Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
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La paralización del suministro de gas natural como consecuencia del siniestro ocurrido en el ducto de TGP el pasado 1 de marzo ha puesto en jaque al sector eléctrico como nunca antes en los últimos 20 años.
La paralización del suministro de gas natural como consecuencia del siniestro ocurrido en el ducto de TGP el pasado 1 de marzo ha puesto en jaque al sector eléctrico como nunca antes en los últimos 20 años.
Y es que, como bien señala César Butrón, presidente del COES, en todas las ocasiones que el ducto se detuvo anteriormente por accidente o mantenimiento “siempre quedó algo de gas para el sector eléctrico, pero esta vez no”.
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Así, ocurre que desde el día del accidente ni una sola molécula de gas ha arribado a las centrales termoeléctricas del nodo de Chilca, las cuales abastecen hasta el 40% de la energía eléctrica del país.
“La generación eléctrica a gas natural está totalmente detenida, con excepción de las termoeléctricas de Aguaytía (Pucallpa) y Malacas (Talara), que reciben gas de otras fuentes distintas a Camisea”, explica Butrón.
El especialista asegura, sin embargo, que no habrá racionamiento de energía en tanto la generación hídrica se mantenga incólume y el suministro de diésel, que empezó a ser quemado (procesado) desde el pasado 1 de marzo en sustitución del gas natural, no enfrente restricciones.
RESERVA A DIÉSEL
“Está demostrado que la reserva a diésel permite sobrevivir a una interrupción total de gas, por lo tanto, no se espera racionamiento de energía por los próximos 15 días”, asegura Butrón.
Producción de energía al 5 de marzo del 2026, según COES.
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En esa línea, detalla que las centrales de la reserva fría tienen asegurado 10 días de suministro de diésel, mientras que las del nodo energético del sur cuentan con 15 días de almacenaje y las centrales duales de Lima “ya han asegurado contratos con Repsol para el suministro [de diésel] a través de camiones cisterna”.
El único gran riesgo que enfrenta el sector eléctrico, advierte Butrón, es que las labores de reparación del gasoducto demoren más de 14 días y, al mismo tiempo, “se acabe el diésel en el Perú, ya sea por algún tema logístico o de costos”.
Esto es, debido a una disrupción en las importaciones de dicho combustible o a un mayor encarecimiento del mismo como consecuencia del recrudecimiento de la guerra en Medio Oriente.
“Ahora, la palabra que define el panorama es incertidumbre mientras TGP explica cuánto va a demorar en sus reparaciones”, indica el especialista.
Eduardo Ramos, director en Optima Energy Perú, es menos optimista. A su entender esta es la situación más complicada que atraviesa el sector eléctrico en los últimos veinte años porque “no solamente vamos a pagar por una energía más cara, sino porque es posible que no la tengamos”.
La amenaza del racionamiento eléctrico se encuentra, en su opinión, a la vuelta de la esquina.
Las centrales con generación a diésel se activaron el pasado 1 de marzo para sustituir la falta de gas natural. En la foto: Puerto Bravo, del grupo Credicorp.
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ESPADA DE DAMOCLES
Ramos explica que la crisis en Camisea origina dos grandes ‘dolores de cabeza’ para el sector eléctrico. El primero es el ‘dolor financiero’ que experimentan las empresas de generación eléctrica, particularmente, las que tienen una gran base de producción a gas.
Ello, debido al incremento vertiginoso del precio de la energía en el mercado spot como consecuencia del uso del diésel, combustible caro y contaminante, en el proceso de producción de electricidad.
Y es que, para atender los contratos de provisión de energía con sus clientes (mineras e industrias) muchas generadoras están realizando retiros (compras) en el mercado spot a precios exorbitantes de hasta US$270 o US$280 por MWh.
Esto, cuando sus contratos no pasan de US$45 o US$50 por MWh.
“La exposición al mercado spot con precios por las nubes es una bomba de liquidez”, anota Ramos.
Y a ello se agrega, advierte, la ‘espada de Damocles’ del racionamiento eléctrico para usuarios libres (industrias) y regulados (viviendas), dado el caso que “las reparaciones en Camisea demoren más de lo previsto o que, dentro de ese lapso, la logística del diésel se desborde”.
El COES asegura que no habrá problemas de hidrología en marzo.
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El experto asegura que este es un riesgo latente porque la ausencia de gas natural puede disparar el consumo de diésel por parte de empresas y personas naturales.
“No vamos a ver las costuras de este problema en una situación ordinaria, pero en una situación extraordinaria, en la cual el consumo de diésel se dispara, allí se caen todas las costuras”, anota.
Esto significa, precisa, que cualquier imprevisto como una línea eléctrica caída o una falla en una central hidroeléctrica, puede terminar en cortes de carga (apagones).
MEDIDAS DE PREVENCIÓN
Butrón indicó a este Diario que los operadores de las centrales a diésel ya han iniciado los procesos logísticos para reponer el diésel que están utilizando. Es más, refirió que Repsol ha informado “que va a hacer importaciones especiales para atender la emergencia”.
Asimismo, señaló que las proyecciones para la generación hidroeléctrica son positivas (hidrología normal a superior,) por lo que “no se esperan problemas de sequía, salvo que haya alguna contingencia como un alud (huayco)”, dijo.
Al 5 de marzo, el sistema eléctrico estaba siendo sostenido por tres tipos de energía: hídrica (71%), a diésel (17%) y renovable (12%).
Repsol estaría tomando previsiones para abastecer de diésel al mercado interno.
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