jueves, enero 29

Martín Vizcarra está preso y así se mantendrá los próximos cinco meses por la decisión del juez Jorge Luis Chávez Tamariz, quien de esta manera cambió la suerte del expresidente que se salvó de la prisión preventiva en junio, cuando el juez Víctor Alcocer resolvió que siguiera su proceso en libertad.

La prisión preventiva es parte del Caso Lomas de Ilo-Hospital de Moquegua, en el que la acusación fiscal apunta a que, siendo gobernador de Moquegua (2011-2014), Vizcarra recibió S/2,3 millones en sobornos para direccionar las licitaciones a favor de consorcios que Obrainsa e ICCGSA integraban. Los propios directivos de las constructoras han detallado la entrega de las coimas a la entonces autoridad regional.

Esta vez, a diferencia de Alcocer en junio, el juez Chávez Tamariz consideró que hay graves y fundados elementos de convicción del delito de cohecho; es decir, está largamente fundamentado el soborno a Vizcarra. Esta afirmación deja abierta la posibilidad de una condena al exgobernador, por lo que tendría que afrontar 15 años de cárcel por el caso.

Ante la proximidad de la sentencia, el juez consideró imprescindible la presencia del acusado. En otras palabras, Vizcarra recibirá el fallo en el penal de Barbadillo.

Otro de los argumentos decisivos del juez fue la inexistencia de arraigo laboral y familiar. Los contratos y recibos por honorarios presentados por Vizcarra fueron considerados como fabricados por Chávez Tamariz, amén de que la empresa para la que trabaja es de su familia. Además, evidenció que la familia de Vizcarra reside en Moquegua, pese a que su abogado luego alegó la existencia de un menor hijo que vive con el expresidente, lo que no sería cierto.

Llama la atención que, siendo este caso de su período como gobernador, haya sido incorporado como primer vicepresidente de la fórmula encabezada por Pedro Pablo Kuczynski en el 2016.

Si bien Vizcarra aún mantiene procesos pendientes, verlo encarcelado es una señal de justicia. Aún debe responder por Los Intocables de la Corrupción, caso que apunta a sobornos durante su presidencia. Y un capítulo aparte merece el manejo de la pandemia, que en manos de Vizcarra tuvo los peores resultados del mundo, con el agravante de que todo apunta a que habría lucrado con la desgracia de miles de peruanos.

El cinismo de Vizcarra ha entrado en pausa, pero no sus malas artes. Seguro encontrará la forma de imponer una narrativa mentirosa para sacar provecho de su situación y no le faltarán aliados políticos y mediáticos, los mismos que encumbraron y defendieron a un corrupto que el 9 de noviembre del 2020 fue vacado por los serios indicios por los que ahora está con prisión preventiva. Hay esperanza de que en el Perú todavía pueda haber justicia.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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