Bayern Múnich lo derrotó en los penales. Segunda Champions perdida consecutiva. Quinto subtítulo.
La obsesión de Cúper con las finales parecía transformarse lentamente en una condena.
En 2001 llegó al Inter Milan, el primer gigante real de su carrera. El plantel imponía respeto: Ronaldo Nazário, Christian Vieri, Javier Zanetti, Álvaro Recoba, Clarence Seedorf, Francesco Toldo, Iván Córdoba. Y otra vez la historia pareció acomodarse para él. En la última fecha de la Serie A, un empate le alcanzaba para salir campeón. Pero la Lazio volvió a cruzarse en su camino y lo derrotó 4-2. El título terminó en manos de la Juventus FC. Ni siquiera pudo ser subcampeón: el Inter acabó tercero.
Sin embargo, la temporada siguiente sí le entregó otro segundo puesto en Italia, nuevamente detrás de la Juventus. Ya no era casualidad. El “casi” empezaba a convertirse en una marca registrada.
Los años posteriores lo llevaron por distintos destinos, aunque el patrón parecía repetirse. Con el Aris Thessaloniki FC perdió la final de la Copa de Grecia ante el Panathinaikos FC. Más tarde, en 2017, tuvo quizá una de sus últimas grandes oportunidades dirigiendo a la selección de Egipto en la Copa Africana de Naciones.
Egipto había ganado todas las finales continentales que había disputado hasta entonces. Parecía el escenario ideal para romper la maldición. Pero otra vez ocurrió lo mismo: Camerún remontó el partido y venció 2-1. El octavo subtítulo quedó sellado.
Paradójicamente, el legado de Héctor Cúper no puede reducirse a una colección de derrotas. Muy pocos entrenadores llevaron a clubes medianos a competir de igual a igual contra las potencias de Europa. Muy pocos alcanzaron dos finales consecutivas de Champions League con un Valencia que jamás volvió a acercarse a algo parecido. Muy pocos transformaron equipos limitados en estructuras temibles.
Pero el fútbol también vive de símbolos. Y el símbolo que persigue a Cúper es el de un entrenador brillante que siempre pareció quedarse a un paso del último escalón.
Hasta hoy, el argentino acumula apenas tres títulos oficiales como técnico: una Copa Conmebol y dos Supercopas de España. Nunca ganó una liga. Nunca conquistó una copa cuya final se disputara a partido único. Y quizá por eso su historia sigue fascinando tanto: porque Héctor Cúper representa una de las contradicciones más extrañas del fútbol moderno.
La de un técnico extraordinario que convivió toda su vida con la sensación permanente de haber rozado la gloria… sin terminar nunca de abrazarla.
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